18 de octubre de 2016 01:29

Corrida como un Nobel del toreo para Padilla, Morante y Talavante

Cinco años después, en el mismo ojo y en la misma plaza, Padilla resucitó de nuevo.

Cinco años después, en el mismo ojo y en la misma plaza, Padilla resucitó de nuevo.

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Redacción Fiesta Brava

El epílogo de la Feria del Pilar de Zaragoza fue tan variado y emocionante como es el toreo mismo.

Para cerrar una de las temporadas más tristes y a la vez vibrantes que se recuerde en los últimos tiempos, la imagen de los tres toreros atravesando el coso de la Misericordia de la capital de Aragón, luego de un festejo de prolífico arte, torería, miedo y emoción desbordante no pudo ser mejor.

Juan José Padilla, Morante de la Puebla y Alejandro Talavante juntos atravesaron el albero entre una ovación atronadora.

Antes el festejo, que se celebró con un llenazo en los tendidos, tuvo de todo.

La corrida de Núñez del Cuvillo fue de variada presentación y juego, con un sexto toro magnífico y un sobrero de Garcigrande, manso y peligroso.

Nada más abrirse de capa para recibir a su primer astado a porta gayola Juan José Padilla recibió un golpe tremendo en el parche del ojo tuerto, que justamente en este mismo escenario, un toro le desgració, hace cinco años, con un brutal y escalofriante percance.

Padilla se desvaneció y no salió de la enfermería hasta el último toro al que le hizo una faena de vibración, emotiva, valiente y torera, rescatando la épica como argumento. El presidente desatendió una petición mayoritaria de dos orejas y con un trofeo en la mano el torero recibió, en dos vueltas al ruedo, el respeto firme y el estruendoso aplauso general.

Con el miedo de la tragedia rondando al ruedo Morante de la Puebla se hizo cargo del toro que envió a Padilla a la enfermería, dos series de excelentes muletazos fueron el epílogo. El segundo de su lote fue devuelto y el toro de Garcigrande fue manso sin opciones. Bronca sonora.

En su último toro el valor y el arte, que en Morante van de la mano, regalaron una faena sublime de lances a la verónica y muletazos pintureros de calidad y hondura superior. Oreja.

Fue Talavante tan improvisado y rotundo como en sus grandes tardes, de esta, su gran temporada. Cortó una oreja de cada toro con un libreto rico de capa y muleta que gustó y convenció a todos.
La salida a pie de los tres toreros juntos acompañó su torería y el colofón de una temporada tan triunfal como sangrienta que se llevó de este mundo a Rodolfo Rodríguez, ‘El Pana’, Renato Motta y a Víctor Barrio, los tres, en la gloria.

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