14 de June de 2010 00:00

En el centro de Quito hubo música y recuerdos de la primera carrera

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Byron Rodríguez V.

EL COMERCIO Don Renelly Sandoval Arcos, de 85 años, se asustó al ver tanta gente compitiendo en la Quito-Últimas 15K. “Verá -dijo, mientras se acomodaba su boina azul-, yo vi la primera carrera hace 50 años, pasaron cerca de la Plaza Grande, eran pocos y solo hombres”. Su pintoresca figura no pasó desapercibida. Vestía una chaqueta a cuadros, pantalón verde, una corbata beige de círculos en la que resaltaban dos prendedores: uno en forma de mariposa y otro, un diminuto corazón partido por una flecha. Sandoval ha dejado su habitual banca de la Plaza Grande, que a las 08:30 de ayer lucía casi vacía. Solo los infaltables fotógrafos esperaban a sus clientes. Renelly, erguido como buen ex militar, se acercó a la esquina de la Venezuela y Espejo. Le atrajo la música de la banda del Municipio que entonaba El chulla quiteño. Pasadas las 09:00 se espantó al ver a miles de atletas que copaban la calle Venezuela. “Hace 50 años las vías eran de piedra y adoquín; la ciudad era tan chiquita, por eso la competencia partía de la plaza de La Merced, cerca del antiguo diario EL COMERCIO”.Los atletas -continuó- iban por la Chile, Imbabura, 24 de Mayo, La Alameda, llegaban a los bordes de El Ejido para retornar a las oficinas de este Diario. Junto a don Renelly, ex soldado de la FAE, María Teresa Ribadeneira, estudiante de Administración de la U. Salesiana, exhibía un cartel que decía: “Defender tu vida no es un delito. ¡Vamos Jaime tú puedes!”. “Apoyamos a un familiar que pasa un tiempo difícil, pero él saldrá adelante, como en esta carrera, a la cual la veo como un símbolo de la vida, con sus caídas y levantadas, penas y alegrías”. La banda municipal alegraba con sus ritmos. Esta vez le tocó el turno a Ambato tierra de flores y a Renelly Sandoval le picaban los pies por bailar. “¡Qué linda música, así quién no va a correr con gusto!”, exclamó, y fijó su mirada en una gringa de pelo blanco que entregaba hojas bíblicas que anunciaban el fin del mundo. “El que se va a acabar es el Ecuador por los malos políticos”, dijo, y sonrió. Dos ancianos, vecinos de la banca de Sandoval, asintieron. Pasó una chica de ojos verdes. Había vencido la cuesta de la 5 de junio y se veía más relajada. “Mire a esa linda y fuerte jovencita, les gana a las más grandes”, comentó. La reconocimos. Era Eugenia Alexandra Calle, una guapa ejecutiva del Grupo Diners que también participó. En los templos contiguos, La Catedral, El Sagrario y La Compañía, las misas dominicales seguían. Cerca de las 10:00, decenas de feligreses oían con unción a los sacerdotes. Mientras tanto, los turistas de todos los confines -EE.UU., Canadá, Francia, España- captaban fotos a granel. Los cafés estaban vacíos. “Debe ser por la carrera, cuando acabe vendrán los clientes”, dijo María José Vargas, empleada de Lisolet, café net, de los portales del Palacio Arzobispal. En una vereda de La Compañía, un grupo de ancianos recibía monedas de los turistas. “Estás guapo con ese terno”, le dijo una anciana al ex soldado y este se ruborizó. “Son mis amigos, a veces yo los acompaño”. A las 11:00 pasaban los últimos atletas y el ex soldado se despidió. Fue a descansar en su cuarto de la 24 de Mayo, donde vive solo.

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