21 de February de 2014 15:15

La demanda de diesel se incrementa

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En nuestro medio, el uso del diésel tradicionalmente ha estado asociado a los vehículos pesados (camiones, buses, equipo caminero, maquinaria agrícola, etc.), a otros medios de transporte tales como barcos y locomotoras, y a las grandes maquinarias generadoras de energía eléctrica.

Esto se debe a que, por sus cualidades químicas, este combustible genera más torque, lo cual hace que un motor alimentado por diésel desarrolle mucha más fuerza que uno de gasolina de igual cilindrada, Desde el punto de vista energético, el diésel, también conocido como gasóleo, es un carburante más rendidor que la gasolina, pues su eficiencia térmica es superior y ello se traduce en una mayor autonomía de operación.

A ello se suma su precio considerablemente menor que el de la gasolina, que contribuye a reducir los costos operativos de todas las actividades en las que se lo utiliza.

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Pero no todo lo relacionado con el diésel ha sido positivo, pues entre sus desventajas se contaban la emisión de humo negro en grandes cantidades con los respectivos gases contaminantes, el ruido y las vibraciones excesivas, dificultad de encendido en frío, además de la escasa generación de potencia.

A cambio de la necesaria motorización que impulsa el desarrollo, durante muchos años los habitantes de las grandes ciudades aprendieron a tolerar las bocanadas de humo despedidas por los escapes de los vehículos y a ver como las nubes grises de polución se posaban sobre el paisaje urbano.

Esta realidad era el resultado de una suma de factores entre los que la mala calidad del combustible y la poco desarrollada tecnología de los motores de diésel desempeñaban un papel protagónico.

No obstante, la situación del diésel ha cambiado drásticamente en el transcurso de la última década, gracias a los desarrollos tecnológicos aplicados a la construcción de motores alimentados por gasóleo.

La incorporación de sistemas de gestión electrónica, como la inyección de combustible por conducto común (CRDi por sus siglas en inglés), así como la inclusión de turbocompresor y del dispositivo de enfriamiento conocido como intercooler, lograron compensar muchas de las deficiencias que los propulsores de diésel presentaban frente a los de gasolina.

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Un vehículo de diésel de fabricación reciente, equipado con los componentes antes mencionados, es más silencioso, emite menos ruidos y es mucho más confortable que otro del mismo tipo que se haya fabricado a finales de los años noventa o a inicios del siglo XXI.

Asimismo, la potencia de un motor de diésel de nueva generación ya es equiparable a la de un propulsor de gasolina de similares características. Esto quiere decir que es capaz de desarrollar velocidades considerablemente mayores que un motor de diésel antiguo.

La emanación de humo y gases contaminantes es otro campo en el que los ingenieros de las marcas fabricantes de motores, así como de las firmas proveedoras de los sistemas electrónicos que los equipan, han trabajado mucho en los últimos años.

Los modelos actuales impulsados por diésel están equipados con catalizadores, que son elementos encargados de controlar y reducir la calidad y cantidad de los gases que se expulsan a la atmósfera, así como con filtros de partículas que evitan la emisión de humo negro.

Cabe señalar que el mejoramiento de la calidad de los combustibles que se comercializan en el país, incluido el diésel, posibilitó la importación de modelos de mejor tecnología que, en consecuencia, son más eficientes mecánicamente.

Si bien aún estamos lejos de las normativas vigentes en Europa y en Estados Unidos, toda mejora que beneficie el rendimiento y la reducción de la contaminación es una buena noticia para los usuarios y para el medioambiente.

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