3 de abril de 2015 15:30

Jama y sus playas son un remanso de paz

Alojamientos de variadas condiciones y precios se pueden encontrar en toda  la población.

Alojamientos de variadas condiciones y precios se pueden encontrar en toda la población.

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Juan Carlos Narváez
Telmo Arévalo Cuesta /Redactor invitado
Quito

Estoy convencido de que el paraíso terrenal nunca se extinguió, sino que se repartió a lo ancho y largo de este mundo para el deleite de las anteriores, actuales y futuras generaciones.

Al parecer nuestro Ecuador salió privilegiado, ya que muchos de esos pedazos cayeron en nuestra geografía, y depende de nosotros, que busquemos esos pequeños paraísos y los disfrutemos.

Jama, en la provincia de Manabí, es un retazo de paraíso, que está ahí, esperando a que cada uno de nosotros vaya a conocerlo.
La población de Jama y sus playas aledañas forman parte del circuito turístico Ruta del Sol, que recorre de sur a norte la Costa ecuatoriana.

Para llegar a esa población desde Quito, debemos tomar la Panamericana Sur hasta Alóag, y desde ahí desviarnos a la carretera E25 que llega hasta Santo Domingo de los Tsáchilas. Una vez en esa ciudad, seguiremos hacia la Costa por la vía E382, que conduce a la provincia de Manabí, y que, al tener cuatro carriles, permite un flujo de tránsito seguro en ambos sentidos.

Kilómetros y kilómetros de playas tranquilas y  solitarias se encuentran en las afueras de Jama.

Kilómetros y kilómetros de playas tranquilas y solitarias se encuentran en las afueras de Jama.

Cruzaremos por El Carmen y, desde el extremo occidental de esa población, continuaremos por la misma carretera, hacia la derecha, para trasladarnos hasta la población de Pedernales.
Quienes viven en el norte de Quito pueden tomar la carretera E28 que va hacia la Costa por Calacalí y Nanegalito, y desde La Concordia seguir por la flamante vía a Puerto Nuevo, de apenas 30 kilómetros, que conecta con la E382. Con ello evitan el paso por Santo Domingo.

Ya en Pedernales, podemos aprovechar para hacer una parada de descanso y disfrutar de lo que esa población nos ofrece, o continuar 50 kilómetros hacia el sur por la Troncal del Pacífico, o E15, para llegar hasta Jama.

Jama como tal, no tiene acceso a la playa directamente. Es una típica población costera, con un clima muy agradable y fresco cuando sopla el viento del Pacífico. Encontraremos todos los servicios básicos necesarios, entre los que se destacan varios hoteles y restaurantes al servicio del turista. Pero el verdadero atractivo se encuentra pocos minutos más adelante, cuando se llega a sus extensas, bellas y tranquilas playas.

La caída del sol dibuja hermosos paisajes sobre  el mar, dignos de una pintura o de una buena foto.

La caída del sol dibuja hermosos paisajes sobre el mar, dignos de una pintura o de una buena foto.

Conduciendo nuestro vehículo muy lentamente por una carretera secundaria, lastrada, pero en buen estado, podemos disfrutar de los maravillosos paisajes circundantes. Amplias piscinas camaroneras reflejan el azul del cielo, y son el hábitat de varias especies de aves, que con sus hermosos plumajes hacen las delicias de los turistas y sus cámaras de fotos.

Un letrero nos indica que estamos llegando al balneario La División y, desde ese punto, varias alternativas se nos presentan como para que escojamos la playa o el sitio que más nos apetezca.

Hay balnearios con casas, bungalows y cabañas que llegan hasta el mismo mar. Otras alternativas nos ofrecen extensas playas solitarias, muy amplias en verdad, donde nos sentiremos dueños de tan hermosos lugares durante el tiempo que dure nuestra estancia.

El pueblo de Jama es pequeño. Su clima es cálido y fresco gracias a la brisa proveniente del océano.

El pueblo de Jama es pequeño. Su clima es cálido y fresco gracias a la brisa proveniente del océano.

El mágico olor del mar, el espectacular sonido de las olas y el viento, los surrealistas colores que toman tanto el cielo como el mar cuando los últimos rayos del sol los encienden como el fuego, y la paz que tan singulares parajes nos obsequian, hacen que ese pedazo de paraíso tropical nos tiente a quedarnos por mucho tiempo y nos olvidemos de la rutina diaria.

Hostales y hoteles de diversas calidades permitirán el descanso nocturno, arrullados por el placentero sonido del mar. Y para saciar el apetito, una variada y extensa oferta de platillos típicos, a precios muy asequibles, serán los encargados de satisfacernos plenamente.

Caminar a lo largo de la playa, tomados de la mano de su pareja, es un disfrute que los solteros y casados nunca podrán olvidar.
Conviene llevar gorra o sombrero, gafas de sol, protector solar y repelente de insectos, para evitar que el paseo se vea empañado.

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