La choza del Museo de la Sal conserva una parte de las edificaciones tradicionales del Chota. Foto: Francisco Espinoza para EL COMERCIO

La choza del Museo de la Sal conserva una parte de las edificaciones tradicionales del Chota. Fotos: Francisco Espinoza para EL COMERCIO

Salinas muestra las chozas con la técnica que llegó desde África

José Luis Rosales. Redactor
(F-Contenido Intercultural)

Las paredes de bahareque y techos de paja de caña de azúcar, con las que construían las chozas los antiguos pobladores del valle del Chota, sobresalen en el Museo de la Sal, ubicado en la parroquia de Salinas, cantón Ibarra.

Los muros construidos con maderos de chahualqueros y juncos, que se entrecruzan formando rectángulos, están fundidos con una mezcla de tierra, agua y paja picada.

A este amasijo se le denomina chacoto, explica Anderson Maldonado, administrador de la organización comunitaria de gestión turística, social y cultural Bombódromo Palenque, de Salinas.

Esta tecnología se heredó de los primeros habitantes afros de esta localidad. El mostrar un capítulo de su pasado, precisamente, fue uno de los objetivos de estas habitaciones.

El diseño de las viviendas habría sido traído desde África, por los primeros pobladores del Chota.

El diseño de las viviendas habría sido traído desde África, por los primeros pobladores del Chota.

En las viviendas de esta localidad afroecuatoriana, que toma el nombre de las antiguas minas de sal, también se acostumbra a colocar un zócalo de piedra de río, al pie de la edificación tradicional.

La protección, de hasta un metro de altura, es conocida como estribo y sirve para resguardar los muros del daño que puede provocar el salitre de alta concentración que existe en la zona.

Ese es el relato que uno de los cinco guías nativos narra a los visitantes que arriban en el tren a esta localidad y que moran con curiosidad las dos chozas que hay en el museo.

También, destaca la capacidad térmica que poseen las rústicas viviendas. Es decir, cuando afuera hace bastante calor en el interior se conserva un ambiente fresco o viceversa. Es decir, cuando en el exterior hace frío, durante la noche, en el interior persiste un agradable calor.

El traspatio es un área social en donde se reunía la familia y amigos. Ahí se reproducían los saberes.

El traspatio es un área social en donde se reunía la familia y amigos. Ahí se reproducían los saberes.

El diseño de las construcciones del valle del Chota tiene una similitud con las de África, explica el investigador afrochoteño Iván Pabón.

Sin embargo, resalta que los pobladores del Chota utilizaban algunos elementos de la zona como materiales de construcción. Uno de ellos las hojas de la caña de azúcar, que se cultiva en este valle caluroso de la Sierra norte.

En el libro ‘Identidad Afro: procesos de construcción en las comunidades de la cuenca Chota-Mira’, Pabón recogió el testimonio de algunos vecinos como Juan Cribán, de la comunidad de Caldera, cantón Bolívar, en Carchi.

El campesino explicó que en la construcción de los inmuebles se colocaban como pilares maderos gruesos, que generalmente eran de la variedad espino, con horqueta, que a manera de plintos se enterraba a 80 centímetros.

Las casas antiguas tienen una cocina y un cuarto grande. En este último está la sala y el dormitorio.

Las casas antiguas tienen una cocina y un cuarto grande. En este último está la sala y el dormitorio.

Luego instalaban vigas de sauce, de manera transversal el tumbado. Para el techado se empleaba maderos de chagualquero, palo bobo o cañabrava. Su diseño era una especie de una V invertida.

Estaba cubierta que incluía la paja de la caña de azúcar, en la parte exterior, se entrelazaba para que no pase el agua. También se ataba para que no se vuele con el viento.