La teja, los canales de zinc, los pilares y umbrales de madera y los pisos de baldosa artesanal le dan un toque especial al inmueble patrimonial. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

La teja, los canales de zinc, los pilares y umbrales de madera y los pisos de baldosa artesanal le dan un toque especial al inmueble patrimonial. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

Casa Astudillo luce impecable en Cuenca

Manuel Quizhpe. Redactor 
(F-Contenido Intercultural)

La edificación es de dos plantas y fue inscrita en 1933, aunque se estima que tiene más de 150 años de construcción.

Es una de las 2 000 viviendas patrimoniales que están en el Centro Histórico de la capital azuaya. Ese registro lo maneja el departamento de Áreas Históricas y Patrimoniales del Municipio de Cuenca.

El inmueble, conocido como Casa Astudillo, luce resplandeciente y está lleno de historias. Durante un año permaneció en restauración, cuyas características se mantuvieron intactas. Se trabajó con los mismos materiales: madera, abobe, teja y ladrillo.

Según Geovanny Astudillo, hace 10 años adquirió la casa y los antiguos dueños le contaron que a esta vivienda “llegaba el expresidente de la República José María Velasco Ibarra”. Se trata de una edificación que tiene tres patios internos.

El horno es una reliquia de la casa.

El horno es una reliquia de la casa. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

Existe una suerte de establo, al fondo del lugar, donde se supone colocaban a los caballos después de largos viajes. En la parte intermedia hay tres pequeñas piezas, que servían para el descanso de los jinetes. Cada espacio tiene su detalle.

En el tercer patio, donde existía una huerta, sobresale un horno antiguo de adobe y ladrillo. Allí se restauró el techo con latones y tiras, puesto que se destruyó el carrizo por las goteras existentes, debido a que se rompieron las tejas.

Astudillo contó que se consiguieron tejas de la misma época y así se mantuvo el tono original. Además, se hicieron adobes con los mismos espesores para levantar una pared que se deterioró por las lluvias.

En algunos tramos del piso se trabajó con piedras diminutas para conservar el estilo de la casa. “Fue bastante demorado”, contó el propietario. La parte baja del inmueble, en su mayoría, tiene piso de ladrillo y baldosa artesanal.

La parte frontal del inmueble no registró ningún trabajo adicional aparte de la pintura.

La parte frontal del inmueble no registró ningún trabajo adicional aparte de la pintura. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

Las vigas de madera que sostienen la estructura del segundo piso están sobre piedras trabajadas de manera artesanal. De esa manera se evita que se deterioren en época de lluvias o cuando haya humedad. Pese a ello, se tuvieron que cambiar algunas vigas dañadas.

Astudillo explicó que las paredes de adobe del interior son de 50 y 60 centímetros de espesor; mientras la pared frontal tiene 98 cm. “Es una construcción mixta: existe adobe y ladrillo panelado”. La madera es de eucalipto y los umbrales, de madera de capulí.

Hay una terraza construida con piso de ladrillo de obra que están encima de las vigas de madera. Pese al paso de los años, están en buen estado. Las tablas y tablones con colores envejecidos, en las gradas, también le dan un toque especial a la vivienda.

Las puertas y ventanas de madera son de eucalipto. Se cambió una puerta porque ya no se pudo restaurar. El dueño del inmueble aseguró que “la casa se conserva en un 98%”.
El edificio está ubicado junto a la Casa del Santo Hermano Miguel. Es un inmueble colonial que se construyó desde finales del siglo XVIII. Tiene dos pisos y tres patios internos. En 1985 fue visitada por el santo Juan Pablo II.

La parte frontal de la Casa Astudillo solamente se pintó, con los colores originales. Los canales de zinc y los canecillos de madera son de color café; el tumbado es blanco, las paredes están combinadas entre gris, pastel y terracota. Luce reluciente, llama la atención de turistas nacionales y extranjeros.

La restauración del inmueble patrimonial, ubicado en la calle Bolívar, tuvo el asesoramiento arquitectónico de Claudio Ullauri. No hubo apuro en su ejecución, por eso trabajaron entre dos y tres obreros durante un año.