23 de octubre de 2015 00:00

Sabiduría campesina

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Héctor García Rivera

Era un día sábado, soleado de un caluroso invierno, un amigo invitó a conocer su pequeña hacienda arrocera, el celeste cielo y el verdor del arrozal, daban colorido y armonía al paisaje natural. Después de una agotadora caminata, acompañado por mi amigo y el agrónomo, almorzamos y después de una reparadora siesta en una fresca hamaca, el tiempo transcurrió como un cerrar y abrir de un ojo. Mi amigo sugirió tomarnos unas frías (cerveza) y quedarnos a ver el maravilloso ocaso del sol.

Bueno, mientras el sol se ocultaba en lontananza, sus rayos solares se reflejaban, convirtieron el verde arrozal en un maravilloso color dorado, de repente se convirtió en una blanca sabana que lo cubría, eran miles de maripositas 'La Novia', una plaga que podían acabar con el cultivo, si no se fumigaba.

El agrónomo solicitó al propietario 50 000. Sucres, para mochilas y fungicida para eliminar la plaga, pero un viejo campesino ebrio lo interrumpió; ingeniero no sea pendejo,¿va hacer gastar tanta plata al patrón?, yo, con 50 sucres soluciono el problema, compro 2 ó 3 llantas usadas de camión más un litro de gasolina y prendemos una candeladiza y cuando se ´apague´ el sol, la plaga de la novia buscara la luz de la llamaradiza, Dicho y hecho, el sol se ocultó y en la llamas de la hoguera comenzaron a ver chispas y chirriar, miles de maripositas blancas se suicidaban, el arrozal nuevamente comenzó verse verde. Esta vez la experiencia de un viejo campesino, se impuso al teórico ingeniero agrónomo.

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