9 de marzo de 2017 00:00

¿Quién ganará?

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Guillermo Dueñas Iturralde

Ha sido decepcionante ver y oír las injurias, las acusaciones que se han lanzado los binomios finalistas de las elecciones presidenciales. Seguramente creen que el desprestigiar al adversario les abrirá la puerta del triunfo en la segunda vuelta. Pero, la verdad es otra. Creo que todos los votantes exigimos conocer en forma cierta el plan de Gobierno de cada binomio. Plan mediante el cual se aseguraría el futuro del país. Plan cuya credibilidad va a depender de la autoridad moral que el binomio posea en el electorado, ganada la misma durante su vida en los servicios públicos o privados prestados al país, a la sociedad en general, y que además, de un análisis rápido del plan se desprenda su ejecución. Esto es, debe basarse en hechos reales y en metas alcanzables. El plan debe contener soluciones prácticas y urgentes para hacer frente al endeudamientos interno y externo del país, y como terminar las obras ya iniciadas. El plan debe tener las tareas a cumplir para asegurar la alimentación, la educación y el empleo de los 300 mil ecuatorianos que incrementan el número de habitantes cada año, además de los 16 millones que ya existimos. El plan debe contener las tareas a cumplir para asegurar un norte próspero incrementando la producción y exportación de nuestros productos, no sólo la materia prima, sino ya terminados, pues de ellos depende nuestro futuro, producen las divisas, los puestos de trabajo y abren las oportunidades y el mercado internacional. Se debe exigir la reciprocidad de los países con los cuales se hacen negocios. El plan debe contener las tareas a cumplir para asegurar que nuestra educación sea completa. Esto es, a más de dotar el conocimiento científico debe inculcar valores éticos, morales y cívicos.

Se debe inculcar en escuelas, colegios y universidades el comportamiento ético del estudiante en forma ejemplar, para producir profesionales que marchen por el camino correcto creando confianza en la sociedad. La educación debe inculcar el cumplimiento de valores morales y cívicos que incrementarían nuestro auto estima, la defensa de nuestros derechos y el respeto de los ajenos, alentándonos a cumplir a cabalidad con nuestras obligaciones en todos los campos, aumentando nuestra capacidad para crear nuevos productos y que estos sean más competitivos.

Lógicamente que lo expresado demanda una verdadera revolución dentro de la formación de los profesores y de los medios disponibles para la enseñanza, pero, nada es imposible.
Resumiendo diría que los binomios finalistas deberían demostrar con hechos su entrega total al servicio del país.  

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