5 de April de 2013 00:01

Qué tiempos aquellos

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Con nostalgia recuerdo aquellos tiempos cuando almorzábamos en familia, volábamos cometas, íbamos de excursión por el bosque sin temor. Fuimos niños relajados. El  tiempo nos alcanzaba para los deberes, merendar   y hasta para ver el Chavo del 8. En  Navidad, Semana Santa y, no se diga en las vacaciones “largas” visitábamos  familiares, ingresábamos a algún campamento hasta que, cuando agonizaba el verano, queríamos regresar a clases. Qué distintos son los tiempos ahora: pequeños cumpliendo largos horarios en sus colegios, con terror de salir a la calle por la delincuencia,  inseguros incluso  dentro de sus casas. Chicos que ya no tienen el descanso necesario ni en fechas religiosas, que ya no ansían regresar a clases. Guiados por  profesores desmotivados, agotados con años lectivos alargados, exámenes, lecciones,  trabajos en grupo, notas y más notas. Criaturas con cargas demasiado pesadas para sus  espaldas;  con problemas de salud propios de adultos estresados, irritados porque ni siquiera alcanzan a reponerse con las necesarias horas de sueño. Todo  enmarcado en  un sistema educativo que se da de bruces contra principios  pedagógicos, autoridades que desconocen o han olvidado lo delicada que es la labor docente responsable que involucra  un desgaste  físico, intelectual  y emocional; que creen que añadiendo días al calendario escolar, trastocando los asuetos, aumentando horarios y evaluaciones van a lograr mejoras. ¿Cuándo abrirán los ojos y entenderán el daño que  están causando a las familias y a la sociedad en general?


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