5 de diciembre de 2017 00:00

¿Son profesores los violadores?

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Cristóbal Flores Cisneros

Entre los graves problemas que afectan a la naturaleza ética – cultural y al rigor científico y técnico de la educación, ahora hay que sumar los impactos de la tecnología moderna y de los fenómenos sociales que en forma implacable imponen los procesos evolutivos del mundo. Para no pecar de crítico sin fundamentos frente a lo que se dice por los medios de comunicación y las redes sociales, me permito aclarar que los violadores de niños no pueden ser “Maestros”, -así con mayúsculas por las implicaciones de su tarea en el destino social de las nuevas generaciones y del país- porque los Maestros de carrera fuimos formados con base de la moral y la razón, la moral que nos dio la categoría de damas y caballeros; y la razón que nos enseñó que educación, más allá de la simple trasmisión memorística de conceptos, fórmulas, reglas, datos, fechas y teorías para los exámenes de papel, es la formación integral de la personalidad y el desarrollo intencional de las facultades de sentir, pensar y actuar. Con un perfil de estas condiciones, los violadores de niños en los centros escolares no pueden ser maestros porque los pocos profesionales de la educación graduados en los gloriosos Normales Rurales, Colegios Normales e Institutos Normales Superiores son pocos los que quedan. El Magisterio se ha llenado de “aficionados” que al no encontrar trabajo en sus profesiones de origen, se hicieron “aunque sea profesores, directores o rectores de los centros escolares o ministros y directores de los organismos de dirección y control de la educación nacional, realidad que a nadie le importa y son las verdaderas causas de la pobre educación que tenemos. En el país no hay un programa sostenido de formación de docentes para los diferentes niveles del sistema, a lo que debemos sumar el débil soporte ético – cultural de la familia, los impactos de los medios de comunicación que con imágenes a todo color difunden prácticas, usos, costumbres, casos y hechos de inseguridad, violencia, femicidios, drogadicción, prostitución, sexualidad, corrupción hasta en las más altas esferas de los estados, desempleo, pobreza, injusticia, desigualdad, descomposición social, tiranía política y tantos otros que con inusitada virtualidad y velocidad vienen de todo el mundo, como regalo diario para los niños y los jóvenes, víctimas ingenuas de una realidad que nadie controla. 

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