29 de May de 2011 00:10

María Elena Ortiz de la Torre

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Periódicamente se deteriora el empedrado de la estrecha y relegada vía de menos de 5 kilómetros que une a Cumbayá con San Pedro del Valle de Nayón ante la mirada indiferente de las autoridades.

Hace meses, un vecino desesperado sacó de su bolsillo el dinero necesario para el arreglo de dos de las zanjas que se formaron y que casi la hacían intransitable. Hace más de un trimestre sufrimos nuevamente por la misma causa debido al tiempo y las aguas. Algunos lugareños sugirieron una minga, pero muchos se negaron, pues desde hace más de dos años dicha vía está abierta al público (antes era de uso exclusivo de la EEQ y de pocos parroquianos con permiso).

¿Por qué hacer minga si  circulan cientos de carros particulares?, argumentaron los vecinos.

Una semana atrás alguien hizo dos rellenos con restos de ladrillos y hace unos días se hizo lo mismo con algunos de los profundos cráteres, pero con tierra. Ahora han sido sustituidos los huecos por montículos polvorientos que también hay que evitar o sobrepasar con la cautela debida.

Resta el remiendo de casi tres docenas de baches, ¿quién más improvisará este  arreglo que debería ser realizado por Obras Públicas?

Mientras pasa el tiempo, me resigno y  digo: “Peor es nada” y agradezco a quienes con su buena voluntad han puesto manos a la obra y han aliviado en algo este dolor de cabeza: trasladarse por la ruta en mención a diario.


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