4 de September de 2014 00:00

La letra con sangre entra

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Héctor García Rivera

Los métodos de pedagogía (educar y enseñar), en escuelas y colegios han evolucionado. Una frase muy común y tenebrosa de antaño, que aún se recuerda: “La letra con sangre entra”.
Bueno, las escuelas eran sitio donde se maltrataba con violencia a menores de edad que no cumplían con sus deberes y repetir la lección de memoria ante el profesor, que en sus manos blandía un látigo, bejuco o de cuero de vaca, la palmeta para golpearles sobre los nudillos de la mano muy doloroso y varios latigazos o palmetazos acompañados de gritos ofensivos que causaban pánico al no poder repetir la lección, por lo general lo que sufrían este vejamen eran los niños de familias de escasos recursos. Bueno, también lo encerraban en un cuarto oscuro con calaveras de humanos obtenidos de un viejo cementerio. El niño de tanto llorar, deshidratado era sacado exhausto y nervios destrozados.
Recuerdo a un cura inquisidor, que le gritaba ‘hijo de satanás’ por ser ilegitimo, lo tomaba de la orejita y lo reventaba sobre el pizarrón, era un niñito entre 8 y 9 años, temblando de pánico no podía balbucir palabras (mudo), y era el hazmerreír.
Por suerte, este tipo de vejámenes a menores en escuelas están prohibidos, de otra manera dejarían secuela de psicosis que acarrean serias consecuencias, dejar de estudiar.

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