20 de octubre de 2015 00:00

La culpa no es mía

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Miguel Ángel Puente A.

Los hermanos Castro se han mantenido en el poder en Cuba desde 1959 y el proceso revolucionario ha sufrido diversas mutaciones, hasta el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos.

El Gobierno a toda costa ha pretendido impregnar en propios y ajenos una verdad: la culpa de todo lo malo ha sido del embargo norteamericano.

Con ese ejemplo, la revolución bolivariana destruyó un próspero país y su presidente Nicolás Maduro ha sido categórico en afirmar que la hiperinflación y el desabastecimiento de productos de primera necesidad son culpa de la “guerra nacional e internacional” que provocan los opositores y los empresarios especuladores, o sea la “burguesía parasitaria”.

Argentina ha tenido que enfrentar grandes escándalos de corrupción, la devaluación del peso, el alto costo de la vida. Para su Gobierno, la culpa es de los bancos privados, de los acreedores de deuda externa, de los medios de comunicación e incluso de los españoles. Por eso, supongo, la Presidenta ordenó que se retirara de la Casa Rosada la estatua de Cristóbal Colón que otrora existía.

Brasil, la séptima economía del mundo, ahora enfrenta una devaluación de su moneda del 55% en los últimos 12 meses, grandes escándalos de corrupción y una aprobación del 7% a la gestión de Dilma Rousseff.

Siguiendo la receta, obviamente en Brasil la culpa tampoco es de Dilma; sino de los golpistas. El mismo Lula da Silva lo ha afirmado: “La crisis nació en el corazón de Estados Unidos”.

Los problemas económicos en Ecuador tienen su origen en la caída de los precios del petróleo; pero hay países que dependen aún más que nosotros del crudo y están mejor. Entonces, se ha dicho que la culpa es del dólar; pero Estados Unidos, Panamá y El Salvador, que también tienen esta “terrible moneda” crecerán, a diferencia de nuestra economía, que decrecerá. Talvez, entonces, la culpa sea del golpe blando, de la prensa corrupta o del 80% de las empresas familiares que quieren mantener sus privilegios. Hay tantos culpables de esta crisis, que seguro el Presidente dirá “la culpa no es mía”.  

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