22 de marzo de 2018 00:00

Los colegios profesionales

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José M. Jalil Haas

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En la época del correísmo se procedió a desmantelar los colegios profesionales. Con un criterio absurdo y sin posibilidad potenciar a los profesionales ecuatorianos, como si de un resentimiento y odio se tratara.

Se eliminó la obligatoriedad de afiliarse a los colegios de cada rama profesional, con lo que también se eliminó la obligatoriedad de que las industrias y empresas exigieran la licencia profesional como requisito para contratar a un profesional, y por lo tanto se condenó a esas organizaciones a morir socialmente hablando. Considero que era indispensable realizar reformas radicales a los organismos profesionales. Lamentablemente se habían convertido en clubes que se preocupaban de atraer a los agremiados con actividades que de profesionales no tenían nada: organizaban cooperativas de vivienda (lo que no estaba mal), organizaban fiestas de gala por los aniversarios de las profesiones, y eventualmente organizaban pic nics, parrilladas, etc.

Todo con el fin de ver si animaban a los profesionales a agremiarse, a mantenerse agremiados. Lo que no hicieron los Colegios Profesionales nunca, fue establecer obligaciones de superación y actualización profesional, para poder renovar sus licencias profesionales cada año, lo que habría derivado en la excelencia y en el prestigio de la clase profesional. De un presidente racional es eso lo que se hubiera esperado, obligar a los colegios profesionales a establecer mecanismos que permitieran que los profesionales se superen, se actualicen, que mejoren sus conocimientos. No se podía esperar que un profesional (¿?) que había palpado las realidades de gremios profesionales de otras latitudes, donde con base en la excelencia de sus socios y agremiados son una verdadera garantía de progreso, hubiera desmantelado los gremios para permitir el ingreso de profesionales de otros países, algunos de ellos con títulos medios, para que vengan a competir con nuestros profesionales.

Los colegios de profesionales tienen ahora la oportunidad de reivindicarse, de corregir errores pasados, de poner, por ejemplo, entre las condiciones de renovación de las licencias, la aprobación de un número mínimo de cursos de actualización, la publicación de un mínimo de estudios o análisis, con requisitos establecidos, que permita garantizar a la industria, a la sociedad, que los miembros de los colegios profesionales son merecedores de la confianza del estado, de la organizaciones sociales. Se debe volver a exigir a las empresas que contraten profesionales ecuatorianos, en porcentajes que signifiquen la existencia de mercados laborales mínimos, y que les exijan que estén afiliados a los gremios correspondientes, y, que cada año, presenten la renovación de sus licencias profesionales, en las nuevas condiciones de actualización y superación profesional.

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