8 de February de 2012 00:02

Sobre “Casa”, no organismo” editorial de Gonzalo Ruiz Álvarez

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Quito, 4 de febrero de 2012

Señores

DIARIO EL COMERCIO

Presente.-

Cada tanto, la Casa de la Cultura Ecuatoriana CCE encuentra el favor de algún comunicador que, siempre oportuno, sale al paso de cualquier mirada que roce a la CCE. En este caso, el turno es de Gonzalo Ruiz Álvarez que escribe el editorial “Casa”, no organismo” el 3 de febrero 2012, sobre el cual me permito algunas observaciones.

Gonzalo al defender paladinamente a la intocable CCE inicia su artículo con tono escéptico por lo que llama un “sui generis concepto de la organización burocrática de la cultura oficial y oficiosa”, luego minimiza y acusa al Sistema Nacional de Cultura de agente invasor de un pensamiento esquemático que se impone. Para aclararnos el contexto nos hace saber el concepto de cultura (de la UNESCO) que al final contiene una “trama donde se entreteje la madeja (…) para constituir un variopinto mosaico de fecunda textura y mutante condición” (sic).

Hasta aquí me resultó difícil de entender la posición de Gonzalo; parece ser que no le interesa que el Estado participe en el desarrollo cultural. Pero sabemos que su interés es que no se toque a la CCE. Por esto, partamos de una convención: digamos que la cultura es el conjunto de pensamientos, valores, creencias y etc., según lo afirma la UNESCO. Se trataría un objeto intangible. La Casa de la Cultura es una institución pública que debe cumplir con sus objetivos, sin menoscabo de estándares administrativos y del cumplimiento legal. Se trataría de una institución, vista como un objeto tangible. La CCE no es igual a la CULTURA. La dinámica de la CULTURA sobrepasa a cualquier institución. Cultura es el continente y CCE el contenido.

Gonzalo parece no creer en el Sistema Nacional de Cultura porque tal vez desconoce sus alcances. Los puede consultar en los Arts. 377 y 378 de la Constitución. No digo que lo que se ha presentado sea lo óptimo, sin embargo es una necedad negar que el sector cultural requiera de organización a fin de garantizar el cumplimiento de los objetivos nacionales en la materia. Negar que la institucionalidad cultural de un país necesite coordinación, es retroceder hasta antes de la aparición del primer concepto de gestión cultural y de esta cátedra a nivel planetario. No está aquí la calentura.

Gonzalo dice que no ve a Carrión “en las urdiembres organizativas”. Pero, ¿a quién podía encargar la construcción de su casa? Yo a veces sí veo a Carrión organizando, creando planes, formando departamentos, armando bibliotecas, poniendo directores y aprobando presupuestos, tratando con los guarismos para definir el siguiente paso. Estas cosas también puede intentarlas un poeta, sobre todo socialista, salvo que nos quieran vender el cliché de un Carrión siempre meditabundo y ahíto de frases célebres. Por el mismo respeto al esfuerzo del Maestro Carrión, es necesario poner la Casa en orden. Por ejemplo: ¿Qué pensaría Carrión si le dijeran que no hay presupuesto para sus programas porque se han gastado todo en sueldos y artículos de papelería?, ¿qué opinaría si le dicen que el desempeño de los departamentos es mediocre?

Para quien se le haya ocurrido que la respuesta es aumentar el presupuesto, y dando un salto en el tiempo, fijémonos que, hace no mucho, Arabel Torske, ex coordinadora de proyectos de la CCE, encontraba debilidades en “la falta de planificación estratégica, en el equipo de proyectos, que debe fortalecerse”. “No es problema de presupuesto, sino saber cómo usarlo”, dejó señalado.

Tal vez Carrión no debería estar en “esas urdiembres”, sino en el pensamiento estratégico: ¿qué hacer con la Casa? Mientras haya alguien más que aporte con el cómo y que procese esas terrenalidades administrativas en bien de la cultura. Podría ser alguien que conozca el trámite y el instrumento y no descuide al creador, lo que ahora se da por llamar gestor o administrador cultural. ¿Es tan peligroso el concepto?

Si el Estado no planifica su sector cultural, ¿de dónde vendrían los recursos para fomento de su desarrollo? ¿O deberíamos conformarnos con que el Estado no cumpla sus obligaciones con la cultura? Pero la gran novedad es que la actual Constitución trae por primera vez derechos culturales, universales y exigibles como cualquier otro derecho. Ver Arts. 21 al 25.

Véase también la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural, de noviembre 2001, Artículo 5 – Los derechos culturales, marco propicio para la diversidad cultural. Los derechos culturales son parte integrante de los derechos humanos, que son universales, indisociables e interdependientes. El desarrollo de una diversidad creativa exige la plena realización de los derechos culturales, tal como los definen el Artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y los Artículos 13 y 15 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Toda persona debe tener la posibilidad de expresarse, crear y difundir sus obras en la lengua que desee y en particular en su lengua materna; toda persona tiene derecho a una educación y una formación de calidad que respeten plenamente su identidad cultural; toda persona debe tener la posibilidad de participar en la vida cultural que elija y conformarse a las prácticas de su propia cultura, dentro de los límites que impone el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales.

A fin de empeñarse en el cumplimiento de los derechos culturales, la Constitución incluye los artículos ya mencionados sobre la creación del Sistema Nacional de Cultura, una estructura coordinada para trabajar sobre la oferta estatal equitativa en todo el país. Por ejemplo, ¿ha pensado Gonzalo cuántos institutos de danza, estatales y gratuitos son necesarios? O ¿cuáles son los objetivos culturales prioritarios en el país? O ¿cuántos teatros no funcionan en su ciudad y porqué?

Otro tema de análisis son los servicios de la CCE que destaca Gonzalo, como por ejemplo “la rica Cinemateca” que también lleva el calificativo de Nacional pero que vive estrechamente en un subsuelo y que tiene un radio de influencia muy limitado. Otra cosa sería aprovechar y aumentar su riqueza y ayudarle a cumplir sus objetivos dándole una estructura de alcance nacional. ¿Es mucho pedir? ¿Es mucho ofender?

Sobre las publicaciones que según Gonzalo “muestran el crisol del pensamiento y ser creativo del país”, tratemos de entender lo que dice el actual Presidente de la CCE en una entrevista con su periódico, el 18 de agosto de 2011:

¿Puede decir, con la mano en el corazón, que lo que se ha publicado es de calidad?

No, de hecho hay concesiones… Me explico: hay personas que consideran que lo que han escrito es lo mejor de su vida y hemos tenido que generar concesiones en esos casos...

¿Qué es lo que lleva a la Casa de la Cultura a invertir un dinero que es de todos en esas ‘concesiones’, y que podría tener mejor destino?

Yo diría que son presiones histórico-afectivas (sic). Compromisos (sic). Un Presidente de equis provincia trae a dos poetas que en su opinión son poetas símbolo de su tierra… y te traen eso y créete que yo… (no sabe cómo expresarse).

¿Siente vergüenza ajena?

Sí… así es como han salido este tipo de productos publicados.

SOBRE LA BIBLIOTECA:

La Biblioteca Nacional está venida a menos ¿qué ha hecho al respecto?

No he podido comprar libros, porque nunca me llegó el millón de dólares que me ofreció el presidente Alfredo Palacio (sic). Y sí, está venida a menos, aunque por ventaja (se) está trabajando ya en la biblioteca virtual…

¿Hace cuánto tiempo no actualizan la biblioteca?

En estos años absolutamente nada; solo recibimos donaciones.

¿Los usuarios no se quejan?

El público que visita la biblioteca en su gran mayoría es estudiante. Acá no vienen investigadores.

Saquen ustedes sus propias conclusiones.

La CCE según explica Gonzalo, es un faro de referencia que proyecta la esencia de un pueblo rico en manifestaciones artísticas. Además cree que el pensamiento debe ser sin ideología y la cultura sin consignas ni luchas ideológicas. Si hubiera una manifestación artística con algún matiz político (que antes le era tan caro a Gonzalo), esto sería hoy un engendro digerible solo por cooptados militantes pseudo revolucionarios. Sin duda la CCE sabe como reproducir su discurso anti proceso.

Veamos el lado político de M. A. Rodríguez en la misma entrevista:

… ¿Por qué decidió hacer un libro de rendición de cuentas un año antes de su salida?

Por el momento histórico.

¿Qué quiere decir?

Ecuador vive un ensayo político, entre comillas nuevo. Y a mí me provocan temor los ensayos; este es un momento difícil…

Gonzalo Ruiz también opina políticamente. Estamos según él en una “coyuntura populista con discurso progre…, una revolución de papel y consigna… con fidelidades atadas al presupuesto”… Es asombrosa la coincidencia política con el Presidente Rodríguez, que por cierto se declaraba mirista, así como a su tiempo fue “hermano del alma” de Nebot (la carta es famosa), aunque fue su alianza con el PRE, lo que le permitió un segundo período.

Para terminar la entrevista, la pregunta crucial al actual Presidente:

… ¿La CCE es una entidad que se dedica a hacer actos o a gestar cultura?

Ayayay, ahí sí… (sic) (se queda callado un momento). Rescataría los talleres como nuestro gran activo, y algo de los libros y del cine.

Si el Presidente Rodríguez no tiene idea de qué contestar, sírvase don Gonzalo Ruiz desfacer este entuerto. Y a propósito, es aconsejable que averigüe también por la forma anti democrática de las elecciones en la CCE; investigue ¿porqué y desde cuándo no funcionan las secciones académicas? O ¿cuáles son las políticas de interculturalidad que se aplican? O ¿Qué se entiende por política editorial? Interesante también ver los préstamos de local que últimamente ha hecho para agrupaciones netamente políticas.

Les guste o no, no importa cuánto tiempo tome, la CCE deberá evaluarse a la luz de la verdad. Será luego de poner en orden la Casa que nos podremos concentrar en cumplir a cabalidad los grandes objetivos que Carrión dejó trazados.

Para los trabajadores de la cultura, no es justo que esta materia pase por análisis como el que presenta Gonzalo Ruiz. Un ligero acercamiento a la realidad de la CCE lo desdice completamente pues el suyo es un mero discurso de escritorio. Sin embargo, es necesario que los comunicadores insistan en los temas culturales, desde un punto de vista moderno y sin idealizar estructuras estancas y autocomplacidas que desdicen de la dinámica cultural de un país apurado en recuperar tanto tiempo perdido.

Atentamente,

Adrián De la Torre Pérez

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