3 de febrero de 2016 12:28

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Mauricio Cobo Martínez

Marcinkus,Sindona,Gelli,Ortolani,Calvi,Villot y Cody, miembros de la mafia de Chicago y Sicilia con base en el Vaticano, fueron los principales sospechosos de la muerte del Papa Juan Pablo I ,el 29 de septiembre de 1978, y las causas: el dinero y su concomitante poder, la propiedad y esclavitud de la riqueza en manos de esta autoridad secular tan diferente al sacrificio de Jesús, dar alimento a la humanidad...

Así el Papa fue envenenado y muere 33 días luego de haber sido elegido por un cónclave que tenía la esperanza de cambios; pero la mafia no deja hacer ni autopsia; los católicos quedan aturdidos, por estar acostumbrados a una iglesia tiránica manejada por el diablo con su monstruosa codicia e inútil riqueza.

Nuestro gran Papa sudamericano debe caminar en el filo de la navaja, con su espíritu humilde sin necesidad de riquezas, su palabra está ceñida a la de Jesús, buscando la unción con el Ser divino que para conseguir la eternidad: se sacrifica con la promesa de alimentar a la humanidad!

El papa Francisco, el Vaticano y todos los católicos, que creemos en la misión del Mesías, debemos sentir que nos toman por imbéciles, cuando vemos lo distante de la realidad católica frente a las ¡terribles miserias! que vivimos ahora. Lo que nos anhela nuestro Dios, esperanza; dilapidada ya por
2 000 años por los hombres, quienes todavía a nivel de los animales seguimos produciendo armas: que no podemos entender y proceder como Él nos lo ha encaminado, única solución para las ¡calamidades humanas con que ahora convivimos!.

El PAN de Su sacrificio nos lleva a la paz y al bienestar, que todos sepamos y podamos producir alimentos: el planeta Tierra no necesita más...

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