9 de marzo de 2018 00:00

Al Ministro de Educación

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Juan Pablo Garzón

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Vivimos sin duda alguna una época de cambios. Cambios vertiginosos que nos vinculan a una sociedad que va caducando en cuestión de horas, lo que hoy innovamos al día siguiente pierde valor por la diversidad de oportunidades y nuevos descubrimientos que aniquilan los conocimientos que apenas hoy acabamos de aprender.

Y nuestra preocupación como directivos nace por la incertidumbre de los vertiginosos cambios que no se alinean a la realidad educativa que nuestros estudiantes requieren, mientras las autoridades de la educación buscan imprimir un nuevo modelo que va relegándose de las nuevas tendencias educativas en cuanto los “cuasi-expertos” se dedican a construir políticas y actividades sin sentido.

Hablamos de calidad educativa, en peligro de extinción, por sus autores y promotores, quienes han llenado a las instituciones educativas de un sinnúmero incontrolable de actividades que han sobresaturado el quehacer del maestro.

Tenemos maestros agotados muy a pesar de que la Autoridad Educativa Nacional y su principal han anunciado la rebaja considerable de la gestión administrativa y documental; lo que se han olvidado es, que esta desidiosa carga de trabajo se ha convertido en una serie de festivales de la lectura, Yapanas, Pambamesas, Raymis, Tinis, recreos Verdes Animados y cuantas cosas más que nos entretienen para alcanzar el real propósito de la educación: fortalecer la calidad e innovación educativa.

Estamos retrasados y adormilados para innovar, pues, con tanto activismo, los directivos y docentes nos hemos sumergido en la gran carga de actividades que son enviadas semana a semana obligatoriamente, esto solo ha generado insatisfacción y sobresaturación.

Hoy no hay tiempo para innovar, implementar nuevas metodologías y estrategias para el desarrollo de competencias, ni para preparar recursos didácticos innovadores, aplicar nuevas tecnologías que aporten un nuevo modelo educativo del cual estamos bastante lejanos.

Al parecer nuestras autoridades distritales perdieron de vista los propósitos de la educación, quizá detrás del escritorio no reconocen el trabajo en la clase o quizá nunca tuvieron la experiencia del quehacer del maestro en el aula, deberíamos exigir una política de puertas abiertas y conocer quiénes son, su trayectoria y su experiencia en la educación.

Es hora de plantear objetivos claros, de poner un alto a tanto activismo sin sentido y preocuparse más bien, por fortalecer la verdadera innovación educativa para ser considerados con el trabajo del maestro y darle la oportunidad de desarrollar sus competencias y su creatividad.

Es un grito de alerta, es un grito desesperado de maestros y directivos a las autoridades de la educación en el país para preocuparnos por lo trascendente y lo prioritario, para dejar de lado el activismo distrital que nos asfixia y nos aleja de nuestra meta educativa.  

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