9 de enero de 2017 00:00

Carta abierta al comandante general del Ejército

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Alberto Molina Flores

Me dirijo a usted, estimado Luis, como su antiguo Comandante de Compañía, su instructor; quien tuvo la responsabilidad de aportar a su formación profesional, como soldado de honor; animado por la posibilidad, entre soldados, de poder mantener una relación epistolar como esta, sin resquemores, ni recelos, con pleno respeto y confianza de camaradas que vestimos el mismo uniforme militar con honor y que le entregamos a nuestra institución, y a la patria, todos nuestros mejores esfuerzos para que éstas jamás sean ofendidas, descalificadas o humilladas.

El 3 de diciembre de 2016, el diario Expreso publicó una pequeña reseña de las maniobras de entrenamiento que permanentemente realizan nuestras tropas para estar en condiciones de cumplir responsablemente con nuestra sagrada misión. Con el título “No somos soldados para intereses políticos”, el diario nos hace conocer parte de su arenga a las tropas; algunos fragmentos importantes de la publicación me permito transcribir:

“Somos soldados del pueblo, hechos para el servicio del pueblo, no para intereses políticos ni intereses particulares, peor aún con tendencias que nos quieren desvirtuar de nuestros verdaderos valores. Para aquellos que quieran practicar los antivalores equivocados en estas gloriosas Fuerzas Armadas, en este glorioso Ejército, nosotros siempre estaremos prestos y unidos, junto a nuestro pueblo, para la defensa de lo más grande que ellos tienen”. Hace bien en señalar que nuestros soldados de tierra, mar y aire se deben a su pueblo, pese a que en la Constitución Montecristi, borraron en forma deliberada lo que constaba en el Art. 184, de la Constitución de 1998, que dice: “la fuerza pública se debe al Estado”; es decir, que las FF.AA. no pueden ser jamás parte del proyecto de ningún gobierno. La lealtad siempre estará dirigida a los más caros intereses del pueblo, como usted bien lo señala.

Vivimos tiempos difíciles. Los ecuatorianos, con justa razón, tenemos resquemores. No le faltó razón a usted, al referirse al papel que tendrán las Fuerzas Armadas en las elecciones de febrero: “Tenemos la obligación ética y moral, como siempre ha sido, de ser responsables de la transparencia de la decisión de su pueblo”; estas importantes declaraciones suyas, son tranquilizadoras. Unas últimas encuestas señalan que la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas son las dos instituciones de mayor confianza y credibilidad en el Ecuador. Los soldados tenemos la obligación moral y debemos ser consecuentes con la confianza y credibilidad que nos han brindado los ecuatorianos, por lo tanto, tenemos la plena confianza de que nuestras Fuerzas Armadas, por ningún motivo, permitirán que se burle la voluntad soberana del pueblo ecuatoriano.

La Constitución, en su Art. 158, señala que nuestras Fuerzas Armadas “es una institución de protección de los derechos, libertades y garantías ciudadanas”, por lo tanto, sus mandos tienen la obligación de proteger el derecho de los ciudadanos de elegir y ser elegidos, de proteger, asimismo, la libertad del sufragio y de garantizar que las próximas elecciones sean totalmente transparentes garantizando el respeto a la voluntad soberana del pueblo;

Me despido con un cordial abrazo.

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