El Colibrí del artista Gonzalo Endara Crow marcó el inicio del urbanismo en el cantón Rumiñahui. Foto: Santiago Sarango/ AFULL.

El Colibrí del artista Gonzalo Endara Crow marcó el inicio del urbanismo en el cantón Rumiñahui. Foto: Santiago Sarango/ AFULL.

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¿Qué significa el monumento de El Colibrí de Sangolquí?

Santiago Sarango
Redactor (I)

¿Qué tiene que ver el cuadro de un tren volador con el monumento de El Colibrí de Sangolquí? Sí, un tren volador. Uno que surca los aires sobre las  montañas y centenares de casas. Seguramente lo has visto en cuadros de 'galerías' improvisadas en las calles de Quito y pensaste que se trataban de una fusión extraña o una imagen extraída de un episodio de 'Dragon Ball Z'. Pero no.

La respuesta es mejor que pensar que se trata de la creatividad de algún escritor de manga famoso, pues ese tren viaja por la serranía, como los colibríes y como la imaginación de Gonzalo Endara Crow, pintor y escultor ecuatoriano, autor de la clásica pintura de El Tren Volador y del monumento El Colibrí.

¿No se te hace conocido el nombre? De seguro reconoces el cuadro, pues es uno de los más imitados del país. Pero vamos por partes, antes de conocer el pensamiento del autor nace una primera pregunta: ¿De dónde le salió la inspiración a un ecuatoriano para imaginarse un tren volador o resaltar la figura de un animal tan enigmático como el colibrí?


Para Diego Velasco, Doctor en Teoría e Historia de la Arquitectura por la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, la obra de Endara Crow resalta lo que se denomina su visión mágica andina, es decir, su perspectiva de la cultura andina y la historia de su gente.

Ahora, ¿a qué se asemeja el criterio de mágica andina?  De seguro te suena familiar, más aún si lo relacionamos con el término realismo mágico. Sí. Así es. El realismo mágico nos conduce de inmediato a uno de sus representantes más conocidos: Gabriel García Márquez.

Ves. Algún día te iban a servir las desafiantes noches de lectura de la obra '100 años de Soledad'. Nos alegramos por ti. En todo caso, la idea de un tren volador de Endara Crow se asemeja a la lluvia de flores, los diluvios de cuatro años, las alfombras voladoras o la plaga del insomnio del escritor colombiano.

Precisamente, esa tendencia marcó época en las décadas de los 80 y 90. No por nada el artista ecuatoriano fue catalogado como uno de los pintores latinoamericanos más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

Sin embargo, no todo fue fantasía para Endara Crow, nacido en Bucay, Guayas, en 1936. Su monumento al colibrí, una de las aves más arraigadas en la historia del Ecuador y, sobretodo, de Quito y sus alrededores, da cuenta de su vínculo con la realidad de la naturaleza y con la tierra que lo vio crecer como virtuoso de las artes, según comenta Velasco.


Esta Tierra que fue clave para la construcción de los monumentos. ¿Cómo? Pues bien, quizás tú no recuerdes la última vez que te preguntaron si estás de acuerdo o no en la edificación de una escultura homenaje en tu ciudad. Lo más probable es que camines por una plaza o parque y te la encuentres sin más.

En Sangolquí la situación fue diferente. Así lo recuerda Zoila Marcillo, comerciante y oriunda de la capital del cantón Rumiñahui, pues comenta que la construcción del monumento al colibrí fue consultado con toda la población, en consenso.

Para Marcillo, la figura de El Colibrí, junto con El Maíz, ambas del maestro Endara Crow, son dos de las obras íconos del lugar y que están arraigadas en la identidad del pueblo sangolquileño.

Postura que afirma el excalde de Sangolquí, Marco Villafuerte. “El ave es una realidad de lugar y su monumento es motivo de atracción turística, por eso los ciudadanos le tienen aprecio. Forma parte de la historia de Sangolquí”, sostiene.

¿Por qué es tan especial? Quizás su ubicación revela explicaciones claras sobre su significado para el lugar y toda la provincia. Desde 1989, la figura del ave, también conocida en el mundo andino como Kinti, acompaña el tránsito de la concurrida Autopista General Rumiñahui, una de las arterias más importantes del provincia de Pichincha


Ubicación que no es gratuita, pues para el concejal Héctor Puma, la entrega del monumento de El Colibrí marcó el inicio del urbanismo en Sangolquí. Es decir, se mejoró el ornato del lugar, pero también la identidad del cantón Rumiñahui.

Sí, identidad. No deberías creer que los monumentos son sólo son figuras de cemento que no dicen nada. Tienen una historia y son pieza clave para la memoria histórica de una civilización.

Por eso, para Velasco, la elección del ave y su simbología tiene concordancia con la evolución buscada por las autoridades de la época. “El colibrí genera equilibrio. Es un ave muy cercana y amable, sin dejar de lado su halo surrealista”, expresa.

Y es gracias a ese surrealismo que Endara Crow realiza una obra completa. ¿Cómo lo logró? Pues bien, seguramente te preguntarás por qué la figura del colibrí tiene varios huevos de distintos colores y dimensiones bajo sus pies. 

Gonzalo Endara Crow es el autor de la escultura de El Colibrí que se encuentra en Sangolquí. Foto: Santiago Sarango/ AFULL.

Gonzalo Endara Crow es el autor de la escultura de El Colibrí que se encuentra en Sangolquí. Foto: Santiago Sarango/ AFULL.

Para el concejal Puma, los huevos son una representación de todas las especies de colibrís que alguna vez existieron en Sangolquí y en general de todas las aves que habitaban en el Valle de los Chillos.

A su vez, con la cromática, el artista hizo una remembranza a la vestimenta utilizada de las diversas comunidades indígenas del Ecuador. Ese aspecto, según Velasco, argumenta la fascinación del artista por resaltar la cultura andina.

¿Qué significa aquello? Simple. El monumento de El Colibrí engloba de forma ideal el pensamiento de un artista emblemático del Ecuador como fue Endara Crow, fallecido en Quito en 1996, pues, por un lado, a través del ave se rinde homenaje a un animal milenario y con una fuerte identidad local y, por otro, esa ave sirve como pretexto para explotar otras formas de simbologías.

Una de ellas habla de la intención del colibrí de expandir sus alas en señal de protección, pero también de encuentro y reinvención, como una suerte de un portal entre mundos pasados y futuros guiados por los colores de la naturaleza y la fantasía.