El exjefe de un clan de la Yakuza japonesa y sospechoso de asesinato Shigeharu Shirai (cent.) es examinado por unos agentes de la policía.

El exjefe de un clan de la Yakuza japonesa y sospechoso de asesinato Shigeharu Shirai (cent.) es examinado por unos agentes de la policía. Foto: EFE

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La detención de un exjefe Yakuza recuerda las raíces de esta organización japonesa



Redacción Afull
12 de enero del 2018 16:14

Tatuajes en todo el cuerpo, honor y una estructura jerárquica bien definida, así son los Yakuza una organización que en occidente países como Estados Unidos o Inglaterra la consideran similar la mafia italiana o rusa. Los distintivos de sus integrantes son los tatuajes, que simbolizaban valor y fuerza. Estos fueron la clave para que la policía japonesa detenga a uno de los miembros de la organización, el pasado 11 de enero del 2018.

El exjefe de los Yakuza capturado se llama Shigeharu Shirai, tiene 72 años y logró esconderse de la policía japonesa en Tailandia por más de 12 años, pero una fotografía publicada hace cinco meses por uno de sus vecinos en las redes sociales hizo que lo identificaran y lo apresaran. Su detención no se dio precisamente por ser miembro de los Yakuza, sino por matar a un jefe de una banda rival en 2003.

El periodista australiano Mahmood Fazal pasó una tarde con los Yakuza en una de sus sedes principales en Japón y escribió un artículo para el portal web Vice, el pasado 4 de octubre del 2017, el que cuenta su experiencia conviviendo con esta organización que ha sido comparada con otras grandes mafias del mundo.

El periodista conoció a dos integrantes de los Yakuza en un estudio de tatuajes. Ellos lo llevaron a entrevistarse con los jefes del grupo, cuando los conoció asegura que lo que más le llamó la atención fue el espacio en el que ellos tiene sus oficinas, dos torres en el centro de Tokio.

A pesar de ser una organización muy temida en el mundo, Fazal destaca que el trato que recibió por parte de los Yakuza fue muy abierto y cordial. Durante la reunión ellos aseguraron que su deber es proteger a la gente. Esta es una de las anécdotas que le contó ‘S’, uno de los jefes de la organización, al periodista australiano:

"Después del terremoto, nuestro grupo llevó diez furgonetas llenas de suministros a la gente de Fukushima. En las autopistas reinaba el pánico y las gasolineras estaban abarrotadas. Nosotros pusimos pegatinas en las furgonetas que decían 'suministros de emergencia'. En las gasolineras decían que solo podíamos repostar un máximo de 20 litros, pero nosotros les dijimos, '¡No vamos a hacer caso a vuestras gilipolleces! Esto es una emergencia, la gente necesita nuestra ayuda'. Así que nos saltamos la cola y espantamos a la patrulla. Nos aprovechamos del miedo que infunde la Yakuza"

El inicio de los Yakuza se remonta a principios del Siglo XX, cuando los grupos ilegales en Japón se dividían en dos grupos los tekiya que comercializaban con objetos robados y los bakuto, quienes se encargaban del tema de las apuestas; precisamente de este segundo grupo se formaron los Yakuza.

Aunque esta sea la historia real del grupo, ellos se conciben como descendientes de los rōnin, guerreros del siglo XVII muy respetados en Japón. Según Fazal, en las ceremonias de iniciación de los Yakuza se pueden encontrar reminiscencias de las costumbres rōnin, como el consumo de sake o la lealtad que se refleja cuando uno de los integrantes decide cortarse una parte del dedo al cometer algún acto que ofenda a la organización.

El poder Yakuza se extendió después de la Segunda Guerra Mundial, sobretodo en el aspecto económico. Después de controlar los negocios de las apuestas, el juego y el mercado negro cambiaron sus operaciones al sistema de bienes raíces, la extorsión y posteriormente a la política, según publica CNN en un reportaje sobre la organización.

En la actualidad, los Yakuza tienen oficinas en la zona comercial de Tokio, esto porque no son considerados como una organización criminal, pero el Gobierno japonés ejerce mucha presión a la organización impidiendo que compren propiedades o manejen grandes cantidades de dinero, explica Mahmood Fazal.

Con el paso de los años, menos jóvenes deciden formar parte de esta organización, sobre este tema ‘S’, jefe de la organización dijo: “la verdad es que pertenecer a la Yakuza tiene muchos inconvenientes. Los chicos saben que somos muy estrictos y que el Gobierno también es estricto con nosotros. No nos dejan abrir cuentas bancarias, no podemos comprar viviendas ni coches ni jugar aL golf. No podemos llevar a nuestros hijos a la escuela porque no tenemos nada a nuestro nombre. Por eso los jóvenes que se lanzan a la mala vida prefieren unirse a bandas callejeras o a grupos de timadores antes que a la Yakuza”.

En Japón los jóvenes han dejado el crimen. El país se ha convertido en una sociedad más segura y con leyes más severas para castigar los delitos. El cambio de costumbres y de generación podría implicar el fin de una de las organizaciones más importantes en el bajo mundo, la Yakuza.