27 de abril de 2016 13:55

En las zonas más afectadas de Pedernales hay focos de insalubridad

La atención médica en el hospital de Manta Roberto Zambrano Rodríguez. Foto: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO

La atención médica en el hospital de Manta Roberto Zambrano Rodríguez. Foto: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO

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Gabriela Quiroz
Desde Pedernales (I)

A poco más de cuatro días del terremoto, el mayor desafío en Pedernales es evitar que se desarrolle un brote epidemiológico entre la población. Esta zona es donde ocurrió la mayor destrucción.

El riesgo de enfermedades gastrointestinales, respiratorias, debido a la falta de agua potable, destrucción del alcantarillado y exposición a los cadáveres está latente.

Así también, las aguas estancadas -ya sea en cisternas o en ciertos sitios abandonados- aumentan el peligro de patologías por vectores, como el zika, dengue y chikungunya.

Por estas condiciones, desde el domingo pasado, decenas de familias han optado por dejar sus viviendas y migrar a Guayaquil, Santo Domingo, Quito, entre otros lugares.

Gladys Lara, de 60 años, señala que quiere ir a Guayaquil, en donde su esposo está recibiendo atención médica. La casa en donde arrendaba, en el barrio Lindo, quedó destruida, por lo que se fue a vivir con su hijo, en la vía a Cojimíes, localidad que sufrió
menos daños.

Pero hay personas que no tienen adonde ir. Celso Briones, de 43 años vive en el barrio Divino Niño. Su vivienda quedó
fragmentada, pero no perdió a ninguno de sus seis hijos ni a su esposa. Ayer caminó junto con uno de sus niños por las calles devastadas por la destrucción y con intenso olor a muerte, buscando un lugar donde cargar su celular para pedir ayuda.

Hasta el sábado pasado, él vendía granizado, hoy no tienen cómo llevar alimento y agua a su casa. Su niño no habla desde el terremoto, tapado con una mascarilla apenas alcanza a decir que le duele el pecho. “Él y yo estamos completamente idos”.

Las atenciones médicas se han reducido en un 90%, reconoce Fabián Cedeño, uno de los médicos del único Centro de Salud Tipo B que existe en este sitio, en el que habitaban 50 000 personas. Él junto con otras cuatro personas afrontaron la mayor demanda de pacientes que habían tenido en una guardia, el sábado 16, que ocurrió el terremoto.

Decenas de personas clamaban por atención para ellos y sus familiares, que llegaron con traumas cráneo-encefálicos, politraumatismos, heridas abiertas y fracturas de gran magnitud.

Este centro, que atiende las 24 horas, generalmente tiene dos médicos, una obstetra, un paramédico, una enfermera y un chofer, para atender emergencias y molestias básicas. Generalmente, llegan entre 60 y 70 pacientes por médico, pero la noche del sábado y madrugada del domingo sobrepasaron las 250 personas.

La obstetra Maritza Moscoso recuerda con lágrimas que la gente le clamaba porque salvara a sus familiares. “Se agarraban de mis piernas, muchos llegaron con vida y murieron en los pasillos, en la sala de posparto, contabilizamos al menos 32 muertos…”.

Las llamadas pidiendo ayuda del personal médico fueron cientos, pero la restricción y el colapso de las vías impidieron que más personal médico llegara. Recién a las 06:00 llegó refuerzo de la Cruz Roja de Tungurahua y para las 11:00, los militares levantaron una carpa de atención médica en el estadio de Pedernales. Ahí hasta ayer en la tarde estuvieron atendiendo molestias básicas.

David Revelo, traumatólogo, explicó en una carpa adaptada para la atención, que se recibe todavía a personas con fracturas y necesidades que no implican cirugías. Los casos más graves son enviados en ambulancia a otras ciudades.

Para Cedeño, en estos momentos lo mejor es que la gente use mascarillas y evacúe. Los últimos días no ha llovido, pero señala que hay familias que duermen a la intemperie, fuera de sus casas, y se exponen a la picadura de mosquitos.

La falta de agua también pudiera generar casos de cólera, como ocurrió en Haití, tras el terremoto, señala.

Entre las medidas de prevención está el lavado de manos constante así como de frutas y alimentos, dijo William Muñoz, jefe del Servicio de Emergencias Médicas del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil.

La respuesta del Estado

Tan pronto como se hizo la convocatoria a profesionales de la salud -para que sean voluntarios- ellos respondieron.

Hay traumatólogos, psicólogos, enfermeros, ayudantes de medicina y psiquiatras distribuidos en las zonas con mayor afectación.

En total suman 227 personas en Manabí -entre los voluntarios y los médicos del Ministerio de Salud Pública- según el último boletín de la Secretaría Nacional de Riesgo, que se emitió a las 15:30 de ayer.

Solo en Manabí se han brindado 3 393 atenciones médicas. En Esmeraldas, que también resultó afectada por el terremoto de 7.8 grados de magnitud, en cambio, hubo 652 atenciones médicas. Se han enviado hospitales móviles a las poblaciones más afectadas.

“Estamos tomando en cuenta todas las medidas para evitar tener una crisis epidemiológica”, señaló el presidente Rafael Correa ayer.

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