11 de agosto de 2016 00:00

La violencia de los últimos días atemoriza a los vecinos de Pifo

El pasado viernes, los moradores de Pifo realizaron una marcha en contra de la inseguridad que sienten. Eduardo Terán / EL COMERCIO

El pasado viernes, los moradores de Pifo realizaron una marcha en contra de la inseguridad que sienten. Eduardo Terán / EL COMERCIO

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Redacción Seguridad

Murieron apuñalados. José Manopanta y su esposa Felipa Ágila eran de Pifo, una parroquia al oriente de Quito. Hace 18 días sus cuerpos fueron hallados en el sector de Ascázubi, en Cayambe. Las causas del asesinato aún se investigan, pero los moradores dicen que fue por robarles el carro en el que realizaban fletes informalmente.

La misma versión tiene la familia de las víctimas. María Manopanta es hermana de José y el martes desde su casa en Pifo recordó que eran las 23:00 cuando su padre recibió la llamada de la Policía. Un agente le dijo que encontraron el carro de su hijo en Guayllabamba.

Luego de unas horas se hallaron los cadáveres de la pareja flotando en el canal de riego del río Pisque. La última vez que los vieron con vida fue en el parque de Pifo. Desde allí salieron con una carrera.

El asesinato conmocionó a la localidad. Por eso, el viernes pasado más de 250 personas marcharon por las principales calles de la parroquia. Allí, los vecinos pidieron a las autoridades más seguridad. En la concentración, los moradores dijeron estar preocupados por la violencia que se vive actualmente, pues las muertes de José y Felipa no son las únicas que están en investigación.

Eulalia Quito también fue asesinada en el sector. Un desconocido la apuñaló en el estómago cuando caminaba con su pareja por las 700 gradas, un lugar cercano a la parroquia.

Los vecinos de la mujer dicen que tras el ataque, el sospechoso se llevó el celular de la joven, quien fue hallada sin vida el 5 de julio pasado.

En esos mismos días, algo similar sucedió en Puembo, otra parroquia cercana a Pifo. Allí otro transportista fue asesinado mientras realizaba una carrera. Los vecinos que conocen del hecho dicen que salió con su carro y luego apareció sin vida en una zona alejada.

La Policía conoce de los asesinatos. Pedro Valverde es el comandante del Distrito Tumbaco y es responsable de la seguridad de 11 localidades, entre ellas Pifo y Puembo. El oficial dice que existe preocupación en la zona por los acontecimientos. Sin embargo, señala que se trata de hechos aislados y que actualmente están en indagación para determinar las causas de los hechos.

Pero también admite que actualmente se investiga la existencia de presuntas bandas que podrían estar operando en el sector. De allí que los 19 agentes que vigilan la parroquia reforzarán su patrullaje.

Precisamente eso es lo que quieren los moradores, pues los asesinatos causaron temor en la población. Daniel Suárez, dirigente barrial y quien organizó la marcha del viernes, dice que “nunca han existido estos problemas de inseguridad”.

Él advierte que en el último mes han sido presa fácil de desconocidos, pues “los asaltos, robos e intimidaciones no paran”. Por ejemplo, un día después de la marcha, un hombre que intentó robar una casa fue detenido por los moradores y entregado a los policías.

Las estadísticas de hechos delictivos de la parroquia dicen que por ejemplo entre enero y junio del 2015 hubo 311 robos de domicilio, mientras que en ese mismo período de este año van 167.

Apenas hace dos días sucedieron dos ataques más. La madrugada del lunes otra vez sonó la alarma comunitaria.

Eran las 02:00 cuando los vecinos empezaron a gritar “ladrones, ladrones, están robando en la escuela”. Tres sospechosos a bordo de un carro sin placas forzaron las seguridades de la institución educativa.

Los agentes llegaron al sitio y los desconocidos escaparon.
Pero uno de los casos que más preocupa a los moradores es la intimidación de los sospechosos. A las 04:00 del mismo lunes, mientras los vecinos hablaban del intento de robo en la escuela. Otra familia del sector era sometida por dos hombres que tenían armas de fuego.

Los agresores golpearon con un palo a los propietarios del lugar. Por cerca de una hora rebuscaron la casa y pedían dinero. Les amarraron las manos y les vendaron los ojos.

Con gritos les exigían que hasta el viernes debían entregarles USD 20 000 y que caso contrario los asesinarían. La Policía indaga este suceso.

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