10 de March de 2010 00:00

La VIII cita de danza abrió con un toque ritual

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Redacción Cultura
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Banderas blancas ondearon en el espacio oscuro del escenario del Teatro Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE), el lunes. El saludo ceremonial del VIII Festival Internacional Mujeres en la Danza reunió a las Danzantes de la Paz con la presencia de  los Danzantes del Sol, de Cotopaxi.

Mediante  ese acto, como cada 8 de marzo durante los últimos siete años, la Fundación Casa de la Danza inauguró este encuentro que, a más de ser un homenaje a la feminidad, trae exponentes de diferentes estilos dancísticos.

Agenda del Fimed 2010
Esta noche  tendrá lugar el mosaico de danzas nacionales: se presentarán  cinco coreografías. En el Teatro Nacional de la CCE, a las 20:00. USD 2
En el Auditorio   del Museo del Banco Central del Ecuador habrá  una conferencia multimedia dictada por  el venezolano Carlos Paolilo. Se tratará la  Historia de la Danza Universal. A las 15:00.
  Mañana  se abre la muestra  fotográfica retrospectiva.

Todas las butacas de  platea, y algunas de luneta de la sala capitalina, fueron ocupadas. La gente acudió para aplaudir el esfuerzo de Susana Reyes y Moti Deren, también para ver la primera función de la muestra coreográfica, que se extenderá  hasta el jueves.

Susana Reyes   presentó la programación de la edición 2010 y  explicó cómo esta tuvo que reinventarse una vez que los apoyos de los organismos oficiales no se concretaron. En el mismo discurso, la bailarina y gestora cultural, quien  ha dirigido este encuentro desde sus inicios, ratificó al escritor Marco Antonio Rodríguez, presidente de la CCE, como merecedor de la estatuilla Danzante de la Paz, galardón que  le entregó el año pasado.

La CCE es el principal patrocinador de esta edición del  Festival, pues la mayoría de actos se desarrolla en sus escenarios.
Asimismo, la voz de Reyes evocó los valores por los que se mantiene el festival, más allá de la base financiera: la justicia, la paz, el amor... El Fimed 2010, bajo el lema ‘Un testimonio de amor y dignidad’, se dedica “a las mujeres anónimas, a aquellas que desarrollan actividades cotidianas y mantienen el orden en el mundo”. Además, la programación esta pensada como una retrospectiva de este encuentro.

Una vez que la oscuridad volvió al escenario, una luz cenital iluminó al turco Ziya  Azazi, quien ya se presentó ante el público de Quito, el año pasado.

Esta vez lo hizo con ‘Dervish’. La pieza conjuga los valores rituales de la danza sufí (llamada exactamente ‘sama’), los recursos y las búsquedas de la danza contemporánea. Esta danza propone al bailarín, como mediador entre el cielo y la tierra. El intérprete busca, girando sobre su propio eje, llegar a otros estados de conciencia y al éxtasis místico. Dentro del sufismo (corriente mística del Islam y que halla sus orígenes en Persia), la danza acompaña a otras actividades artísticas y espirituales, la meditación, la oración, el ayuno, la música, la poesía o los cuentos para alcanzar la comunicación con Dios.

Ziya Azazi (1969), quien dio un taller previo a la inauguración, si bien no se separa del valor espiritual de esta danza, se enfoca más en la estética del baile, en la vistosidad y la variabilidad de los giros. Ataviado con largas, coloridas y simbólicas faldas (llamadas ‘tanuras’), el bailarín dio vueltas sobre un tablado perfectamente iluminado, motivando el asombro de los espectadores.
Azazi daba    golpes en el pecho y movía   los cabellos; sus faldas  volaban  y creaba  líneas en el espacio.  El bailarín  brindó un espectáculo dividido en dos partes.

Los aplausos cerraron la primera noche del Fimed 2010.
 

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