10 de agosto de 2014 00:00

Vientres de alquiler no tienen regulación global

La madre biológica Pattharaomon Janbua, de 21 años, da un biberón a su bebé de 7 meses con síndrome de Down Gammy en un hospital de la provincia de Chonburi (Tailandia). Foto: EFE

La madre biológica Pattharaomon Janbua, de 21 años, da un biberón a su bebé de 7 meses con síndrome de Down Gammy en un hospital de la provincia de Chonburi (Tailandia). Foto: EFE

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María Carvajal A. (I)

Puede comenzar como una compra en línea: se busca y se analizan las alternativas más convenientes. Y, si bien el bebé no llega a vuelta de correo luego de un pago con tarjeta de crédito, hay una gran variedad de opciones para empezar el proceso de contratar una madre subrogante, también llamado vientre de alquiler.

Con óvulos y espermas propios, con uno de los dos (o ambos) extraídos de donantes, en forma anónima o teniendo contacto con la mujer que presta el servicio... Esta práctica parece ofrecer la respuesta a las necesidades o anhelos de todos, o al menos de quienes pueden cubrir sus costos.

Pero los dos escándalos conocidos esta semana en Tailandia son una muestra de cuán limitadas son las regulaciones locales e internacionales respecto a esta forma de acceder a la paternidad.

El viernes se conoció que un japonés huyó de ese país tras haber contratado a 10 mujeres para tener hijos bajo esta modalidad, lo cual abrió una investigación sobre tráfico de personas.

Días antes, la opinión pública mundial se conmovió con la historia de Gammy. Su madre subrogante denunció que una pareja de australianos que había contratado sus servicios abandonó al bebé porque tenía síndrome de Down.

Las autoridades tailandesas insisten, según reportes de la agencia France Presse, que la gestación con un vientre de alquiler a cambio de dinero es ilegal. Pero eso no impide la existencia de centros que canalizan este servicio, como por ejemplo Bangkok Surrogacy.

Ante la reciente disposición de las autoridades sanitarias de que esta forma de reproducción asistida solo puede aplicarse en parejas heterosexuales y que tengan algún grado de parentesco con la madre subrogante, en su página web solicita a sus visitantes contactarlos directamente “para ofrecerle opciones completas en India, Estados Unidos y México”.

Cuestión de leyes y precios

El jueves Grecia suprimió la obligación de contar con una residencia permanente a las “madres de alquiler” y a las parejas con problemas para concebir. Esto abre las puertas en tierras helénicas a lo que desde hace años se denomina como “turismo de la fertilidad”.

De aquí en adelante, clínicas como el Instituto Mediterráneo de Fertilidad, con sede en Creta, podrán ampliar sus servicios a parejas e individuos de todo el mundo, con tarifas de fertilización in vitro -proceso en el cual las células reproductivas se unen en un laboratorio para luego insertar el embrión en el útero- a partir de 1 300 euros (unos USD 1 800).

Eso sí, por el momento la información sobre conseguir tener un hijo con una madre subrogante no es tan detallada como la del centro de reproducción BioTexCom, de Ucrania. Ahí se ofrece un paquete “todo incluido”, con un costo de 29 900 euros (USD 41 300), que contempla desde la primera visita de los padres biológicos (quienes proporcionarán óvulos y espermatozoides) hasta el trámite del certificado de nacimiento de la nueva vida ante las autoridades locales.

El monto incluye, además, la indemnización que debe recibir la “madre de alquiler”, que el folleto informativo no especifica a cuánto asciende. Pero esta y otras clínicas ucranianas destacan en su publicidad de que todo el proceso resulta mucho menos oneroso que en países como Estados Unidos.

Es que al otro lado del Atlántico, la página Circle Surrogacy atrae a mujeres dispuestas a alquilar su cuerpo para este fin mencionando indemnizaciones que oscilan entre los USD 25 000 y 30 000, además de hasta USD 25 000 adicionales en compensaciones adicionales. En estas últimas se pueden incluir bonos para comprar ropa de maternidad, y extras en caso de que tenga gemelos, el nacimiento sea por cesárea o exista una complicación que amerite la extirpación del útero.

En países como Australia, de donde proviene la pareja que pagó para el embarazo del cual nacieron Gammy y su melliza, lo único que permiten las leyes es la denominada subrogación altruista. Esto significa que la mujer gesta a un bebé sin esperar ninguna compensación económica a cambio. Bajo esta modalidad se han conocido casos en las que hermanas, amigas o incluso madres han tenido un bebé para otra persona.

Pero en una gran cantidad de países -incluido Ecuador- las legislaciones no dicen una palabra a este respecto. Es decir, no está permitido, pero tampoco está prohibido, por lo cual los acuerdos de subrogación se hacen como contratos civiles entre las partes, sin ninguna normativa que ofrezca garantías a los adultos ni a la vida que está por llegar.

Asociaciones médicas en Canadá, Europa y Estados Unidos han postulado en varias ocasiones su preocupación respecto a esta falta de regulación, o en tal caso a las diferencias de la misma a escala internacional.

Además de asuntos de derechos civiles, como el de la filiación y la nacionalidad, también existen aspectos médicos. Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una lactancia materna exclusiva hasta los seis meses... ¿Cómo debería manejarse el tema en los bebés nacidos a través de ‘vientres de alquiler’?

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