5 de marzo de 2015 20:45

La videovigilancia se extiende a los bares, burdeles y moteles

En un motel de Quito, las cámaras de seguridad monitorean una zona de lavado. Foto: Alfredo Lagla/ EL COMERCIO.

En un motel de Quito, las cámaras de seguridad monitorean una zona de lavado. Foto: Alfredo Lagla/ EL COMERCIO.

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Redacción Seguridad y Guayaquil

Cuatro cámaras monitorean todo el trabajo dentro del motel. Graban lo que ocurre en la lavandería, el comedor, la bodega y la caja. En los pasillos y habitaciones no hay vigilancia.

Los clientes no tienen contacto visual con ningún empleado. Ingresan en un garaje independiente que conduce a los dormitorios. La privacidad prima en estos complejos.

En el país el uso de videovigilancia no es nuevo. Desde 2012 las cámaras se multiplicaron en autobuses, taxis y en las calles. Ahora esos sistemas de seguridad se ampliaron a los bares, discotecas, burdeles y moteles.

En estos locales ahora los propietarios están obligados a instalar circuitos cerrados de vigilancia en las zonas de ingreso, en la recepción, 'lobbies' y pasillos. Esa disposición es parte de un acuerdo suscrito hace un mes por el Ministerio del Interior. Los videos permanecerán almacenados seis meses. Luego se podrá borrarlos.

En estos días, la Policía difunde los detalles del documento entre los administradores de estos lugares. A partir de abril se iniciarán los operativos para controlar el uso de las cámaras.

Este 5 de marzo del 2015 este Diario realizó un recorrido en moteles que operan en Quito. Los empleados aún no conocían las disposiciones del Ministerio del Interior.

Los administradores aseguran que los actuales sistemas de videovigilancia son para el control del personal y emergencias que puedan reportarse. “Nosotros garantizamos la privacidad”, dice una empleada que trabaja en un centro.

En Guayaquil, el 80% de los 333 burdeles y moteles ya cuentan con un circuito cerrado de seguridad. Consuelo Castro, intendenta de Guayas comenta que los equipos operan desde antes del acuerdo.

Altos oficiales de la Policía revelan que esta disposición se aprobó por los “excelentes resultados” antidelictivos que ha dado la videovigilancia en el transporte público y en las calles.

Actualmente 55 000 buses y taxis tienen cámaras de seguridad. En las ciudades operan otras 2 450, según datos divulgados por el ECU 911.

Los últimos hechos violentos que se reportaron en centros de diversión nocturnos aceleraron la aplicación de la medida.

El 22 de diciembre de 2014, por ejemplo, la Policía localizó el cadáver de un abogado de 66 años en un congelador de un bar de la zona rosa guayaquileña. Los investigadores arrestaron a ocho personas, entre ellas los administradores del local.

Una de las decenas de cámaras que hay en las calles de  Quito. Desde el 2012, esos equipos se multiplicaron. Foto: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO.

Una de las decenas de cámaras que hay en las calles de Quito. Desde el 2012, esos equipos se multiplicaron. Foto: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO.


En la Fiscalía se indaga una presunta organización delictiva que operaba bajo la modalidad de dulces sueños.

Los policías e intendentes quieren frenar los delitos que ocurren dentro de estos espacios. En el 2014, solamente en Guayas se registraron tres denuncias por violaciones perpetradas presuntamente en los moteles. “Tenemos videos en los que se ve cómo una mujer pide auxilio en el interior de un motel. Los empleados no la ayudaron. Esto no puede volver a pasar”, dice Castro.

El representante de la Asociación de Propietarios de Establecimientos Nocturnos (Apden), Enrique Barreiro, asegura que se debe analizar detalladamente la colocación de cámaras “dado que en muchos casos los clientes sentirían que su privacidad está siendo violada”.

Mario es dueño de un night club que funciona en Guayaquil. Para él, la videovigilancia reduce los actos violentos. “Hace seis meses instalamos estos equipos. Desde entonces los clientes están más tranquilos y no hay tantas peleas”.

Ayer, en uno de los moteles que visitó este Diario, los administradores reconocieron que la privacidad es parte del servicio que ofrecen al cliente.

En el día a día se han dado cuenta el recelo que hay entre los usuarios. Evitan ser reconocidos. El personal de limpieza ha encontrado en los detectores de humo (equipos con una fachada similar a una cámara de seguridad) chicles, papel higiénico o toallas. “Es más, hay ocasiones en las cuales los trabajadores están en la zona de ingreso y evitan mirar a las personas que llegan”.

En ese motel hay 50 habitaciones y en promedio lo visitan 110 parejas, el fin de semana acuden unas 180 personas. 

Aunque la disposición del Gobierno es que las cámaras se ubiquen en las áreas comunes y no en las habitaciones, los administradores creen que la gente podría tener más reparos en acudir a estos sitios.

Otra medida que se fijó en el acuerdo ministerial es la clausura definitiva para aquellos locales de categoría uno (casas de citas, cabarés, moteles) y dos (karaokes, cantinas, bares y discotecas) que permitan el ingreso de menores.

Los investigadores no quieren que se repitan casos como el del 21 de junio del 2014. Ese día, siete jóvenes murieron por inhalar monóxido de carbono en Santo Domingo de los Tsáchilas. Las autoridades incluso clausuraron el motel, porque no tenía los permisos de funcionamiento vigentes.

Pero la videovigilancia también se extiende a los centros educativos. Desde enero, el ECU 911 ha instalado 86 equipos de seguridad en los planteles. La medida busca reducir el acoso y el expendio de drogas.

Info cámaras.
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