26 de junio de 2017 11:24

Vendedores de la av. Eloy Alfaro aplican estrategias para no perder ventas durante el cierre de un tramo de la vía

Para los peatones también existen complicaciones tanto para cruzar las calles aledañas, en las que no existen semáforos, como para caminar en las aceras. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Para los peatones también existen complicaciones tanto para cruzar las calles aledañas, en las que no existen semáforos, como para caminar en las aceras. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

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María Belén Merizalde

Luego de diez días del cierre de un tramo de la avenida Eloy Alfaro, entre Alemania y Berlín, por los trabajos de construcción de la estación La Pradera del Metro de Quito, los dueños y trabajadores de los locales comerciales que se sitúan en ese sector han buscado estrategias para evitar perder ventas.

Ivonne Rodríguez trabaja en un local de alineación y balanceo de vehículos, que durante la primera semana de intervención de la vía se vio completamente afectado por la reducción de clientes. "La gente pensaba que no estábamos atendiendo y por eso no venía". Para reducir el impacto decidieron utilizar sus redes sociales para informar a la clientela las rutas que pueden tomar para poder llegar.

Andrea Sópalo, despachadora de una papelería, sostiene que el principal problema es la falta de estacionamientos. "Muchos de nuestros clientes compran rollos para impresoras y no tienen dónde estacionarse. Tenemos que guiarles para que puedan dejar sus vehículos en sitios cercanos".

Rodríguez espera que los trabajos concluyan en un año, tal como indicaron las autoridades. "Esperamos que el cierre no se extienda más del plazo que nos dijeron, porque estos meses vamos a hacer un gran esfuerzo para no perder tantas ventas".

Para los peatones también existen complicaciones tanto para cruzar las calles aledañas, en las que no existen semáforos, como para caminar en las aceras.

"Yo soy una persona de la tercera edad y hay algunos peligros como mangueras y cables con los que nos podemos tropezar. Deben tener más precaución con esos objetos", dijo María Sheygua.

Beatriz Moya, suele ir por el sitio un día a la semana, pues tiene chequeo médico en un edificio cerca al lugar del cierre. Su movilidad se ha visto afectada por lo angosta que quedó la vereda. "Es un espacio tan pequeño el que dejaron que no puedo caminar con facilidad con mi bastón, que es de tres patas y ocupa cierto espacio. Es necesario que piensen en personas como yo o con otras discapacidades cuando se hagan este tipo de obras".

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