28 de January de 2010 00:00

En Urdaneta aún no baja el agua

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Redacción Guayaquil
guayaquil@elcomercio.com

En ambos lados de la carretera que va de Babahoyo   a Urdaneta, un espejo de agua cubre  lo que hasta hace pocos días eran arrozales.

Según las autoridades, unas 1 200 hectáreas de cultivos  de la zona  quedaron  bajo el agua. El desbordamiento del río Pijullo causó la pérdida de plantaciones y  anegó algunos recintos. El nivel del agua aún no  baja.



1 200 hectáreas
es el cálculo inicial de las pérdidas que se registran en el campo, en
Urdaneta.Un  irregular camino de tierra y lodo  conduce al recinto La América. Los agricultores Gary Díaz y Henry Valdez no dejan de llenar sacos con arena, para evitar el ingreso de agua a sus casas. El embate del Pijullo, que recibe la descarga de los ríos proveniente de la zona alta de Bolívar,  derrumbó una parte del  muro de contención.

“El domingo en la noche llovió bien fuerte. En la madrugada del lunes,  cuando se rompió el muro,   tuvimos miedo”, dice Díaz.
El campesino cuenta que tuvo que salir con su esposa y sus tres niños pequeños, para ponerlos a salvo, lejos de la  correntada.

Díaz recuerda  que desde el año pasado pidieron  ayuda al Municipio de Urdaneta para reforzar los muros. “Pero  nunca tuvimos  respuesta”, dijo.  En esa zona, al menos  unas 20 familias viven del cultivo del arroz.

Su compañero Henry, por ejemplo,  tiene sembradas seis hectáreas de arroz. Aunque el nivel del agua ya bajó en su   plantación,  teme  que una nueva creciente se lleve las plantas.

El cielo nublado  anuncia un nuevo aguacero. Los habitantes aún temerosos toman medidas de prevención, por su cuenta.  

En 2008, la creciente del río también anegó la zona. El único medio de transporte era la canoa.
 
Unos 3 kilómetros más adelante  está el recinto Guapara. Allí, 30 familias fueron  afectadas por la creciente. Jacinto Montoya es agricultor y cuenta que por ahora la actividad en el campo está paralizada. “Se perdieron plantaciones y ahora hay que esperar que el invierno sea benigno y nos permita volver a trabajar a fines de abril”, dice Montoya.

Su esposa, Pilar Salazar, indica que el martes pasado  los visitó el alcalde  Eloy de Loor. Pero aún no llega la ayuda. “Con la inundación se perdió el trabajo, incluso, ya no hay pescado por la corriente. Comemos lo que podemos. El agua la bebemos del río que ahora viene más contaminado”.

En un terreno cercano,  Eufelia Díaz no deja de lado su machete. Este agricultor considera que el impacto del invierno aún es leve.   “Pero igual nos afecta mucho. Quien sabe cuánto deberemos esperar para trabajar”.

Los pobladores, además de alimentos y medicinas, piden que las autoridades envíen  tanqueros de agua potable.

También la reparación de los muros y de los caminos vecinales.

Mientras, en el camino que conduce al recinto Cerritos, existen tubos y alcantarillas abandonadas al pie de la carretera. 

Piedad Fierro, vocal de la Junta Parroquial de Ricaurte, que agrupa a 56 recintos, pidió al Consejo Provincial  que no interrumpa  el trabajo de  la retroexcavadora que sirve para levantar  muros de contención.

“La maquinaria no ha podido llegar hasta acá todavía. Está en la zona de Laurita y La Hojita.

Pero falta llegar a otros puntos críticos como en la Poza de Navarrete, donde hay que sacar sedimentos para ampliar el embalse, para evitar  que el río se desborde”, dice Fierro.

Según el alcalde De Loor, al menos  500 familias  son las primeras afectadas en el cantón. 

Los sitios más perjudicados por la inundación son los recintos La  Hojita, Caimito, Santo Tomás, Santa Clara 1 y 2, Guapara, Asunción, Santa Rita, San Francisco, Salampe, principalmente.

Estos lugares fueron calificados como vulnerables por la Secretaría Nacional de gestión de Riesgo, pues se inundan constantemente. No se ejecutó ninguna obra.

El Municipio activó hace un mes el Comité de Operaciones de Emergencia (COE), para realizar tareas de prevención frente a la proximidad del invierno.
Con maquinaria del Cabildo y del Consejo Provincial se realizó la limpieza de canales y esteros. Actualmente, están trabajando cuadrillas en el sector de Santa Rita. Pero aún falta intervenir el recinto Asunción, uno de los sitios más críticos porque existe el  peligro de que se desborde el río.

La Junta Parroquial de Ricaurte planteó que la Gobernación de Los Ríos canalice la coordinación y entrega de ayudas, pues conoce más de cerca la problemática que viven  los recintos.

Reportes iniciales señalan que no se han producido pérdidas humanas ni daños en viviendas.

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