22 de septiembre de 2014 20:12

La Unesco premió a 60 campesinas bordadoras

La Catedral de la Inmaculada de la capital azuaya es uno de los diseños de bordados que tiene más demanda. Foto: Fotos: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO.

La Catedral de la Inmaculada de la capital azuaya es uno de los diseños de bordados que tiene más demanda. Foto: Fotos: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO.

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Lineida Castillo.Redactora

Por la precisión para tejer y la creatividad, 60 campesinas azuayas han obtenido reconocimientos como el entregado este mes por la Unesco. Ellas son parte del Centro de Bordados Cuenca, una cooperativa que se creó hace 25 años.

Aída Maita es una de las socias. Ella muestra un catálogo con más de 3 000 figuras trabajadas a lo largo de dos décadas. Se destacan las imágenes para tarjetas postales que muestran la identidad del Ecuador. Hay cholas cuencanas, saraguros, salasacas, shuar, afros…

Aída Maita teje un paisaje andino. Tiene un catálogo con más de 3 000 figuras de etnias como shuar, saraguros...Foto: Xavier Caivinagua/EL COMERCIO.

Aída Maita teje un paisaje andino. Tiene un catálogo con más de 3 000 figuras de etnias como shuar, saraguros...Foto: Xavier Caivinagua/EL COMERCIO.

También, paisajes de pueblos andinos, bandas de pueblo, la Catedral de Cuenca y plazas, templos y casonas de Europa. Según Maita, manejan más de 40 puntadas, entre satinado, atrás, francés, sombra al revés, contorno y curvas. Además, inventaron otras como el arbolito navideño y pilares.

Por este trabajo, la Unesco les premió este mes en el concurso de Excelencia Artesanal, que se cumplió en Cuenca.

Participaron con siete bordados, de los cuales cuatro les dieron este reconocimiento. Fueron el Yasuní y los huaorani, el último hielero del Ecuador, un guacamayo y la etnia Shuar.

La composición de colores, puntadas y diseños llamaron la atención del jurado. El principal valor que comparten es la calidad, dice Angelita Villanzaca, de 38 años. Desde hace 14 años es parte de este centro, que está en el Parque Industrial en el norte de Cuenca.

La artesana Beatriz Pérez plancha los bordados para cortarlos y colocarlos en las tarjetas que son exportadas. Foto:  Xavier Caivinagua/EL COMERCIO.

La artesana Beatriz Pérez plancha los bordados para cortarlos y colocarlos en las tarjetas que son exportadas. Foto: Xavier Caivinagua/EL COMERCIO.

Los pedidos llegan a través de correos electrónicos o telefónicamente. Maita crea el diseño y tras la aprobación del cliente lo teje tomando en cuenta -de forma meticulosa- el tiempo de trabajo y la cantidad de hilos.

Luego esa tarea es transferida a las bordadoras que trabajan desde sus casas. Cada una gana 42 centavos de dólar la hora. La cooperativa tiene un ingreso promedio de USD 1 500 al mes.
Pero en fiestas especiales como Navidad, Día de la Madre, San Valentín y fiestas de Cuenca, la demanda aumenta. En esas épocas faltan el tiempo y manos para trabajar, cuenta Angelita Villanzaca.

Esta cooperativa nació en 1989 haciendo bordados decorativos para mantelerías de sala y cocina y sus principales clientes eran de Estados Unidos y Suiza. Con la dolarización y crisis económica que soportó el país en 1999 estuvieron a punto de desaparecer, porque la migración se llevó a la mayor parte de las socias.

Pero con altibajos siguieron creando e innovando. Entonces incursionaron en la línea de bordados para tarjetas y prendas de vestir como chompas, guantes y gorras. Isabel Alvarado, de 36 años, está contenta porque tiene un empleo sin abandonar a sus hijos. Al final del año premian a las bordadoras que tienen más horas de trabajo y mejor calidad.

En el taller del Parque Industrial, Alvarado realiza el control de calidad y los acabados. Los productos son enfundados para la venta y exportación. Según Maita, trabajan con clientes de Quito, Guayaquil, Estados Unidos y Austria.

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