2 de December de 2009 00:00

‘El Tortuga’ ahora mira los toros de lejos

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Diego Uquillas Flores. Grupo EL COMERCIO

Cuando apenas tenía 8 años Neptalí Caza, mejor conocido como ‘El Tortuga’, se fue a Guaranda a ver su primera corrida de toros. Ese primer contacto con la fiesta brava lo enganchó de por vida: el ir y venir de la muerte en cada embestida, en cada lance...

Nacido en 1954, ‘El Tortuga’  se interesó pronto  por los toros gracias al cine. En las décadas de los 60 y 70 llegaban a Quito los filmes que causaban furor en España, protagonizados por figuras como  El Cordobés, Palomo Linares o Luis Miguel Dominguín.

Caza quedó prendido de la tauromaquia. Ahora, su historia habla de 30 años como banderillero profesional. “Al inicio quise ser novillero, por eso recorrí por todas las ferias que pude en el país. Al final me decidí por las banderillas porque sentía más afinidad con esta suerte, donde se necesita habilidad y velocidad”, asegura este latacungueño de nacimiento y quiteño de corazón.

Lo de ‘Tortuga’ es solo uno apodo. “En mi adolescencia trabajaba en una imprenta. Cuando salía a la calle, primero iba al cine a ver las películas de El Cordobés y luego cumplía con los recados. La secretaria me decía, ‘usted se demora tanto que parece tortuga’, y así me quedé”, comenta entre risas.

Su debut como banderillero fue  en 1972. En la monumental de Iñaquito, por supuesto. Desde aquel año su  trayectoria es más que conocida por propios y extraños. Ha paseado su arte por plazas de primera en España, como Las Ventas, y también de Francia.

“En el coso de Bayona la autoridad ordenó que tocaran música, algo que no ocurre nunca con los banderilleros, fue una tarde memorable en mi carrera y una muestra de reconocimiento a mi arte”, sostiene Neptalí.

Otro de sus momentos de gloria fue en 1984, en la Feria de Quito, cuando el matador lusitano Víctor Mendes le invitó a banderillar y colocó un tercio excepcional. “Al final de la corrida salí en hombros junto al torero, algo jamás visto en Iñaquito”, dice con  orgullo.

También recuerda con satisfacción una tarde en Barcelona (España), en 2000, cuando fue ovacionado por una plaza llena cuando consiguió colocar un par de banderillas de antología. En este punto, Caza cambia el semblante y con tristeza asume su ausencia forzada de la feria,  después de 29 años  s consecutivos.

La razón: una lesión en el tendón de Aquiles producida mientras se entrenaba hace dos semanas, como parte de su preparación para la presente feria. “En todo caso me queda la satisfacción de ver a mi hijo Gabriel, ‘El Tortuga Dos’, con el traje de luces. Él es quien seguirá con la tradición de la tauromaquia porque yo pienso retirarme después de cinco años, cuando cumpla 60”.

Admirador del toreo tremendista, Neptalí Caza aplaude a la afición capitalina por su entrega con los toreros. Un cariño que se dejó sentir cuando en la segunda corrida de este año un aficionado gritó: “Que ponga ‘El Tortuga”, sin saber que está lesionado.

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