26 de December de 2009 00:00

Tiger, normal como nosotros

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Sergio Dahbars

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Uno podría preguntarse: ¿qué será lo que aterroriza a las sociedades contemporáneas? ¿De qué intentan huir cuando enfocan sus energías  hacia un conflicto aparentemente privado y ajeno? 

Son hipótesis para comprender la reacción que se ha desencadenado en el planeta ante la revelación de las supuestas infidelidades de uno de los deportistas más eficientes, precisos y mejor pagados, Tiger Woods.

Han transcurrido 12 días infernales para este hombre joven y muy bien concentrado, que la revista Forbes ubicó recientemente en el panteón de los seres humanos con USD 1 000 millones en su cuenta bancaria, todo logrado con una puntería cuasi robótica para controlar el movimiento del palo y línea invisible que recorre la bola, en dirección a un huequito  sagrado.

Nadie lo ha destronado del olimpo, ni siquiera sus competidores más cercanos: Mickelson, Westwood, y Sergio García...
La noche del 27 de noviembre Tiger Woods salió de su mansión en Florida, a la madrugada, y chocó. El accidente quedó oculto bajo un retazo de hechos confusos: posibles líos de faldas. 

El primero de diciembre los carniceros de los tabloides sensacionalistas ya tenían sangre en los labios: aparecieron nombres de amantes. Al día siguiente el golfista  pidió perdón a su familia por haberla traicionado. 

Siete días más tarde, un legislador demócrata  retira su apoyo para conceder una medalla de oro  a Tiger Woods. 

Para el 10 de diciembre ya existe una lista de 10 mujeres con las que ­se especula­ Tiger ha mantenido relaciones. Una de ellas es una actriz porno.
La opinión pública global goza con cada detalle de la telenovela.

La televisión dejó de transmitir anuncios. Gatorade y Gillette dejan de patrocinarlo.
 
¿A cuenta de qué surge esta doble moral? Ayer adorábamos a un joven perfecto y hoy odiamos al demonio del sexo. ¿Por qué las sociedades necesitan ángeles y no seres humanos? Los problemas de alcoba de Tiger, así como sus infidelidades, son  asunto privado que a nadie incumbe. ¿Por qué desean verlo en la hoguera? ¿Será que presidentes  de las corporaciones que patrocinan a  Tiger no caen en las mismas tentaciones que han afectado a este joven al que el dinero y la celebridad le movieron  como un terremoto?

Y qué decir de los espectadores. ¿Serán todos devotos del Dios de la fidelidad, como para lanzar la primera piedra contra Woods? 
El mundo es un desastre. La economía fue destruida por unos vivos que no pagaron por el daño atroz que cometieron. 
 
Seudotiranos tropicales le hablan al planeta de responsabilidad ambiental y social, mientras destruyen la democracia y se roban las arcas públicas.

¿Y el gran problema de la opinión pensante son las aventuras de cama de Tiger Woods? Estamos jodidos. El Nacional, Venezuela, GDA

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