21 de January de 2010 00:00

La que fue tierra de nadie

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Rodrigo Fierro Benítez

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Con el petróleo dejamos de depender de la exportación de plátano (banana en inglés), pero no dejamos de ser una ‘Banana Republic’, y tanto como que en las elecciones en las que triunfó Rafael Correa por poco se impone Álvaro Noboa, el otro finalista, bananero peso pesado, sin que le asistiera mérito personal alguno.

 Es verdad que con los gobiernos militares parte de los petrodólares que nos llovieron fueron dedicados a construir carreteras, se pagó la deuda inglesa, nos armamos ante la constante amenaza que significaban los internacionalistas peruanos, se construyeron edificios destinados a hospitales, se adecentaron las oficinas públicas con nuevos escritorios y alfombras de pared a pared y algo más que se me escapa.  Una coyuntura perdida, según analistas calificados, pues no dejamos de ser   ‘Banana Republic’, tanto es así que llegaron al Poder nada más ni nada menos que Bucaram, Mahuad y Gutiérrez, a los que bochinches callejeros les echaron del Palacio de Carondelet sin que se disparara un tiro (un muerto, es verdad también, de un ataque cardíaco).

‘De Banana Republic a no República’ es el título del libro escrito por el presidente Correa.  Como la gente tiene mala memoria o se hace la olvidadiza, cabe señalar que la situación a la que habíamos llegado hasta hace tres años no era  precisamente la de una República como la que soñó Platón y fue concebida por los enciclopedistas franceses: la división de poderes un cuento, la Justicia politizada y un Legislativo en el que la partidocracia se disputaba los favores del Ejecutivo; el bien común como norte de la gestión política una entelequia para quienes nos gobernaban.  Tan solo en una república de caníbales pudieron haberse producido dos atracos bancarios, con las consecuencias que la cuarta parte de la población huyó despavorida y los índices de desarrollo humano llegaron a ser de los más bajos del continente.

Al libro de Correa yo le hubiera puesto como título ‘De Banana Republic a tierra de nadie’. ¿Alguien se compadeció por los 3 millones de compatriotas que carecían de un sistema de salud y los recursos destinados al MSP llegaban al 3 % del Presupuesto del Estado?  ¿Alguien tuvo las agallas para enfrentarse a la UNE, controlada por el MPD, grupo maoísta que se dejó llevar por una de las barbaridades de su ídolo (“Cuantos más libros lees, más estúpido te vuelves”) y que de facto era el que dirigía la educación de niños y jóvenes que por su condición social eran los que más necesitaban de las luces del conocimiento? ¿Ha habido un país en el mundo que haya cedido sus territorios más allá de las máximas
aspiraciones de sus vecinos?  Tierra de nadie, eso era nuestro país.  Por lo que se ve, en educación y en salud, hoy  contamos con quienes se han asignado responsabilidades políticas.

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