23 de abril de 2016 13:22

La esperanza regresa a Pedernales en la hora de la comida

Terremoto en la provincia de Manabí, Pedernales fue la zona más afectada. En la foto, voluntarios que cocinan en el albergues ubicado en la cancha del colegio técnico Cristofer Llanos. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

Terremoto en la provincia de Manabí, Pedernales fue la zona más afectada. En la foto, voluntarios que cocinan en el albergues ubicado en la cancha del colegio técnico Cristofer Llanos. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

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David Landeta

El mediodía y la noche son momentos de agitación en los albergues de Pedernales, es la hora de comer y decenas de personas esperan para recibir una porción. Ellos lo perdieron todo en el terremoto en la noche del pasado sábado 16 de abril del 2016. En uno de los albergues, al sur de la ciudad devastada por el movimiento telúrico, cientos de familias esperan para recibir sus alimentos.

Olivia Jiménez estaba en una reunión familiar cuando se enteró del sismo en la provincia de Manabí, en ese momento pensó en la gente que se quedó sin hogar y decidió viajar junto a su esposo a una de las ciudades más afectadas, Pedernales  -más del 80% de las edificaciones del poblado se destruyeron o tiene problemas en su estructura-.

Dos policías forman la fila para almorzar: primero los niños junto a sus madres, después las mujeres, los hombres y al final los voluntarios. Uno a uno reciben la preparación, en esta ocasión: sopa de carne de res, arroz con chifles y un vaso de jugo. En total reparten 400 platos de comida al día, entre almuerzo y merienda, asegura Alfonso Vidales, voluntario en el refugio. Él trabaja en un restaurante en Santa Elena y llegó a la población manabita con la misma intención que sus compañeros, ayudar a los que se quedaron sin nada.

El albergue está en una cancha de fútbol custodiada por militares. 500 pedernalinos llegan al lugar en la hora del almuerzo y en la noche 250 para dormir. A diferencia de otros espacios de Pedernales, en los que los pobladores duermen sin ningún tipo de protección, este lugar tiene una gran carpa y un espacio con mesas y sillas, también cubierto para protegerse de la lluvia y pasar la noche.

José Luis Tomalá tenía una pizzería, en la provincia de
Santa Elena, como sus compañeros la motivación fue ayudar. "Han sido días duros" afirma, pero la sonrisa y la inocencia de los niños le motiva para seguir con su labor. El espacio en el que preparan los alimentos fue adaptado con dos cocinas industriales, ollas y tanques de agua.

Otro de los voluntarios es Alfredo Pazmiño Erazo, junto con su familia llegó a Manabí para ayudar con víveres y cocinar en uno de los albergues. Pazmiño confirma que sí han recibido parte de las donaciones que llegaron de Quito, Guayaquil y otras ciudades que se solidarizaron con el momento que viven los manabitas. Pero las necesidades aún son muchas, más allá del alimento, necesitan medicinas, toldos y productos de limpieza.

En el barrio Maria Luisa al noroeste de la ciudad está otro espacio adaptado para recibir a gente que perdió su hogar. Alrededor de 82 familias, es decir, 235 adultos están albergados en este espacio, según el coordinador del lugar Boris Cazquete. Para preparar y servir los alimentos dos grupos de hombres y mujeres se turnan, alrededor de 150 personas comen ahí.

La hora de la comida es uno de los momentos más gratificantes en los albergues, según los voluntarios. Los niños llenan de esperanza el lugar, sonríen y bromean dejando de lado todo lo que tuvieron que vivir y los adultos aún esperan el momento de regresar a sus casas y reconstruir a Pedernales.

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