21 de December de 2009 00:00

Tercer intento de reforma migratoria

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Olga Imbaquingo Revelo. Corresponsal en  NuevaYork

Los inmigrantes van por el tercer intento en su sueño de conseguir una ley de inmigración. El congresista demócrata por el estado de Illinois, Luis Gutiérrez, acaba de introducir un nuevo proyecto para abrir la ruta de la legalización para unos 12 millones de ‘sin papeles’.



Sobre la reforma
 La legislación,  titulada  Reforma Migratoria Comprensiva para la Seguridad y Prosperi-
dad de Estados Unido,  especi-
fica que los inmigrantes beneficiados y sus familias recibirían una visa por seis años y que luego podrían solicitar la residencia permanente.
Además, incluye  un sistema de verificación legal para que
las empresas no contraten a
indocumentados. También   propone vías para la reunificación familiar, para que los jóvenes
indocumentados sigan estudiando en el país.
De los 12 millones de personas  indocumentadas que viven actualmente en Estados Unidos, alrededor del 60 %  tienen nacionalidad  mexicana.

Unos 87 legisladores apoyan esta iniciativa que  tiene sus debilidades: no cuenta con el apoyo de los republicanos ni de los poderosos políticos demócratas.  En esencia es un proyecto de los políticos latinos, negros y asiáticos.

“Pero es el primer paso y hay que trabajar más para conseguir el apoyo necesario de  218 votos”,  dijo al diario hispano La Opinión, la presidenta del grupo de legisladores hispanos, Nydia Velásquez.

La propuesta provoca sentimientos encontrados en los representantes de organizaciones de base y de quiénes analizan las políticas migratorias.  

“Sí, es posible y necesario pasar una ley. Los intentos en 2006 y 2007 no prosperaron y nada se ha resuelto. Tenemos un sistema de inmigración más ineficiente que antes”,  dijo  a este Diario desde Washington Michele Waslin, analista del Immigration Police Center.

Según ella, “durante décadas se ha intentado dar una solución construyendo murallas en la frontera y aplicando medidas más coercitivas que no han sido exitosas, excepto en la destrucción de las comunidades,  de las familias”.
Gutiérrez, en rueda de prensa, explicó en detalle su iniciativa.

“Esta legislación debiera ser la política migratoria de nuestra nación. Hemos esperado lo suficiente, hemos puesto nuestra otra mejilla, el hecho de que hayamos sido pacientes no significa que podamos esperar para siempre”.

Óscar Paredes, director del Proyecto Latinoamericano de los Trabajadores, no es tan optimista. Y tiene sus razones:  “La crisis ha empujado a los estadounidenses a salir a competir por trabajo con los jornaleros indocumentados.

Eso está dando razones para que los extremistas y republicanos piensen que los inmigrantes vienen a quitarles el empleo y no van a apoyar una vía de legalización”.    Paredes, empero, cree que para quienes abogan por los derechos de los indocumentados se abre una nueva oportunidad de seguir en el cabildeo. “Es una nueva esperanza, pero hay que ser pragmáticos”.

La administración del presidente Barack Obama insiste en que para el próximo año pondrá al debate el tema inmigratorio.
2010, no obstante, es de grandes desafíos: habrá elecciones intermedias y no todos los políticos querrán poner las manos al fuego por este tema.

Waslin, sin desconocer esa realidad, ve que también hay oportunidades. “No va a ser fácil pasar la ley, pero los latinos son un importante bloque de votantes y esa reforma es de vital interés para esa comunidad. Los políticos están conscientes que si es que quieren ganar elecciones tienen que tomar en cuenta a los latinos”.

Los inmigrantes deben demostrar su contribución al país a través del trabajo, educación, servicio militar u otras actividades comunitarias; someterse a un chequeo criminal; pagar una multa de USD 500, además de los costos de aplicación.
Esos son algunos de los puntos que plantea el proyecto.

“La nueva propuesta es menos favorecedora. Se insiste en las represiones como más seguridad fronteriza, multas y sanciones”, dice Daniel Vila, organizador del Sindicato de Carteros, desde Allentown, Pensilvania.

Vila, sin embargo, cree que esta propuesta es “mejor que nada”. Aunque es muy escéptico de que esta vaya a salir del Capitolio por la buena voluntad de Obama o de los demócratas.
 
“Los inmigrantes y sus aliados tenemos que volver a las calles como en  2006 y pelear el tema de inmigración como un derecho humano”,  dijo. 
Quien sí se pone a soñar con la posibilidad de volver algún día a Ecuador a ver a su familia es Martín Mayancela.
 
“Mi único delito es haber venido a buscar el pan del día para mi familia.  Si tuviera documentos no me explotarían laboralmente y los empleadores que me contratan como jornalero no me mandarían sin pagar.

Punto de vista 
Manuel Enríquez/ Jornalero   indocumentado
‘Con una ley  vería a mi familia’

Sería bonito que el presidente de Estados Unidos,    Barack Obama al fin nos proteja y nos considere como seres humanos a los inmigrantes, porque nosotros    somos los que ayudamos a sostener la economía del país.

Con una ley de inmigración podría arreglar mis papeles e irme a visitar a mi familia, que vive en el Azuay y a la que no la veo hace casi 10 años. Venimos por mandar el pan del día. Tengo mujer, cuatro hijos y mis padres que ya están viejos y  no pueden trabajar.

Los debo mantener con lo poco que gano aquí. Pero he escuchado  que para ayudarnos a tener papeles debemos pagar multas muy altas. Yo  me pregunto, de dónde, si ahora no hay trabajo.

También dicen que debemos aprender el idioma   inglés.

Uno viene obligado a trabajar duro para sostener a los de allá y sobrevivir aquí, en este país.

No queda mucho     tiempo para estudiar, pero no hay que perder las esperanzas.

Nunca he tenido un    trabajo estable, siempre voy hasta la parada donde están los jornaleros y hay días que sale algo y otros días nada.   Siempre he sido un trabajador informal al que no le permiten impuestos porque no tengo documentos y muchas veces ni siquiera me han pagado por las semanas de trabajo. En estos momentos,     no se cómo nos vamos a arreglar si  nos obligan a pagar los impuestos.  
   
Eso deberían darse cuenta que es un perjuicio para la misma economía de este país”, dice.

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