11 de abril de 2016 10:00

La tensión se redujo en zonas del sur de Colombia con injerencia de las FARC

El caserío colombiano de Teteyé está ubicado en la ribera del río San Miguel, en la frontera con Ecuador.  Allí habitan unas 200 personas.

El caserío colombiano de Teteyé está ubicado en la ribera del río San Miguel, en la frontera con Ecuador. Allí habitan unas 200 personas. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

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Javier Ortega

Teteyé es territorio de la guerrilla. “FARC EP (Ejército del Pueblo) Bloque Sur” se advierte en letras grandes, blancas y negras, desde el San Miguel, un río que conecta Ecuador con Colombia. El cartel está enclavado en lo alto de un monte; para que todos lo vean.

EL COMERCIO llegó el miércoles 6 hasta ese poblado colombiano. Solo dos minutos de viaje en canoa lo separan de Puerto Nuevo, la comunidad ecuatoriana asentada en la ribera del San Miguel, a dos horas de Lago Agrio, Sucumbíos.

En Teteyé habitan unas 200 personas. Diego se crió desde pequeño en este lugar. Él aceptó hablar con este Diario. ­Llevaba una camiseta blanca, gorra, pantaloneta negra y el dedo índice derecho destrozado, sin la uña. Un tambor de plástico le remordió la mano. El joven de 31 años es marañero, como se conoce a la gente que carga los bultos de arroz, cilindros de gas y otros productos que llegan en canoas desde Puerto Nuevo o en rancheras desde el interior de Colombia. Por ese trabajo le pagan entre 500 y 1 000 pesos, menos de un dólar.

Hoy, el pueblo vive en una aparente calma. Los diálogos de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC han bajado la tensión. El miércoles, un grupo de jóvenes jugaba billar y otros muchachos conversaban afuera de un negocio de venta de jugo de caña. Las mujeres, con la cabeza cubierta para protegerse del sol, veían la TV, cocinaban y cui­daban a los niños.

El último enfrentamiento entre guerrilleros y el ejército colombiano que se recuerda en Teteyé ocurrió hace cinco meses. El sonido de las hélices de un helicóptero militar levantó a los habitantes del ­caserío. Eran las 03:00.

Diego recuerda que se quedó quieto en la cama, casi sin respirar. A su lado estaban su esposa y su hija de 1 año y 2 meses. Esa madrugada ningún campesino resultó afectado.

En las hojas de zinc que cubren las casas todavía se pueden observar los agujeros que dejaron los casquillos del armamento militar, que cayeron desde el helicóptero.

El Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia ha intentado cuantificar las secuelas del conflicto. En un informe, se señala que la guerra interna ha causado la muerte de 219 094 personas, entre 1958 y el 2012. De esa cifra, el 81% de víctimas es población civil y el restante 19%, combatientes.

En ese mismo período, el estudio reportó unos 5 138 ataques a bienes civiles y casi 6 millones de desplazamientos forzados.

Puerto Asís -el municipio donde está Teteyé- Tumaco, Medellín, Santa Marta, Valledupar…son algunas zonas consideradas críticas por los masivos desplazamientos forzados.

En Teteyé, muchas personas decidieron huir de la guerra. Diego quiso hacerlo, pero prefirió quedarse por su madre.

El miércoles recordó uno de los ataques registrados en la década del 2000. Paramilitares irrumpieron en el poblado y él, junto con otros jóvenes, cruzó en canoas hacia Puerto Nuevo. Todos se refugiaron debajo de las casas y allí esperaron que todo volviese a la calma.

Permanecieron hasta por tres días en territorio ecuatoriano. Su madre le envió comida en las canoas y también recibió ayuda de los habitantes de Puerto Nuevo. “Los paramilitares montaban falsos positivos. Mataban campesinos y los vestían con trajes de militares colombianos. Culpaban a la guerrilla de esos crímenes. Esa fue su estrategia”, comentaba Diego el miércoles.

En su mayor auge, las FARC operaron hasta con 25 000 personas, ahora se calcula que son 7 000. Los pobladores dicen que eso también influyó en algo para que bajara la tensión.

En Teteyé sigue latente la presencia guerrillera. En los tablones de madera de las casas hay grafitis que advierten que el caserío es su zona de influencia. “Ingresa a las FARC-EP, Manuel Vive, PCCC (Partido Comunista Clandestino Colombiano)”, dice uno de los mensajes escritos en las fachadas de las viviendas. “Ellos no viven aquí. No se los ve, solo se los escucha. Están adentro, en la selva”, asegura otro campesino, sin dar el nombre.

Según las Fuerzas Armadas colombianas, el Bloque Sur de las FARC es de las facciones que más dinero recauda del narcotráfico y es considerado de los principales proveedores de recursos económicos para la guerrilla. Pese a esto, los caseríos dominados por las FARC respiran pobreza. Teteyé no tiene agua potable ni energía eléctrica ni centros de salud. Los habitantes almacenan agua lluvia o esperan la llegada de tanqueros para cocinar los alimentos, bañarse… Pequeñas plantas de energía, activadas con combustible, encienden los electrodomésticos.

Unos 30 adultos están con el virus del chikungunya. Ellos beben guarapo y toman acetami­nofén para aplacar el dolor.

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