24 de mayo de 2014 14:43

La tensión del debate presidencial en Colombia fue detrás de cámaras

Los candidatos Óscar Iván Zuluaga, del uribista Centro Democrático (izq.); Enrique Peñalosa de Alianza Verde; y Juan Manuel Santos, candidato a la reelección. Foto: Guillermo Legaria / AFP

Los candidatos Óscar Iván Zuluaga, del uribista Centro Democrático (izq.); Enrique Peñalosa de Alianza Verde; y Juan Manuel Santos, candidato a la reelección. Foto: Guillermo Legaria / AFP

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El Tiempo de Colombia, GDA

Faltaba poco para comenzar. Las cuatro cámaras del estudio del Canal Caracol estaban listas. En el centro del 'set', Luis Carlos Vélez, director de noticias, ya estaba en situación. A un lado, fuera de cámaras, Marta Lucía Ramírez, Clara López, Enrique Peñalosa, Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga se reían entre ellos.

"Entonces no podemos hablar de lo que está pasando", se quejó Peñalosa primero. "Estamos amarrados", dijo luego Zuluaga al ser interrumpido en una respuesta sobre Venezuela. Y con el corte comercial crecieron las protestas. Los candidatos, excepto Santos, se reunieron unos segundos y, junto a sus asesores, manifestaron su molestia. Fue una especie de cónclave en el que acordaron pedir garantías. El candidato presidente, entre tanto, recibía consejos de su esposa y sus tres hijos.

Al unísono, Zuluaga, Peñalosa, Ramírez y López protestaron por lo que consideraban falta de garantías para intervenir. "Si no cambian eso, no podemos seguir", dijo molesto el candidato de la Alianza Verde, mientras que la aspirante conservadora pedía que los dejaran hablar. Al lado, Medina, asesor de Zuluaga, se quejaba visiblemente molesto. Los fotógrafos y técnicos se sumaban a la multitud y todo parecía caos. Fue entonces cuando Vélez debió hacer acopio de fuerza y experiencia y calmó las olas que parecían crecer sin control. "Por favor, las reglas estaban claras. Déjenme hacer mi trabajo. Retomemos y compensamos el tiempo que se quitó", dijo en tono un tanto molesto.

¡Un minuto y al aire! Gritó el coordinador de la transmisión y de inmediato el ambiente se despejó. Como si nada, el debate se retomó y volvió la calma, al menos en las pantallas de televisión.

Entre familia y asesores

Aparte del tercero, cada corte comercial era la oportunidad de ajustar cargas y recargar ánimos. Y los candidatos lo hicieron a su manera. Santos no buscó a sus asesores, sino que se rodeó de su familia, que le hablaba al oído, le retocaba el pelo o le aplaudía alguna intervención.

Zuluaga, además de tener a su lado a su esposa, quien le daba ánimo, escuchaba los consejos de Medina y de otros expertos mientras era retocado por una maquilladora. Peñalosa y Ramírez hacían lo propio en una esquina del 'set', mientras que Clara López optó por irse al público y hablar con su esposo. De hecho, esto le valió una pequeña 'reconvención', pues al subir movió la tarima donde estaba la grúa encargada de hacer las tomas aéreas del debate. "Disculpas, mil disculpas", dijo al bajar.

Al momento de volver al aire, todo era silencio, aunque en ocasiones las barras lanzaban uno que otra observación, comentario o incluso risas en tono sarcástico, como cuando Santos afirmó que la llamada 'mermelada' era inversión social. Desde las tribunas de Peñalosa, Ramírez y Zuluaga se escucharon algunas carcajadas y quejas. Al lado, los acompañantes de López consumían de mano en mano un paquete de maní salado. Al fin y al cabo una hora y media de debate suele dar hambre.

Mientras tanto, en escena, no había mayores sobresaltos. Una de las pocas sorpresas ocurrió cuando Santos, en medio de una intervención, le regaló a Zuluaga su libro 'Jaque al terror' tras una respuesta sobre el proceso de paz. Y cuando el coordinador anunció que estaban "fuera del aire", volvió la multitud a escena.

Hubo entrevistas, abrazos y fotos de los candidatos con algunos de los 30 alumnos de la Universidad de los Andes invitados al debate. Luego, cada candidato, casi que sin despedirse entre ellos, o hacerlo muy rápidamente, tomó su rumbo. El primero en partir fue Santos, quien antes salió a saludar a las 'barras' que lo esperaban.

Clara López partió como llegó, sonriente y muy tranquila. Ramírez y Peñalosa se fueron discretamente y Zuluaga, tras un encuentro de balance con su equipo en el camerino y una rueda de prensa, salió del lugar tranquilamente y, de nuevo, de la mano de su esposa.

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