1 de March de 2010 00:00

El temblor y el tsunami dejan 711 víctimas

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Concepción. DPA, Reuters y AFP

Mientras los rescatistas en Chile hurgaban ayer entre los escombros buscando sobrevivientes de uno de los mayores terremotos de la historia,  la cifra de muertos aumentaba por centenares, 711, hasta el cierre de esta edición, los isleños del archipiélago chileno de Juan Fernández seguían incomunicados. 

En la mañana del sábado, los pobladores de las islas  notaron el daño que el sismo de 8,8 grados en la escala de Richter, con epicentro en la ciudad de Concepción había provocado en el continente, mientras las autoridades de los islotes esperaban la información sobre un posible tsunami. Pero las llamadas nunca llegaron.

Cuando la marea comenzó a subir, no quedó más que recurrir a la sirena de advertencia de peligro. Algunas personas ni siquiera la oyeron. Parte de los más de 629 habitantes de la localidad de Juan Bautista, en la Isla Robinson Crusoe, corrieron hacia los cerros.

Una ola de 15 metros arrasó con todo lo que encontró a su paso. Cementerio, iglesias, recintos deportivos y el único colegio de la zona fueron reducidos a tablas sueltas y vidrios rotos. Los edificios de la gobernación local simplemente desaparecieron.

Una vez que el mar retrocedió, la isla Robinson Crusoe se inundó nuevamente, pero de desolación. El fango cubrió tres kilómetros hacia el interior desde la costa.

Alberto Recabarren, de 40 años, sobrevivió al desastre luego de resistir más de dos horas sepultado bajo los restos de su casa. “Al menos tres veces fui arrastrado por las olas y pude mantenerme al agarrarme de unas zarzamoras, donde me encontraron después”.

El tsunami dejó un saldo de cinco personas muertas y la desaparición de otras 14. Las muertes y la destrucción fueron consecuencia de una falla en la detección de la marejada, tras el terremoto.

“La gente de la Bahía Cumberland hubiese escapado con una alerta temprana”, sostuvo Fernando Cáceres. La demora en el aviso de marejadas, que dejó sin campo de acción a los pobladores de Juan Fernández, provocó polémica entre la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior (Onemi) y la
Armada, ya que ninguna autoridad quiso hacerse  cargo del error.

“La primera información que recibimos es que no había tsunami (...) Cuando preguntamos por una variación que se nos estaba informando localmente en Juan Fernández, en la altura de la marea, se nos habló de no más allá de 18 cm y estábamos hablando de metros”, dijo Carmen Fernández, directora de la Onemi.

La postura de Fernández fue luego ratificada por el ministro de Defensa, Francisco Vidal. “La verdad, aunque duela. Ayer, una repartición de la Armada cometió un error. Lo que se vio en la costa entre la Sexta y la Novena Región es maremoto aquí y en Burundi”, dijo Vidal. El tsunami dejó a los isleños más aislados de lo común.

Mientras tanto que ayer las réplicas aún estremecían la tierra y tenían a los chilenos atemorizados, luego de que muchos pasaran la noche en colchones en la calle, por miedo a derrumbes. “La catástrofe es enorme.  

En Concepción, la segunda mayor ciudad del país y a 500 kilómetros al sur de Santiago, los daños fueron masivos. Casas y puentes quedaron destrozados y las llamas de incendios iluminaron por la madrugada la noche cerrada.

Unos hombres, con ayuda de palancas, abrían las puertas metálicas de un supermercado, luego cientos de personas entraron. Unos con alimentos, otros con televisores, la gente salía con lo que podía, en una situación que se está “saliendo de control”.

Los testigos contaban cómo dos hombres sacaban de un supermercado en el centro de Concepción una lavadora que introducían en el baúl de un auto. Otro más corría empujando un carrito de supermercado lleno de cervezas, y uno más se alejaba con un televisor de plasma en su caja.

Pero para la mayoría de las personas, el saqueo de los supermercados era una cuestión de supervivencia. “Esto es para mis hijos, es la única forma que tengo de alimentarlos”, decía un hombre, con los ojos llorosos , que violentó una puerta metálica.

“Tenemos que comer”, señaló una mujer que pedía leche. “Quienes tienen hijos me entienden”. Se quejó de que un supermercado estaba saturado de gases lacrimógenos: poco antes, la Policía intentó reprimir los pillajes con tanques lanza agua (llamados  ‘guanacos’) y con gases.

A causa de los desmanes, en Concepción se decretó  un estricto toque de queda. Según la  orden del jefe militar Guillermo Ramírez, quienes salieran a la calle, entre  anoche y las  06:00 de hoy, sin autorización, serán detenidos y llevados a la Policía.

Testimonios

Lucky González/  Microempresaria

‘Pude comunicarme con mi familia por la tarde’

Pude comunicarme enseguida con mi hermana que vive en Santiago. Me contó que todo empezó con un temblor normal y luego tomó fuerza.  Decía que el ruido era impactante y que el movimiento no les permitía ni siquiera caminar. Ella tiene una vivienda bien construida, que soportó el terremoto. No le pasó nada. Mi hijo Tomás también vive en la capital y recién ayer pude hablar con él.

Mi hermana me comentaba que no me preocupara por él, porque estaba bien. Pero ahora que acabo de escucharlo me siento más tranquila. Él me ha contado que sus amigos ecuatorianos que viven allá están asustados porque nunca han sentido un movimiento tan fuerte. Tuve suerte al comunicarme con mi hermana. Ella y mi hijo todavía están temerosos por las continuas réplicas del terremoto que sacudió a mi país.

Alfredo Minervini /Ingeniero

‘El terremoto los despertó a la madrugada’

En la mañana del sábado, intenté  hablar con  mi hijo Alfredo y no lo conseguí. Después de insistir como 10 veces, lo logré. Fue un golpe de suerte. Él y su esposa estaban alterados. Dijeron que se habían despertado en la madrugada y escucharon el estruendo de la vajilla que se hizo pedazos por el terremoto. Estaban conmocionados. Alfredo es médico neurólogo y dejó el país para radicarse en Santiago de Chile. Vive en el barrio residencial de Vitacura.

Habita en una casa de dos pisos que resistió al embate de la naturaleza. Su esposa es chilena y tiene una residencial estudiantil frente al barrio O’Higgins,  también en la capital chilena. El edificio también resistió. Luego de la llamada realizada el sábado, mi esposa Ileana y yo ya no hemos podido hablar con él. Se dificultó la comunicación.  

Julio Fournier/ Diseñador

‘Mi familia vive en la región del Bío Bío’

Un amigo chileno que también vive en Quito me llamó a las cuatro de la madrugada para contarme del terremoto. Me asusté porque mi hermana y mi padre viven en la región del Bío Bío, afectada por el terremoto. Me costó bastante hablar con mi hermana. Por milagro, lo logré. Ella vive con sus hijos en Los Ángeles, en la región del Bío Bío.

Me contó que se llevó un susto tremendo y que el terremoto duró cerca de tres minutos. Dijo que empezaron a escuchar un ruido similar al que produce el granizo cuando llueve  y luego empezaron a caer las tazas, la computadora, el televisor. Todo se fue al piso. Pasaron la noche fuera de la casa. Felizmente es una vivienda de madera que resistió bien. Solo una ventana quedó colgando.

Paula Rojas / Ciudadana chilena 

‘La gente está asustada, no saben si ya terminó’

A las 07:00 del sábado recibí una llamada. Me dijeron de un terremoto en Chile. Uno piensa que fue un simple temblor, pero cuando vi  la TV me angustié  por    comunicarme con mi familia. No había señal y recién a las 08:00 pude hablarles. Gracias a Dios  están bien.

La incertidumbre pasó, pero las réplicas siguen. Cada 20 minutos hay sismos de cinco grados. La gente está asustada, no saben si ya terminó o si vendrá algo peor. 

La primera noche mi familia pasó en la calle. Ellos viven en San Fernando, a dos horas de Talca, sitio del epicentro. Por la radio, porque no hay luz, saben que hay zonas costeras que desaparecieron. El mar subió y  se llevó todo.

Desde Guayaquil, donde estoy hace un año, los llamo cada media hora. Ellos quieren pensar que todo acabó, pero hay muchas réplicas y dicen que faltan muchas más. Red. Guayaquil

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