19 de December de 2009 00:00

Un taller textil ayuda a rehabilitar a las presas

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Redacción Judicial

Al salir de la cárcel de mujeres de Quito, Fany Bone  quiere instalar una microempresa  textil.

Ella fue sentenciada hace 15 meses  a 20 años de reclusión por el asesinato de una mujer, en Santo Domingo de los Tsáchilas.

La trasladaron a Quito para que cumpla su pena. Confiesa que los primeros meses de encierro fueron  difíciles,  en especial por  la  ausencia de su esposo e hijos. 

Para sobrellevar su situación  trató de aprovechar el tiempo libre. “Me inscribí en los cursos que da el Servicio Ecuatoriano de Capacitación Profesional (Secap)”.
      
El más reciente fue sobre elaboración y diseño  de prendas de vestir para hombres y mujeres. “En mi casa  no cosía ni una camisa y ahora  confecciono hasta la ropa  que uso a diario”, dice orgullosa.

Igual que Bone, otras 199 privadas de libertad participaron en el mismo curso. Contó con  el auspicio del   Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.

El proyecto incluyó la instalación, dentro  de la cárcel, de  un taller industrial con 20 máquinas de coser de última tecnología. Se invirtieron  USD 200 000.
 
“El sistema de atención integral provee trabajo, salud, actividades culturales a las personas privadas de libertad.  Esto incide en su crecimiento personal”, dice   Ximena Costales, subsecretaria del Ministerio de Justicia. Además, agrega, el programa   facilita las peticiones de reducción de condena.

 Bone lo sabe y por eso trata de aprovechar cada capacitación dentro de la cárcel. Recuerda que la primera prenda que confeccionó fue un terno verde ceñido al cuerpo. “Sentí mucha alegría al saber que lo hice con mis propias manos. Ahora todo lo que uso sale de mi máquina de coser”.
 
Washington Yarango, director de la cárcel,  asegura que  las detenidas  que se vinculan a estas tareas, muestran un cambio favorable. “Se sienten motivadas y creen más en sus capacidades”.
   
Bone lo reconoce y por eso dice que sus primeros diseños los venderá a sus compañeras de celda y familiares. “Así, ya tendré  clientes seguros para cuando inaugure  mi microempresa”.

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