27 de enero de 2015 08:43

Sobrevivientes vuelven a Auschwitz y dicen que se puede perdonar, pero no olvidar

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Agencia DPA
Auschwitz (Polonia)

Paula Lebovics recuerda muy bien el día más feliz de su infancia en Auschwitz: "Estábamos en el catre más alto de nuestra barraca cuando las bombas cayeron en la verja eléctrica. Reíamos y reíamos sin parar. No habíamos reído durante mucho tiempo".

Y Lebovics sigue riendo 70 años después al recordar aquel día de 1945 en el que ella y su amiga Miriam pudieron volver a ser las niñas de 11 años que eran entonces.

Con motivo del 70 aniversario de la liberación de Auschwitz, la mujer de origen polaco residente en California ha vuelto al antiguo campo de exterminio alemán para recordar hoy (27 de enero del 2015), junto a otros supervivientes, aquel día en que se acabó el infierno. "Recuerdo todo", asegura. "A veces es malo, pero el recuerdo es todo lo que tenemos".

Al contrario que ella, para su amiga Miriam Ziegler, canadiense de origen polaco, es la primera vez que vuelve a Birkenau, tras intentar hacerlo hace algunos años. "Pude ver Auschwitz, pero cuando vi delante de mí la exposición de pelo, zapatos y maletas, simplemente no pude continuar. Birkenau habría sido demasiado".

Sobrevivientes caminan en su antigua prisión después de rendir un homenaje a los compañeros caídos en el "muro de la muerte" punto de ejecución en el antiguo campo de concentración de Auschwitz en Oswiecim , Polonia, en el 70 aniversario de la liberación

Sobrevivientes caminan en su antigua prisión después de rendir un homenaje a los compañeros caídos en el "muro de la muerte" punto de ejecución en el antiguo campo de concentración de Auschwitz en Oswiecim , Polonia, en el 70 aniversario de la liberación del campo de exterminio nazi el 27 de enero de 2015. Foto: AFP

Porque Birkenau fue el lugar en el que vio por última vez a su padre, un padre al que buscó siempre y que nunca encontró. El lugar en el que se congelaba de frío en una barraca de madera junto a otros niños y donde siempre era llevada a una sala con azulejos blancos donde el tristemente famoso Josef Mengele utilizaba a los presos para sus experimentos pseudomédicos.

Ziegler no puede recordar esa parte de la vida en el campamento, sino solo el dolor con el que se despertaba de nuevo en su barraca y que muchos años la acompañó en sus pesadillas robándole el sueño. Con su hija Adrienne, Ziegler visitó hace unos días Birkenau, y ahora se alegra de haber ido, pese a la nieve, el frío y el viento helado que sopla a través de la enorme superficie del antiguo campamento convertido en un cementerio sin tumbas para más de 1,1 millones de personas.

"Había tanta gente y tantos jóvenes", cuenta. "Vi el interés de esos jóvenes en nuestro pasado, su consternación y sus lágrimas", cuenta. Algo que le dio esperanza en que el mundo quizá pueda aprender de la historia. "Ayer pude volver a dormir por primera vez una noche del tirón". "Duele volver aquí", cuenta también Eva Umlauf.

La mujer de 72 años no tiene recuerdos conscientes de su estancia en el campo al que llegó con sólo 23 meses de vida desde Eslovaquia, junto a su madre embarazada.

"Naturalmente con dos años no se tienen recuerdos conscientes, pero todos llevamos a nuestras espaldas esta carga de Auschwitz. "De alguna manera esto es una especie de misión", cree Gabor Hirsch, de 85 años. El judío húngaro que hoy vive en Suiza volvió por primera vez a Auschwitz en 1990 junto a su hijo, que se decidió a hacer el viaje.

Como psicoanalista, Umlauf, que vive en Múnich desde 1967, trabaja con el subconsciente de las personas. Para ella volver a Auschwitz es también una especie de proceso curativo, una aceptación del pasado.

Hace algunos años Umlauf habló en los actos conmemorativos en el aniversario de la liberación de Auschwitz y también con sus hijos y nietos sobre el pasado.

"Es una obligación interna, pues en un tiempo cercano los últimos supervivientes enmudecerán y no podrán dar más testimonios", destaca. "Cuando se ha nacido bajo esta estrella el dolor es grande.

Pero cuando se acepta conscientemente el dolor, se puede seguir viviendo, aparentemente con normalidad (...) "Aunque a veces uno se pregunta realmente cómo se puede seguir viviendo".

El 27 de enero es un día especial en un lugar especial para Umlauf. Pues se devolvió a la vida a los prisioneros supervivientes. " Pero cuando se está aquí, uno no se encuentra con la vida, sino con la muerte. Es el frío, es el vacío, es la tierra quemada. Pero pese a todo eso, es mi biografía".

Sobre el debate desatado por la ausencia del presidente ruso, Vladimir Putin, en la celebración de este año, Umlauf considera que la cuestión tiene dos caras. "Por un lado uno se pregunta si debería estar aquí, teniendo en cuenta lo que pasa en Ucrania. Pero por otro lado fue Rusia, su Ejército Rojo, el que liberó Auschwitz. Si tuviera que decidir, lo invitaría. No porque me guste, sino porque forma parte de ello".

Eva Kor también se emociona al pensar en los soldados rusos que la liberaron poco antes de cumplir 11 años. "Nos dieron chocolate y galletas y nos abrazaron", dijo. "Estábamos tan hambrientos, no sólo de comida, sino también de cariño y amor humano", recuerda.

Con su hermana gemela Miriam, Kor, nacida en Rumanía, fue objeto de los experimentos de Mengele. "Frente a todas las expectativas, sobrevivimos", cuenta. Tras la liberación, "sólo querían volver a casa, pero no fue posible, porque la guerra no había terminado aún".

Eva y Miriam Kor aparecen en la famosa foto de unos niños que tomó días después un fotógrafo ruso. "Vinieron después de la liberación con una gran cámara y nos dijeron que nos pusiéramos todos los trajes de rayas. Pero algunos niños se negaron porque consideraban indigno volver a llevar ese traje de prisionero".

En esa foto también está Paula Lebovics, que recuerda cómo los niños recuperaron ropa de otra barraca para posar para la foto. Pero zapatos.... "No puedo recordar haber llevado zapatos en Auschwitz. Esa foto no se corresponde con la realidad", asegura.

Y precisamente contar la verdadera historia es cada vez más importante para los supervivientes de Auschwitz. Sobre todo cuando su cifra se reduce cada año es más importante que nunca mantener el recuerdo. "Se puede perdonar, pero no olvidar", afirma Umlauf. Sin embargo, algunos se muestran escépticos sobre que se haya aprendido algo de Auschwitz, como Hirsh: "Ocurre hoy en Siria, en Iraq, en Ruanda. La gente no es más lista ni ha aprendido nada".

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