16 de enero de 2017 15:47

La carrera diplomática marcó la ruta de Patricio Zuquilanda

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Agustín Eusse

Los más de 13 años que han pasado desde que fue canciller de la República no le han marcado en su físico, salvo por el tinte que disimula sus canas. A sus 69 años el guayaquileño Patricio Zuquilanda Duque mantiene un semblante adusto pero con una vitalidad que le permite enfrentar extenuantes recorridos de campaña por Quito y el país.

A las 11:45 del viernes 6 de enero del 2017, los teléfonos de sus asesores suenan constantemente en el cuartel general de campaña del Partido Sociedad Patriótica (PSP), ubicado en la calle Bélgica y av. 6 de Diciembre, en el norte de la capital. Van casi seis horas desde que el candidato presidencial madrugó para atender entrevistas en televisión, en radios y con reporteros del Instituto de la Democracia del Consejo Nacional Electoral.

Con un elegante traje azul, corbata y zapatos de color vino bien lustrados, Zuquilanda posa para la sesión de fotos delante de una gran pancarta plasmada con imágenes del líder del PSP. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO


Su última parada sería la ciudad de Loja para cumplir una larga jornada de recorridos de campaña junto a Priscila Flores, su tercera esposa. A ella la conoció hace 12 años en la Cancillería cuando ejercía como titular del Palacio de Najas.

Con un elegante traje azul, corbata y zapatos de color vino bien lustrados, Zuquilanda posa para la sesión de fotos delante de una gran pancarta plasmada con imágenes del líder del PSP, Lucio Gutiérrez, que gobernó el país desde el 15 de enero del 2003 al 20 de abril del 2005. En una de ellas se observa al coronel junto al exmandatario estadounidense George W. Bush, con quien su régimen mantuvo una relación muy cercana.

Zuquilanda es un hombre de buenos modales y educado, producto, dicen sus allegados, de su formación y experiencia diplomática.

Hasta el 2007, este licenciado en ciencias políticas y sociales, doctor en jurisprudencia y especialista en planificación y desarrollo regional formado en las universidades Central del Ecuador, Federal de Pará en Brasil y Suiza, cumplió 37 años de trabajo en el servicio exterior.

Antes de ser designado canciller por el gutierrismo, fue jefe adjunto de misión en las embajadas de Estados Unidos y Colombia, así como embajador en Egipto, Corea del Sur, Tailandia, Singapur, Malasia... En mayo del 2007, dos años después del golpe contra Gutiérrez, el excanciller Zuquilanda entró de nuevo en escena como representante de la OEA en Costa Rica.

También, es de gustos finos. De canciller tomaba agua aromática en una taza de porcelana con filo dorado grabada con el escudo nacional. Un pasaje controversial ocurrió en agosto del 2003 cuando el diputado Guillermo Haro denunció la venta de un auto Mercedes Benz, alemán, flamante, adquirido por el Canciller y exonerado de impuestos. La supuesta transacción se realizó a los 42 días de haber ingresado al país, mientras que la ley ordena que se lo comercialice a los cuatro años. Pero Zuquilanda desvirtuó la acusación. “Nuestro procedimiento en la Cancillería siempre fue austero, muy disciplinado”, señala Zuquilanda a diario EL COMERCIO.

Él mismo recuerda el episodio del escándalo que se armó con la venta de una limusina -un Cadillac antiguo- que el Palacio de Najas usaba para recibir a personalidades extranjeras. Como estaba en desuso el Ministerio alquilaba un Mercedes Benz con chofer incluido por el que pagaba USD 1 000 diarios. “La solución fue vender un lote de vehículos viejos que estaba abandonado en los patios de la Cancillería y así conseguimos USD 60 000 para comprar un Cadillac nuevo”.

Zuquilanda aprecia el caballo criollo. Aunque su familia, oriunda de Macará, en la frontera sur, no fue acomodada pero sí de clase media, recuerda que de muy niño acudía a su escuela unidocente montado en caballo. Esa afición la heredó de su padre, José Zuquilanda, oficial del Ejército y héroe de la Guerra del 41. De él aprendió la disciplina y otros valores militares como el respeto a las autoridades. Pero también es frontal y metódico. E impaciente, dice su esposa Priscila.

“Soy muy disciplinado, austero, planificador y ejecutivo y por eso es que soy impaciente”, reconoce. Según él, uno de sus grandes defectos es que exige mucho a las personas. Su viejo amigo y compañero en la carrera diplomática, Edwin Johnson, lo califica como una persona fogosa pero controlada. El presidente del PSP, Gilmar Gutiérrez, se refiere a él como un amigo leal, de principios firmes y muy solidario. En eso coinciden sus colaboradores y amigos Fernando Balda (exPSP), Néstor Marroquín y Ramiro Montenegro.

Por sus características de experto negociador y por su capacidad para resolver conflictos fue escogido como candidato a la Presidencia, asegura el asambleísta Gutiérrez.

Sin embargo, en los 19 meses que Zuquilanda estuvo al frente de la Cancillería se registraron una serie de hechos que afectaron la imagen del país. Desde las irregularidades en la designación de la cuota política del servicio exterior, hasta sus inoportunas declaraciones en un simposio en Madrid que mereció el rechazo de asociaciones de inmigrantes. En marzo del 2005 Zuquilanda confesó que su madre contrató colombianos ‘sin papeles’ para que laboren en su finca. En su defensa el excanciller explicó que la anécdota no fue más que una metáfora.

Pero quizás lo más cuestionado fue la cercana afinidad que Gutiérrez y él tenían con EE.UU. A Zuquilanda se le criticó su poco sentido de país porque consultaba frecuentemente con la Embajada americana. Exdiplomáticos y políticos lo acusaron de mermar la soberanía por “tratar de jugar en las grandes ligas” con EE.UU.

Cuatro meses después de la caída del gutierrismo, Zuquilanda fue censurado por el Congreso. Lo responsabilizaron del hundimiento de ocho barcos por parte de EE.UU. y aliarse al Plan Colombia. Las últimas encuestas de Market, Cedatos y OpEcuador dan al candidato menos del 1% de la intención de voto.

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