21 de mayo de 2015 10:43

La Simón Bolívar es parada de buses en el intercambiador de la vía a Los Chillos

Las personas que se ubican en la parada de buses se dirigen hacia el norte de Quito (Carapungo) o los valles de Tumbaco y Cumyayá. Foto: Valeria Heredia/ EL COMERCIO

Las personas que se ubican en la parada de buses se dirigen hacia el norte de Quito (Carapungo) o los valles de Tumbaco y Cumyayá. Foto: Valeria Heredia/ EL COMERCIO

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Valeria Heredia

Las carreras para alcanzar los buses, entre puestos de desayunos, rompen la cotidianidad en la transitada vía de alta velocidad de la periferia oriental de Quito. El intercambiador que conduce a la autopista General Rumiñahui es un improvisado paradero de buses sobre la avenida Simón Bolívar.

El movimiento se inicia a las 05:00 y se intensifica a partir de las 07:00 con la llegada de cientos de personas, en busca de un bus o buseta, especialmente en sentido sur-norte. Desde allí, los usuarios se movilizan hasta Carapungo (en el norte), Cumbayá, Tumbaco, Puembo, Pifo o el aeropuerto de Tababela (en el valle de Tumbaco). En sentido contrario, al extremo occidental del intercambiador, también hay ciudadanos que van a Guajaló (en el sur). Otros se dirigen a Los Chillos.

A diario, por la Simón Bolívar circulan entre 70 000 y 90 000 automotores, entre particulares y públicos. En este último grupo están: busetas que van hacia Carapungo, a un costo de USD 0,75; y para Cumbayá, a USD 0,50. Los automotores vienen desde Chillogallo y Guajaló.

Estos precios son cómodos si se los compara con el ahorro del tiempo. Así lo afirmó Doris Torres, quien viaja a Cumbayá. Ella es una docente que vive en Sangolquí y tiene que llegar a Cumbayá, a las 06:45. “Me ahorro bastante tiempo. Es una buena opción para mí”.

En la parada de la avenida Simón Bolívar, los pasajeros emplean buses, furgonetas y hasta transporte interprovincial para llegar a sus destinos. Foto: Valeria Heredia/ EL COMERCIO

En la parada de la avenida Simón Bolívar, los pasajeros emplean buses, furgonetas y hasta transporte interprovincial para llegar a sus destinos. Foto: Valeria Heredia/ EL COMERCIO

Otra de las personas que usa este vía es William Peña, trabajador. Él acostumbra a tomar un bus hacia el Aeropuerto Mariscal Sucre, de Tababela. Relató que esta es una de las paradas de mayor movimiento de la Simón Bolívar, que mide 45 kilómetros. "He pasado desde las 05:00 y ya se observa gente esperando un automotor para que les lleve".

Pese a la presencia masiva de personas, dijo, que no se ve la presencia policial. "Faltaría más control porque se han escuchado casos de robos cuando las personas intentan llegar a esta parada".

Diariamente, en esta parada están cuatro efectivos de la Policía Nacional: dos motorizados y un patrullero con dos uniformados. El primero está desde las 05:00. El segundo llega a las 06:00. Wilson Cumbajín, policía del circuito Monjas-Coyacoto, afirmó que su objetivo es coordinar esfuerzo para traer seguridad a este sector. "Hemos evitado la presencia de delincuentes en el puente".

Las ventas ambulantes se han ubicado en esta parada para captar clientes. Foto: Valeria Heredia/ EL COMERCIO

Las ventas ambulantes se han ubicado en esta parada para captar clientes. Foto: Valeria Heredia/ EL COMERCIO

En esta zona, también, se registra una fuerte congestión vehicular. William Chasi acostumbra predicar su religión en este sector. Lo hace junto a Lorena Chasi, su hermana. Para William, uno de los problemas es la congestión y la llegada masiva de personas. “A las 07:00, los buses pasan repletos y las personas se suben como pueden a las unidades. Es la desesperación de llegar a sus sitios de trabajo”.

Para este hombre es necesario que se habiliten más unidades de transporte porque la demanda es alta. “Cada vez, la población crece por lo que se deben mejorar los servicios de transporte”.

En esto coincide Freddy Hernández. Este joven, quien trabaja en una empresa, señaló que es un problema tomar un bus o buseta, en las horas pico. “Hay personas que, incluso, se suben en buses interprovinciales para llegar a sus trabajos, a tiempo”.

Las ventas son parte del ambiente de este sector. Hay siete puestos, que comercializan todo tipo de alimentos. Las aguas de remedio, las comidas, los desayunos y los ‘snacks’ son parte de los productos que se venden.

Laura Amalgama vende aguas de remedio con sábila. El costo del vaso es de USD 0,50. “Hay buenas ventas, en especial, en las mañanas, porque hay personas llegan sin desayuno”.

El movimiento empieza a bajar mientras pasan los minutos. Alrededor de las 09:00, las situación es distinta. Hay pocas personas, al igual, que vehículos, por lo que el tránsito es fluido.

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