21 de julio de 2015 19:57

Los servicios de ‘hacker’ y espionaje se ofertan sin restricción en la web

Los ‘hackers’ operan desde el anonimato o con sobrenombres. Foto: Tomada de Pixabay.

Los ‘hackers’ operan desde el anonimato o con sobrenombres. Foto: Tomada de Pixabay.

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Sara Ortiz

La oferta ilegal es amplia. Las bandas o personas que operan de forma individual ofrecen vulnerar la contraseña de un correo electrónico, de una cuenta en Facebook, Twitter o Instagram.

Dicen que por eso cobran USD 75. Incluso aseguran que el precio “incluye garantía”: si la víctima cambia la contraseña en los 15 días posteriores al primer ingreso fraudulento, el mismo ‘hacker’ le consigue la nueva contraseña sin un costo adicional. Pero si el dueño vuelve a cambiar deberá contratar un nuevo servicio.

Estas propuestas de hackeo aparecen en la Red. Y la existencia de estos servicios criminales no es novedad para los agentes. En la Unidad de Investigación de Cibercrimen de la Policía Judicial se reciben cada día reportes de ataques o accesos a cuentas personales.

Pero las ofertas y quienes están detrás son indagaciones reservadas. Hasta mayo de este año, la Fiscalía ha recibido 626 denuncias por delitos informáticos. El 14% tiene relación con personas que intentaron o vulneraron las seguridades de correos electrónicos o de las cuentas en redes sociales.

‘ING...’ es un ‘hacker’ que los usuarios de foros abiertos en la web lo recomiendan y agradecen por “su profesionalismo”.

Por cada contraseña de correo cobra USD 180 y el pago se hace luego de haber logrado el objetivo. Asegura que demora cinco horas en obtener la información. “Una vez realizado el trabajo le enviaré un mensaje directamente desde el correo de su víctima como prueba que ya tengo la contraseña”, advierte en un correo enviado a un supuesto usuario que se contactó con ‘ING...’ para saber cómo operaba.

En el correo se asegura además que opera en ocho países, incluyendo Ecuador. Además de ofertar claves de correo también dice investigar casos de estafa, extorsión, amenazas o suplantación de identidad, borra historiales bancarios y hasta vende programas hacking. “Damos cursos para proteger su PC de ataques hackers, recuperamos mensajes eliminado, enviados, contactos etc.”.

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¿Cómo pueden actuar si la actividad es ilegal? El Código Integral Penal sanciona hasta con cinco años de cárcel a quien acceda, intervenga, divulgue información personal, destruya o modifique base de datos.

La pena es tanto para quien comete como el que encarga un trabajo. Por eso los ‘hackers’ operan desde el anonimato o con sobrenombres. Los investigadores, que también trabajan bajo el anonimato, pero con órdenes judiciales, dicen que es difícil rastrear a los sospechosos porque usan IP (código único de los dispositivos) falsos.

Uno de los casos públicos se conoció en febrero del 2013. Una universidad privada de Guayaquil denunció que su sistema informático había sido atacado y que se modificaron las notas de 70 alumnos. Ese mismo mes, tres personas de entre 20 y 24 años fueron detenidas en esa ciudad. El fiscal Mauricio Quintana explicó que supuestamente cada alumno había pagado entre USD 200 y 300. El caso se descubrió cuando un profesor detectó que tres estudiantes de medicina reprobados aparecían en el sistema con el estatus probatorio.

Durante el allanamiento de la casa de un sospechoso, la Policía halló el comprobante de transacción bancaria denominada “transferencia de notas”.

Pero en abril del año pasado, los tres jóvenes fueron encontrados inocentes.

Dos años después, todavía en la web se esconden ‘hackers’ y cibermafias que ofrecen cambiar las notas y vulnerar las seguridades informáticas de los centros educativos.

A quien decide contratar este servicio ilegal, estas mafias le enviarán un pliego de condiciones y si las acepta inician el trabajo. En algunos casos ellos se contactarán por teléfono. Todos prometen una garantía del 100%, pero en este negocio nada está garantizado.

Por ejemplo, corre el riesgo de que el mismo desconocido le pida, días más tarde de encargar el trabajo, más dinero a cambio de no revelar que lo contrató. Entre los ‘hackers’ esto se conoce como “sobretasa de confidencialidad”.

Guillermo L., de 37 años, se atrevió a contar su historia y recomienda no usar estos servicios. Hace 10 meses buscó un ‘hacker’ para ingresar en correo de su novia. Estaba a punto de casarse, pero tenía dudas de su fidelidad. Así fue cómo llegó hasta un desconocido. Pagó USD 190 por tres contraseñas de cuentas privadas. A las cinco horas recibió un correo desde la cuenta de su pareja. El mensaje era corto: “trabajo hecho, la contraseña es…”.

Esa persona le dio 24 horas para cancelar y lo hizo por una empresa de envíos de dinero, según sus instrucciones. Una semana después le pedía que ingrese a un link para borrar su nombre de la lista de clientes.

El familiar de una persona desaparecida tuvo otro motivo para contactar con una de estas mafias. Tenía la esperanza que hallar alguna pista sobre el paradero de su hermano entre sus chats. “Estaba desesperado, cada día que pasaba sin noticias de él era tiempo valioso de los agentes desaprovechaban”.

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