22 de November de 2009 00:00

Señales de autismo en los bebés y los niños

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Según anota la doctora Karen Siff Exkorn, autora del libro ‘The Autism Sourcebook: Everything You Need to Know About Diagnosis, Treatment, Coping, and Healing--from a Mother ...’ (‘El libro de consulta del autismo: todo lo que necesita saber sobre el diagnóstico, tratamiento manejo y sanación, dicho por una madre…’, en algunos casos los padres logran darse cuenta de algunas señales cuando sus hijos son bebitos. Pudieran notar que los bebés no los miran o no logran reconocer rostros familiares. “Quizás sus niños no lloran cuando ellos salen de la habitación, demuestran ansiedad frente a los extraños, hacen sonidos de balbuceo, imitan gestos como aplaudir o señalar o disfrutan jugando a esconder su cara con un pañal, todas estas señales típicas de un infante en desarrollo”, anota Karen y añade que no existe un solo tipo de características  y personalidad que represente el modelo de un bebé que sufre de autismo.



Tenga en cuenta

El bebé no balbucea ni señala objetos o hace gestos significativos a pesar de que ha llegado  ya al año de edad.
No dice una sola palabra cuando ha alcanzado el año y medio.

No combina dos palabras cuando tienes dos años.

No responde a su nombre.

Pierde conocimientos ya adquiridos de lenguaje o de habilidades sociales.

Evita el contacto visual.

No parece darse cuenta de cómo se puede jugar con los juguetes.

Pone en fila repetitivamente sus juguetes u otros objetos.

Se siente atraído de forma compulsiva a  un juguete u objeto en particular.

No sonríe.

A veces parece tener problemas para escuchar.Algunos padres de niños con autismo que recuerdan los primeros meses de vida de sus hijos los describen como que hubieran sido angelitos que no hacían ningún ruido y demandaban muy poca atención. Otros los describen como niños chillones y otros como pequeñines que tenía un comportamiento típico de esa edad sin demostraciones diferentes a las ordinarias.

Según el Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos, algunos posibles indicadores tempranos de esta condición son los que se incluyen en el recuadro de la siguiente página y esto puede ser una guía excelente.

“Los padres pueden también notar  la condición al ver que su hijo no alcanza los estándares de desarrollo físico, mental, lingüístico y social de la mayoría de niños a una determinada edad. Sus pequeños de un año pudieran no imitar sus acciones cuando aplauden o hacen señas o responder a sus sonrisas, como lo hacen la mayoría de niños de un año de edad”, anota Siff Exkorn y añade que los pequeños de dos años pudieran no comprender instrucciones simples como “toma esa taza que está sobre la mesa” o hacer cosas simples como señalar las partes de su cuerpo (nariz, orejas, ojos) cuando se les pide hacerlo. Tampoco logran identificar objetos, hacer preguntas simples e incluso hay alguno niños que no pronuncian ni una palabra ni logran interesarse en actividades físicas comunes a su edad como saltar, correr o trepar y tampoco pueden dibujar círculos o líneas sobre un pedazo de papel como lo hacen las mayoría de niños al llegar a los dos años. “Es conocido que los niños de tres y cuatro años enloquecen a sus padres con sus constantes ‘por qué’ y ‘qué es’, así como con sus preguntas: “¿dónde? y ¿quién?”. Que, además, disfrutan de libros con ilustraciones y fotografías y piden que les lean y que les gusta jugar con otros niños, algo que los chicos de tres y cuatro años que tienen autismo  no lo hacen. A esta edad los pequeños con esta condición pudieran no demostrar curiosidad mientras pasean en sus coches al no señalar a sus padres las cosas que ven”, anota la doctora.

En ocasiones un niño con autismo se desarrollará de manera desigual, es decir, pronto en algunas áreas y tarde en otras, lo que pudiera aumentar la confusión de los padres. Los niños pudieran caminar y hablar temprano o hablar temprano, pero tener problemas con sus habilidades motoras básicas tales como correr y saltar. O los pequeños pudieran desarrollar habilidades apropiadas de imitación desde la infancia, pero al llegar a los dos años  llevar esas habilidades de imitación a los extremos al copiar y repetir las acciones exactas de otras personas sin  comprender lo que están haciendo (una condición conocida como ecopraxia que es la repetición por imitación de los movimientos de otra persona.
La acción no es voluntaria y tiene  carácter semiautomático e incontrolable).

“La pérdida del habla de mi hijo fue la mayor alerta roja para nosotros, sin embargo no fue sino después de que Jake fue diagnosticado con autismo que pudimos mirar atrás  e identificar otras alarmas tempranas de su primera infancia. Mi hijo tenía problemas al mamar (una señal temprana de problemas motores orales), tenía una forma inusual de gatear arrastrándose por el piso (una señal temprana de problemas de motricidad gruesa que involucra a los grupos musculares más grandes) y no caminó hasta que alcanzó los 16 meses (según las tablas de desarrollo algo tarde). Otros padres informan no haber notado señales de alarma durante la infancia o los primeros años  hasta más tarde cuando miraron videos familiares grabados en esas etapas. Fue  entonces  que observaron que sus hijos no imitaban o pretendían jugar y tampoco lograban sujetar un lápiz”, dice  Karen.

En la actualidad los investigadores están convencidos de que mientras más temprano se diagnostica a un niño con autismo, más oportunidades  habrán de que reciba el máximo beneficio de los tratamientos intervencionistas.

Por eso promueven una evaluación temprana de rutina del autismo en los niños, similar a la usada para determinar los problemas de oído y los visuales.

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