Seguridad

Quiñónez esperaba que su hijo siguiera con su legado en el boxeo

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17 de July de 2012 00:15

El vallenato sonó en el velatorio. Una grabadora negra se colocó junto al féretro del ex boxeador Jaime ‘La Bestia’ Quiñónez, asesinado la noche del sábado en Quito.

[[OBJECT]]Era fanático de Diómedes Díaz, el cantante colombiano. Incluso viajó a ese país para contratarlo y realizar un concierto este 30 de agosto, en Quito. Hace una semana pagó el 50% del acuerdo.

Diego confirmó que el espectáculo sí se realizará. Él es uno de sus hijos, el menor de todos y el único que escogió el boxeo como una carrera. “Papá quería retirarse de los cuadriláteros entregándome sus guantes, porque iba a boxear dos años más. Ya no será como habíamos planificado”, relató el joven. Uno tras otro, los amigos llegaron a la Funeraria Nacional, lo abrazaron y le dieron el pésame.

La última vez que su pareja vio a Quiñónez fue la tarde del martes.

Ese día, le pidió que le preparara sopa de fideo y patacones con queso. Los dos almorzaron juntos y en la mesa le hizo un pedido que ahora no lo olvida: “Me dijo: si yo me muero no me quemes. Entiérrame así como estoy, porque quiero que los gusanos se coman algo de mi cuerpo”. Otro pedido: que si se enfermara no lo llevara a un hospital público, sino privado.

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Una llamada al celular fue fatal para la mujer. Un amigo de su esposo confirmó la muerte y recordó las escenas de la mesa.

¿Hay pistas del crimen? La Policía dice que sí, pero que no se puede revelar y los oficiales aseguran que “está enfrentando la violencia”, para evitar que avance.

Los últimos datos del Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana (OMSC) señalan que el año pasado, en Quito, hubo 227 homicidios y en el 2010 sumaron 290. Los homicidios por riñas son la primera causa de fallecimientos en la capital. Le siguen las muertes cometidas en asaltos o robos y por venganza.

A eso se suma que un 44,1% de crímenes se cometió con armas blancas y en un 31,9% de homicidios se utilizó armas de fuego.

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Precisamente, el examen forense indicó que Jaime Quiñónez falleció por hemorragia cerebral y que recibió cuatro impactos de bala: dos fueron extraídas de la cabeza, una de la parte lumbar y una impactó la clavícula.

En la Funeraria, Analuz abrazaba el féretro y miraba el rostro de su padre. Ella es hija del ex deportista. Otra mujer se desvaneció junto al ataúd. La gente la tomó por los brazos y la levantaron del piso. Cuando despertó no paraba de llorar. “Mi hermanito, ¡yo nunca quise enviarte flores! Así te quiero ver con una sonrisa. ¡Despierta! ¿Te acuerdas cuando me cantabas?”, gritaba.

Las flores que llevaba la mujer cayeron. Ella también abrazaba al féretro mientras uno de los hijos del ex púgil le acariciaba la cabeza y le daba besos para calmarla.

Otros pedían que se esclareciera el hecho. Mario R., Marco L., Jhonatan A. y Jerson C. fueron detenidos la noche del sábado, pero tras la audiencia de flagrancia, el juez penal XXI de Pichincha, Carlos Erazo, dictó medidas cautelares y salieron libres.

Ellos fueron arrestados, porque supuestamente alteraron la escena del crimen. En la diligencia, uno de los detenidos dijo: “Entre todos lo sacamos (a la víctima) afuera para que lo llevara un taxi o algo. Le prestamos primeros auxilios. Sí llamamos (a las autoridades) pero nadie contestó”.

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El artículo 296 del Código Penal señala: “Todo aquel que en el decurso de un procedimiento civil o administrativo, o antes de un procedimiento penal, o durante este, a fin de inducir a engaño al juez, cambie artificialmente el estado de las cosas, lugares o personas (...) será reprimido con cárcel de seis meses a dos años y multa de USD 8 a USD 30”.

Un grupo de pugilistas retirados y dirigentes del boxeo amateur, quienes vestían trajes formales, acudió al velatorio.

Se sentaron frente al ataúd y recordaban los logros deportivos del fallecido. Él comenzó su carrera desde niño y fue campeón latinoamericano de peso crucero de la Federación Internacional de Boxeo (IBF), en 1997.

Allí peleó frente al estadounidense Willy Driver. El 14 de noviembre de 1998 perdió el título frente a David Vallejo de República Dominicana. En sus inicios como boxeador, peleó en los combates que se realizaban en La Marín (centro Quito). Conquistó ocho veces el título nacional.

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Los familiares recordaron que siempre quiso ser empresario, para traer artistas internacionales y organizar eventos. En el 2000, también montó un restaurante en el norte de Quito, pero luego lo cerró. Una de las cualidades que los allegados resaltaban es que Quiñónez siempre ahorraba su dinero y esperaba que su hijo sea mejor que él en el deporte.

“Tú serás mejor que tu padre porque tendrás mi apoyo”. Esto fue lo último que la noche del viernes le dijo a Diego.

Cuando los tres hijos se enteraron del asesinato, lloraron y gritaron. Uno de ellos se desmayó.

Ayer, sus hermanos de Italia y Estados Unidos llegaban a Quito para despedirlo. Son ocho. El sepelio es hoy en El Batán.

El vallenato lo acompañará en el camino hacia el cementerio. Ayer, en el velatorio sonaba una canción de Diómedes Díaz, mientras los arreglos florales llegaban. En las tarjetas había mensajes para la familia.

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Punto de vista


Segundo Mercado. Ex boxeador y amigo de Quiñónez
‘Con Jaime  salíamos a entrenar en Quito’   
En este momento me dedico a dar clases particulares de boxeo en Guayaquil. A las 17:00 del sábado conversé por última vez con Jaime y quedamos en reunirnos otro día para conversar. Uno de mis alumnos me llamó para informarme sobre lo que había sucedido. Al principio no le creí porque había conversado con  Jaime dos horas antes. Cuando confirmé la mala noticia, viajé desde Guayaquil. En la década de 1990  vivíamos en el mismo edificio junto a nuestras esposas en Quito. Salíamos a trotar  y nos entrenábamos. Incluso combatí contra él antes de pelear por el título mundial contra Bernard Hopkins en 1995. Es mi hermano del alma.

Freddy ‘oso’ Campoverde. Ex pugilista
‘Lo recordamos porque siempre fue alegre’
En la década de 1990 dimos una exhibición de boxeo por las fiestas de  Quinindé, Esmeraldas.  Jaime ‘La Bestia’ Quiñónez era un púgil muy fuerte, pegaba bastante duro y utilizaba guantes de 12 onzas. Él era mi gran amigo.  Lo más chévere era entrenar junto a él en el gimnasio del estadio Olímpico Atahualpa, en  Quito. Me enteré de la mala noticia a través de una llamada telefónica. Luego me contacté con Segundo Mercado para confirmar y lamentablemente  ocurrió este hecho lamentable. Hace 15 días hablé con Quiñónez  y estaba bien de ánimo. Incluso bromeamos y recordamos que cuando subía al cuadrilátero era muy alegre y molestoso.

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