La Policía despidió ayer al agente asesinado

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Redacción Seguridad y Justicia

Los agentes del Grupo de Intervención y Rescate (GIR) formaron una larga fila de honor durante el ingreso del féretro con el cadáver del sargento Rodrigo Alquinga.

La Catedral de Quito se llenó de arreglos florales. Allí, autoridades del Gobierno Nacional y familiares despidieron al policía asesinado el miércoles último en una balacera.

Rodrigo Suárez, comandante general de la Policía, ofreció un homenaje póstumo para el uniformado. La institución le otorgó un ascenso al grado de sargento primero y lo condecoró con una medalla al mérito. Irene del Pilar, esposa del agente, recibió ese reconocimiento.

El presidente Rafael Correa, a su salida de la iglesia, se solidarizó con la familia y expresó que la respaldará. Alquinga deja cuatro hijos en la orfandad.

En la mañana, el ministro del Interior, José Serrano, informó la captura, en Tungurahua, de dos sospechosos. A ellos se los investiga por los crímenes de Alquinga y de Washington López, el mesero que también falleció en el tiroteo.

Según el funcionario, agentes de la Policía Judicial (PJ) de Quito y de Antinarcóticos de Tungurahua participaron en el operativo. Hasta la tarde de ayer no trascendieron mayores detalles de esa incursión.

Como parte de las investigaciones por los asesinatos del miércoles, la PJ y la Fiscalía de Pichincha ejecutaron ayer allanamientos en el Comité del Pueblo y en Pisullí, en el norte de la capital.

Los uniformados decomisaron supuestas evidencias que serán analizadas por peritos de la Unidad de Criminalística. Sin embargo, no precisaron qué encontraron en los inmuebles.

En el Comité del Pueblo, donde se registraron dos allanamientos, hubo incidentes. Esto, porque los agentes ingresaron a una vivienda equivocada, según su dueño.

"Estábamos con mi madre, mi hermano y mi cuñada. (Los policías) nos echaron al suelo apuntándonos con las pistolas. Nos dijeron que somos sacapintas y que teníamos almacenadas motocicletas, carros, y armas, pero no encontraron nada", sostuvo Diógenes Borja, propietario del inmueble.

Por su parte, el mayor Marco Erazo, agente de la PJ, indicó que los allanamientos se efectuaron con la orden de un juez de flagrancia. "Hemos conversado ya con los familiares y procedimos de acuerdo con el marco constitucional y a lo que determinan las leyes", precisó el oficial de la Policía.

Borja también denunció que su hermano fue agredido por los agentes durante el operativo. "Le rompieron la cabeza. Tenemos la conciencia limpia. Lo que tenemos es gracias al esfuerzo de 12 años de trabajo en España", comentó.

Frente a estos hechos, los familiares intentaron agredir al fiscal que participó en el operativo. Los uniformados lo resguardaron y lo sacaron en un vehículo todoterreno.

"Nosotros queremos saber por qué allanaron la casa de mi suegra y por qué esposaron a mi cuñado. No nos dan una explicación, ni nos dicen de qué nos acusan", cuestionó un familiar de Borja.

En esas incursiones la Policía no reportó detenidos, pero se informó que las investigaciones continúan todavía.

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