23 de March de 2011 00:00

En Píntag hay temor por posibles represalias del narcotráfico

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La bala impactó el oído del policía y la sangre brotaba con fuerza. El agente estaba agitado y desesperado y preguntaba por su compañero.

Eran las 02:00 del sábado y a punto de desmayarse llegó a la casa de una pareja, en Píntag. En esa parroquia rural de Quito, pocos hablan de la balacera entre gendarmes y narcos. Tienen miedo.

Una mujer que vio al policía herido dice que hay temor a represalias. “Estamos asustados, porque si mataron a una persona ¿qué más puede hacer esa gente?”.

Otra mujer solo indica el lugar dónde estaba el gendarme asesinado y se va. El sector se llama La Comuna, una zona desolada, sin alumbrado y con una vía empedrada. Píntag tiene 20 000 habitantes y no es el primer hecho relacionado con sustancias ilícitas.

El presidente del Gobierno parroquial, Gabriel Noroña, hace una revelación: “Ahora ya se vende droga aquí. Todos saben quienes son. Antes no sucedía esto”.

La Policía local recibió denuncias al respecto, aunque Paco Chávez, jefe de la UPC, dice que Inteligencia no confirmó aquello. Un informe de esa dependencia señala que desde octubre del año pasado hasta enero lo que más se ha presentado allí son escándalos públicos (30 casos).

Los agentes de esa parroquia prefieren no hablar de narcos, más aún cuando se investiga si los hombres que asesinaron al investigador forman parte del cartel mexicano de Sinaloa. En el Comando Nacional Antinarcóticos también hay silencio. Ayer solo se dijo que esta mañana se darán detalles de la indagación.

El hombre al que desconocidos encargaron el tráiler con droga en su interior recuerda que el automotor, con dos hombres abordo, llegó allí a las 16:00 del sábado. Y que dos horas después solo regresó el chofer con un mecánico y se fueron. “Solo me dijeron: le dejamos un ratito ya volvemos. Dije bueno. Luego me puse a pensar, porque me pareció sospechoso”.

Carlos Cajas, vocal de la Junta Parroquial de Píntag, dice que son foráneos, quienes llegan a cometer actos ilícitos, pero que son casos esporádicos. Sin embargo, la noche siguiente a la muerte del policía también fue asesinado Carlos Cachago, de 22 años.

Ayer fue su entierro. Nelly Cachago, hermana del joven, cuenta que el cuerpo fue hallado en un terreno baldío. De las primeras investigaciones se supo que la muerte se produjo por un golpe en el cráneo. “Cuando lo encontramos estaba sin reloj y sin sus pertenencias personales”.

La Policía dice que este caso no es por inseguridad ciudadana.

Según el capitán Chávez, en lo que va del año, en esta parroquia se han presentado solo dos muertes (el policía y Cachago). No obstante, familiares de este último dicen que el lunes otra persona fue enterrada al fallecer apuñalado.

Noroña habla de una muerte en el barrio Santa Teresita. “Mataron a una abuelita de unos 80 años”.

En noviembre del 2008 hubo otro hecho violento que conmocionó al pueblo. Nueve hombres fuertemente armados murieron tras un cruce de balas con la Policía. El hecho ocurrió a pocos minutos de que el grupo asaltara una empresa láctea, en la vía a Píntag.

Los desconocidos emprendieron la huida con dirección a Quito a bordo de un Renault gris de placas OCP-613 y en un Nissan verde de placas LBW-100. Casi de inmediato se cruzaron con dos unidades de la Policía Judicial y el entonces GAO que patrullaban el sector. Se inició una persecución que terminó a 1 kilómetro y medio de la fábrica asaltada.

Los policías interceptaron a los dos vehículos y en ese momento se inició un cruce de balas.

Ese tipo de hecho aún lo recuerda una mujer que vive a la entrada de Píntag. “Antes una podía estar tranquila, pero con lo que ha pasado en los últimos días tengo mucho temor a estar sola”.

En esa parroquia hay cuatro policías para 36 barrios. Tienen una moto, un patrullero, tres radios portátiles y una base. Chávez reconoce que los recursos no son suficientes pero que trabajan “las 24 horas”. Pero la familia de Cachago pide más seguridad. “Acá vienen solo cuando han pasado los problemas”, dice José Catangia.

Allí tampoco existen oficinas de la Fiscalía, juzgados, ni comisarías. Solo trabaja la teniente político, Glenda Granda aunque ayer en su oficina se indicó que se encontraba en reuniones en Quito.

La mujer que vio al Policía herido también pide más seguridades. El agente aún se recupera, pues los médicos le reconstruyeron la zona afectada por la bala.

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