7 de December de 2010 00:00

En Pichincha hay más robos a domicilios

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Redacción Seguridad

Los siete encapuchados forzaron la puerta posterior de la casa. A las 19:30 del 5 de octubre, Fátima estaba en la cocina con sus hijos, Mateo y Carlos, cuando escuchó a los perros ladrar. Al acercarse lentamente al patio, un desconocido la encañonó con una pistola y le dijo que no se moviera.

Ella levantó los brazos y pidió que no les hicieran daño. Ellos se regaron por las habitaciones. Dos exigieron que le mostrara los sitios donde guardaba las joyas y el dinero, así como la caja fuerte. “Al decirle que no tenemos (caja fuerte), se enfurecieron. Incluso me lanzaron contra la cómoda y me golpearon en la espalda”.

fakeFCKRemoveEn 30 minutos se llevaron dos televisores, una consola de videojuegos, ropa, teléfonos celulares, joyas y otros electrodomésticos. Las víctimas fueron atadas con cables de teléfono y corbatas. “Cuidado con avisar a la Policía porque te jodes”, advirtieron.

En las afueras de la casa, los vecinos no sintieron nada. Tampoco vieron que personas extrañas ingresaran en la residencia de Fátima. Los ladrones sortearon los muros y aprovecharon las largas distancias entre las viviendas del sector, en Tumbaco, para robar.

Un estudio realizado por el Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana (OMSC) señala que entre enero y octubre del 2008 hubo 3 698 robos a domicilios en Quito. En el mismo período del 2010, según el organismo, hubo 1 777. El mapa muestra que los sectores más vulnerables son el aeropuerto, El Batán, González Suárez, La Marín, Quitumbe, Chillogallo y Los Chillos.

Lo que marca la diferencia, según Inteligencia de la Policía Judicial, es la nueva forma del delito. En viviendas de sectores residenciales de mayor plusvalía (norte y valles) los delincuentes atacan cuando los habitantes se encuentran en casa. Lo hacen con armas de fuego automáticas. El director del OMSC, Daniel Pontón, dice que los ladrones esperan a que la gente se encuentra en casa para chantajearla y acceder a objetos específicos.

Según la Policía Judicial, este año, Pichincha se convirtió en la provincia con más denuncias de robos a domicilios: de enero a octubre se reportaron 2 116 casos, en Guayas hubo 2 032 (el año pasado, esta última provincia tenía el mayor registro de delitos por esta modalidad, 2435, seguida por Pichincha, con 2 010).

Franklin T. dice que en lo que va del año le han robado dos veces su casa en La Concepción, en el norte de Quito. Por ello ha decidido reforzar las seguridades. En el sector, hay casas amuralladas.

Para Edwin Merlo, director de la Facultad de Seguridad de la Universidad Javeriana, levantar muros o reforzar paredes no es una medida de seguridad eficaz. A su juicio, “construir murallas ayuda al delincuente a camuflarse, a no ser visto desde afuera”.

Precisamente, ese es el panorama que se observa en los barrios donde predominan los robos de casas. En La Concepción o Tumbaco, gran parte de viviendas tienen muros de concreto. Algunas también cuentan con cables de alta tensión y alarmas. Otras familias optan por contratar guardianía privada, con circuito cerrado.

La Concepción pertenece a la Administración Norte del Distrito Metropolitano de Quito. El Observatorio indica que 489 robos se reportaron en esa zona este año. En la zona Eloy Alfaro (sur) hubo 277, en el valle de Los Chillos 96 y en Tumbaco, 55.

Con ayuda de sus hijos, Fátima alcanzó el teléfono y llamó a su esposo. “La casa quedó desarreglada. Al parecer, ellos estudiaron nuestros movimientos porque ingresaron cuando estaba sola con mis hijos. Para despistarnos dejaron el grifo de agua abierto. No podíamos escuchar lo que pasaba con certeza”, narra la mujer.

El agente de la Policía sostiene que los delincuentes que ingresan armados a las casas, para amedrentar a la gente, pertenecen a bandas criminales organizadas, con equipos de soporte y comunicaciones. De esta manera, “acceden a una persona que les indique los sitios donde guardan los objetos de valor. Además, siempre preguntan por la caja fuerte”.

Los delincuentes no improvisan “las organizaciones delictivas hacen su propio trabajo de inteligencia, tienen gente que espía a las familias durante varios días”.

Por ejemplo, establecen patrones de conducta de los cuales sacar provecho. “Por ejemplo, investigan la frecuencia con la que las familias piden comida a domicilio, para aprovecharse en el momento en que abren la puerta”.

El policía coincide con Merlo en que los muros no garantizan seguridad. Para él, “el amurallamiento es perjudicial en cuanto la gente no sabe lo que sucede al interior de las viviendas. La mejor seguridad es la vecindad”.

El marido de Fátima llegó a la casa a las 20:15, desató a su esposa e hijos y los abrazó. Desde el robo, los niños viven asustados. La familia se mudó de domicilio a un departamento en el norte de Quito. Por lo ocurrido, Fátima está traumada. Buscó soporte psicológico para ella y para Mateo, de 9 años, y Carlos, de 6.

La escasez de convivencia

Para Alfredo Santillán,  de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), la única forma de reducir este delito es la unión de la ciudadanía. A su juicio, “hay un proceso de fragmentación que se traduce en la sensación de indefensión. Las personas sienten que no hay nadie que los pueda proteger y piensan que es responsabilidad personal proveerse su propia seguridad. De esa forma, se empobrecen las posibilidades de unirse”.

La encuesta de Victimización y Percepción de Seguridad, realizada en el 2008 por la Unidad de Ejecución Especializada señala que un 57% de vecinos son solidarios en cuanto a medidas de prevención y cuidado en el robo a viviendas y agresiones delincuenciales en las calles del barrio.

 Según Santillán, el problema  surge cuando las personas se agremian solo para buscar seguridad, pero han marginado a otras formas de convivencia como las mingas, reuniones sociales, etc.

En Quito existe un déficit de espacio público, lo cual provoca que no se activen mecanismos de cotidianidad y participación, considera el catedrático.

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