Las ‘mulas’ podrán ser consideradas víctimas

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Sara Ortiz.  Redactora

El plan de Simón para conocer a su hijo es sencillo: hacer que un juez revise su caso y reduzca su condena.

A sus 32 años, Simón fue una mula del narcotráfico. “No lo hice por dinero”, asegura. “Fui amenazado”. En el 2012 un tribunal lo condenó por tráfico de 1,4 kilos de cocaína. Le dieron ocho años de cárcel.

Mientras los cumple en el Centro de Rehabilitación Social de Varones, en Quito, cuenta entusiasmado que ya habló con su abogado y este le dijo que su caso iría a una revisión de  la condena, una vez que empiece la aplicación del Código Integral Penal (COIP). Su esperanza está en la nueva normativa.

El Código Integral Penal diferencia por primera vez el tipo de tráfico, según las cantidades. En el artículo 220 se determinan cuatro categorías: el tráfico de menor, mediana, alta y gran escala. “Por primera vez, esta ley califica que la ‘mula’ puede ser una víctima. Ese es un enfoque más humano. Un avance”, indica el defensor público nacional, Ernesto Pazmiño.

La política antidrogas en el país está en transición. El COIP mira el tema como un problema de salud pública.  Esto, se completará con la publicación de la nueva normativa del Consejo de Control de Sustancias Espefacientes (Consep), en la que se definirán las cantidades de droga consideradas para cada una de las escalas de tráfico.

Jorge Paladines, experto en legislación sobre drogas, explica que la derogada Ley 108, que trata sobre Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas, tenía penas desproporcionadas, que no diferenciaban al narcotraficante de la ‘mula’. “Los correos humanos son los que van a prisión no los capos”, dice.

Según el Ministerio Coordinador de Seguridad Interna, el año pasado, 6 278 personas fueron detenidas por drogas.

Simón asegura que fue engañado. Dice que las personas que le entregaron una maleta para que lleve a Holanda, en donde había vivido 15 años, no le dejaron otra opción.

“Me imaginaba que algo ilegal estaba en el equipaje, pero cómo iba a pedir ayuda si me vigilaban”. El hombre relata que en el 2012, cuando regresó al país en una visita familiar fue contactado por un allegado de una amiga en Ámsterdam.

Le pidieron que lleve un paquete a su amiga, ya que ella le había prestado dinero para la operación de su madre. Simón se negó, pero dos días antes de regresar a Europa fue interceptado por un auto. “Me apuntaron con una pistola y me subieron”.  En el vehículo -relata- le mostraron fotografías de su madre y de su esposa embarazada. Si no llevaba el paquete, su familia iba a lamentarlo.

  • La investigación judicial

Daniela, una rumana de 23 años, cumple una condena de 12 años por tráfico de drogas.

En el tiempo que lleva presa en Quito ha entendido que ella fue un anzuelo para que otros pasen la droga en el mismo vuelo en el que iba a viajar. “Por lo general, esconden la sustancia en un doble fondo, pero a mí me pusieron un bloque de cocaína en el primer bolsillo para que la Policía la encuentre”.

Mientras ella estaba detenida las personas que le entregaron la maleta le llamaron a su celular para saber si pasó el control.

“El teléfono timbraba y se los dije a los agentes que eran esas personas que me dieron la droga, pero no hicieron nada. Les entregué las fotos y las direcciones en mi país de quienes me engañaron, pero no me escucharon”, recuerda.

En marzo del 2012 la joven sabía poco español. No entendió cuando le leyeron sus derechos, ni cuando los jueces le dijeron que era culpable de narcotráfico internacional.

Para el defensor Pazmiño no es suficiente detener a las ‘mulas’, sino ir tras la red. La visión del nuevo Código plantea la posibilidad de que una persona  sea incluida en el programa de protección de víctimas y testigos. Siempre que entregue información verdadera que dé con el paradero de los grandes narcotraficantes.

Sin embargo, una fiscal asegura que la investigación en otros países  puede demorar. “Hay que mandar un pedido de asistencia internacional para comprobar la información. Esto  a veces no es posible”.

Para cuando Simón salga de prisión su hijo tendría 9 años, si cumple los ocho años de su condena. Ahora, su hijo de cuatro meses de edad no lo conoce. “Tal vez encuentre la fuerza y le confiese que no estuve en Holanda, sino que me cogieron por ser mula”, dice.

En contexto

La Ley de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas establecía que la tenencia de droga se castigaba con prisión de hasta 16 años. Ahora, el Código Integral Penal plantea la posibilidad de que las ‘mulas’ sean consideradas víctimas de un delito y no narcotraficantes.

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