22 de May de 2011 01:38

Las misas sin sacerdotes en Sucumbíos

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Ayer, en medio del dolor por su muerte, los familiares de Henry Jaramillo tuvieron que resolver un dilema. No sabían a qué religioso acudir para que hoy celebre la misa de honras y la ceremonia de sepelio en el cementerio municipal de Lago Agrio.

Ya no podían solicitar los servicios de la congregación Heraldos del Evangelio, porque sus 12 miembros la noche del jueves se fueron de Sucumbíos. Y, aunque tienen un acercamiento con un sacerdote de la congregación Carmelitas Descalzos, tampoco quisieron acudir a él.

Mientras participaban del velatorio junto a la capilla ardiente abierta en el coliseo de la Cooperativa de Taxis Lago Agrio, la familia de Jaramillo decidió que un pastor evangélico presida la ceremonia. Con esta decisión, según Mario Cruz, presidente de la Cooperativa a la que también pertenecía Jaramillo, los familiares quisieron evitar el riesgo de que el sepelio sea un espacio de confrontación por el conflicto entre los seguidores de los Heraldos y Carmelitas.

En octubre pasado, el Vaticano decidió reemplazar a los Carmelitas Descalzos por los Heraldos del Evangelio en el Vicariato de San Miguel de Sucumbíos. Pero desde hace dos meses y aún con más fuerza desde el lunes 16, muchas familias y la mayoría de la población en general se han visto envueltas en confrontaciones entre los dos bandos.

Por eso hoy, el sepelio de Jaramillo no tendrá una ceremonia católica como se acostumbra en la mayoría de entierros en Sucumbíos.

Aunque eso ya no le sorprende al panteonero de Lago Agrio, Abraham Cerbone. Desde octubre pasado él ha sido testigo de cómo los deudos se han visto en la disyuntiva si acudir a los oficios de los Heraldos o de los Carmelitas.

Jorge Torres, guardia del cementerio municipal que está ubicado diagonal al cuartel de Policía de Sucumbíos, corrobora al contar de que la tarde del sábado 23 de abril casi coinciden dos sepelios, el uno presidido por dos religiosos heraldos y otro por los carmelitas. “Aquí la gente hace lo posible para que no coincida la hora de uno y otro entierro”.

A Cerbone, un babahoyense de 78 años, le parece notoria la diferencia entre la celebración de unos y otros religiosos. “Cuando se pide a los heraldos que vengan al cementerio, ellos llegan en punto y a veces hasta antes. Acuden vestidos con sus túnicas y con la Biblia en la mano”. Y “los carmelitas vienen muy de repente al cementerio. Siempre andan con jean y recién aquí se ponen la sotana”, manifiesta.

José Jumbo, un morador de las periferias de Nueva Loja, coincidió con Cerbone al comentar que “era muy difícil conseguir un sacerdote carmelita para que acompañe a un entierro o de misa en un barrio”.

Un detalle que guarda con gratitud el panteonero es que en el Día de los Difuntos, del año pasado, “los heraldos sí se acordaron” de sus NN (cadáveres no identificados). Al mediodía de ayer, bajo un aguacero que caía en la zona, Cerbone señalaba con su mano izquierda una franja de unos 100 metros donde los han sepultado.

Allí ha sepultado unos 140 NN durante los 18 años dedicados a este oficio. No se olvida de que entre el 2002 y 2003 llegaron muchos de estos cadáveres, la mayoría con huellas de tortura, baleados o acuchillados. No hay cruces ni flores en la mayoría de estas tumbas. Pero Cerbone aprendió a hacer su propio registro de entierros de los NN. En un cuaderno anota el color de ropa que vestía el difunto, edad aproximada, contextura, estatura, color de cabello y hasta si presentaba alguna cicatriz o tatuaje.

Eso sirvió mucho, por ejemplo, para que la semana pasada familiares de un hombre de unos 45 años encontraran el sitio donde reposaba el cadáver, sepultado el 26 de marzo del 2010.

Con su caminar pausado, Cerbone se dirigió hasta donde estaba plantada una cruz blanca de cemento y al pie aún había restos de tres velas. “Al menos de él, su familia ya sabe dónde venir a rezarlo”, comentó, mientras se lamentaba que del resto nadie ni siquiera pregunta. Por eso insistió en que “fue bueno que los heraldos se acordaran de ellos al menos con sus oraciones”.

Así, en medio de esta carestía de ceremonias religiosas, pasarán este fin de semana los católicos de Sucumbíos. Incluso, los bautizos en el barrio Julio Marín y la iglesia del sector norte, que debía celebrar la orden de los heraldos quedaron postergados.

Eso le tiene preocupada a Lourdes N., de 25 años, quien iba a bautizar a su hijo el próximo mes. Incluso ya había participado en los tres fines de semana de cursillo. Ella no quiere que le ocurra como a José Jumbo, quien no logró bautizar a su último hijo con los sacerdotes carmelitas.

“Porque falté solo un sábado durante los dos años de cursillo, me negaron el bautismo de mi hijo”, comentó Jumbo, quien aseguró que, sin ser miembro de algún grupo religioso, por eso acudió el jueves a respaldar a los heraldos.

En medio de esta incertidumbre, la expectativa se dirigió hacia la Conferencia Episcopal en Quito. Allí debió realizarse una reunión del Nuncio Apostólico con delegaciones de los heraldos y los carmelitas descalzos. Hasta el cierre de esta edición no se conocieron los resultados.

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