21 de January de 2011 00:00

La Marcha Funeral protestó contra el crimen y la impunidad

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Los familiares de las víctimas de violencia pidieron ayer, en Guayaquil, un alto a la impunidad. Pero el Gobierno intentó descalificar a los organizadores de la movilización. “Me mataron por USD 86”, decía un cartel con el rostro de Vicente Francisco Sarmiento Ledesma, de 24 años, quien fue asesinado el 8 de octubre. Sus familiares y amigos encabezaban la marcha de ayer, en la avenida Malecón Simón Bolívar y 9 de Octubre.

A ellos se unieron decenas de personas elevando fotografías con los rostros de personas asesinadas en Guayaquil, como el de Juan Carlos Vela Juez, “víctima de la inseguridad y del sicariato”, decía la leyenda. El hecho ocurrió el pasado 5 de junio. O el de la niña Nathalia Fabara, de 3 años, víctima de una bala perdida, el 24 de mayo del 2006.Hubo cantos religiosos de un grupo musical. El vocalista elevó su voz y dijo: “La historia de Guayaquil puede cambiar, pero solo si tú lo crees… aquí hay algo que nos une esta tarde, que no queremos más violencia, ni más sangre”.

Algunos sollozaban. Era un ambiente triste, las personas vestían de luto, tenían globos negros y blancos. Otros encendieron velas y las fijaron en los adoquines de la avenida 9 de Octubre.

A las 17:45 iniciaron los discursos en la tarima. Bella Pazmiño, madre de Xavier Murillo, quien fue asesinado el 6 de agosto del 2009, reclamó porque la investigación de su caso no ha avanzado.

Preguntó: “¿por qué no han encontrado a los responsables de la muerte de mi hijo?”, ¿por qué no era policía o un político?”¨.

El líder de la convocatoria, Vicente Sarmiento, habló y se defendió porque desde el martes, en los medios del Estado se dijo que su hijo murió por ingerir licor y no por sobredosis de escopolamina, como él había dicho.

En un informe de la Policía Judicial del Guayas (PJ-G), del 11 de enero, la autopsia determinó que las causas de muerte fueron un edema agudo de pulmón y una pancreatitis hemorrágica.

Según el examen de toxicología, dijeron esos medios, no hubo escopolamina en el sistema del joven Vicente Francisco. Pero sí tenía 2,4 grados de alcohol etílico, carbamatos (insecticida industrial) y warfarina (anticoagulante).

El ministro del interior, Alfredo Vera, dijo que volverá al país la forense francesa que participó en los análisis de los fallecidos en el caso Angostura. Criticó la marcha organizada por Sarmiento.

“Soy el padre que ya no tiene hijo”, manifestó Sarmiento. Él criticó a Vera. ¿De dónde sale tanto dolor entonces?, expresó. “Esta no es una marcha a las que el Ministro está acostumbrado con globos de varios colores celebrando un triunfo electoral”.

También intervino Patricia Ochoa, viuda del general (r) Jorge Gabela, ex comandante de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE). “Basta de más muertes, basta de impunidad”, gritó. Llevaba un cartel que preguntaba, ¿delincuencia o crimen de Estado?

Acompañada por sus hijas, Patricia usaba gafas negras para ocultar las lágrimas. El general Gabela fue asesinado hace un mes, en su domicilio, en la vía Samborondón. Ella reclamó por la falta de una investigación para establecer a los responsables de la muerte y dudó que se haya tratado de delincuencia común, ya que no hubo ningún robo. El conocido militar permaneció 10 días en terapia intensiva antes de morir, el 29 de diciembre.

Ochoa recordó que el año pasado, Gabela denunció una posible persecución en su contra por haber declarado que la compra de los helicópteros Dhruv no convenía a los intereses del Estado. El público aplaudió.

Ayer estuvieron las esposas, hijos y otros familiares de los policías Christian Granizo y Cristian Cúñez, asesinados la semana pasada. Marisol Alejandro, esposa de Cúñez, llevaba un cartel en el que pedía “no más hijos sin padres”. Desde Yaguachi también llegaron amigos de los esposos Manuel Maridueña y Mayra Aguilar, funcionario del Municipio de Yaguachi, y presentadora de televisión de Milagro, respectivamente, quienes fueron secuestrados y asesinados en septiembre del año pasado.

Martha Noboa, de 17 años, subió a la tarima para reclamar por la muerte de su padre Mario, de 36 años, a quien lo asesinaron por robarle un celular. Horas antes de su discurso, señaló a este Diario: “este lunes próximo, mi papá cumpliría años. Yo soñaba con bailar con él en mi graduación… acabaron con todos los sueños”.

La convocatoria terminó a las 19:00. Los asistentes enrollaron sus carteles y guardaron las fotografías de sus familiares. Todos se marcharon en silencio.

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