22 de May de 2010 00:00

La madre de Serrano quiere ir a EE.UU.

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Redacción Cuenca

En cada visita sus ojos se llenan de lágrimas y su dolor aumenta. Martha Cabrera, de 67 años, vive en incertidumbre desde que se enteró anteayer que su hijo el emigrante azuayo, Julio César Serrano, de 40 años, recibió una golpiza, la noche del 14 de este mes.

Se encuentra en estado de coma. Los autores del hecho son cuatro afroamericanos, supuestamente miembros de una pandilla. La golpiza ocurrió en Peekskill, al norte de Nueva York, cuando el ecuatoriano retornaba al departamento que compartía con sus hermanos Narcisa de Jesús (28) y José Javier (30).

fakeFCKRemoveJulio viajó a EE.UU. hace cinco años, con la ayuda económica de su cuñado, Ángel Rodríguez. Cabrera llora cuando lo recuerda. “Se marchó ilusionado. No fue por ambición”. Serrano se cansó que su progenitora lave ropa ajena en el río Santa Bárbara y decidió emigrar para ayudarla.

Es el primero de cinco hermanos (dos viven en Ecuador). “Me dijo:Mamita no esté triste, ha gastado su vida por nosotros, ahora es justo que descanse, yo veré por usted”, recordó esta azuaya. Vive en la comunidad de Guazhalán, a tres minutos de Gualaceo.

Las casas están desperdigadas. Hay huertos y maizales. En Guazhalán todas las familias (unas 20) tienen a un pariente en EE.UU. Cabrera sobrevive de las remesas que envían sus tres hijos.

Una mediagua de dos cuartos y una cocina es su hogar que lo comparte con sus hijos Guadalupe (37) y Manuel (36). La estrecha habitación solo da cabida a una cama, un guardarropa y una banca de madera.

Hace tres años, Cabrera dejó de trabajar. Por el peso que cargaba en sus espaldas (bultos de ropa mojada) le aparecieron dos pronunciadas hernias a la altura del estómago. Por la falta de recursos aún no se opera.

También le detectaron reumatismo, por estar demasiado tiempo en el agua. Y hace tres meses una caída le afectó la cadera y no puede estar mucho tiempo en pie. Su situación se complicó por una infección en las vías urinarias y problemas del corazón, que la mantienen en cama.

Anteayer, Rosalva Sánchez, psicóloga de la Secretaría del Migrante en Azuay, la chequeó. Utiliza medicamentos para controlar su estado emocional.

Pese a la pobreza, Cabrera fue solidaria, dijo su vecina Tania Vanegas (39). Acompañó al velatorio de Marcelo Lucero, otro compatriota asesinado por odio racial (1998). Lo hizo porque se identifica con el sufrimiento de las madres de los emigrantes.

En Gualaceo, los habitantes repudian estas golpizas. “Son unos criminales, cómo pueden atacar hasta matar a las personas”, dijo enojada Celia Gómez, de la comunidad de San José, un poblado aledaño a Guazhalán.

Cabrera no sabe que Serrano está en coma, señaló su hija Guadalupe. Ha visto varias veces por televisión el video que muestra escenas de la paliza. “No entiendo por qué se ensañaron con mi cholito. Quisiera estar a su lado para darle unas aguitas para que se cure”, se lamentó la madre.

Guadalupe tiene pocas esperanzas que su hermano sobreviva. Ella sigue atenta a las noticias y sabe que a Julio César le fracturaron el cráneo, le desfiguraron el rostro y que los médicos le extirparon un riñón reventado.

El alcalde de Gualaceo, Marco Tapia, y otras autoridades provinciales, rechazaron los actos xenófobos. Para demostrar ese repudio, el martes 25 realizarán una marcha de protesta en Gualaceo.

Julio César Serrano es la tercera víctima de violencia demencial, recordó Tapia. En el 2008 fallecieron, en hechos distintos, Marcelo Lucero (37) de Gualaceo, y José Sucuzhañay (35) de Cuenca. Ambos estuvieron varios días en estado de coma.

Pese a sus enfermedades, Cabrera clama a las autoridades que le permitan viajar para estar al lado de su hijo. Por eso, la Secretaría del Migrante (Senami) gestiona una visa. Para sacar el pasaporte ella pidió USD 100.

Ayer, la abogada de la Senami en Azuay, Fernanda Carrión, le contó que presentaron una solicitud a la Embajada de EE.UU. y que están presionando por una respuesta inmediata. “Es importante que primero estén bien de salud para el viaje”, le dijo.

La última vez que Serrano llamó a Martha fue el Día de las Madres. “Me dijo te mando un abrazo fuerte. No te envié dinero porque el tiempo está malo”.

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